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Montilivi: horror y Ruiz

El campo del Girona, inexpugnable en los últimos siete años para la UD | La temporada pasada, 1-1 y eclosión del medio cántabro

Sergio Ruiz celebra su tanto en Montilivi, en la primera vuelta liguera de la temporada pasada. | | LOF

Entre los estadios malditos para la UD, Montilivi es uno de ellos. No solo por el hecho de acumular siete años sin conocer la victoria en el campo del Girona, sino porque ha recibido dolorosas goleadas en sus decena de visitas. Sin embargo, al amarillo Sergio Ruiz le permitió destaparse el curso pasado.

En los infinitos versos que la lírica futbolística reproduce a lo largo de los años, los miticismos que se ciernen sobre estadios malditos e incoquistables con según qué equipos juegan en ellos son uno de los temas recurrentes que se asientan en las jornadas en las que hay que visitarlos a medida que pasan los almanaques y no se consigue salir victorioso de ellos. En el caso de la UD, más allá del mal de ojo que tiene en el Heliodoro Rodríguez tinerfeño, en el que acumula 20 años sin conocer la victoria, otro de los feudos con los que mantiene una peculiar pesadilla es Montilivi.

No es solo por la cuestión de que el equipo amarillo lleva siete años sin conocer el sabor edulcorado de la victoria en sus traslados a Girona, ya que teniendo en cuenta las reuniones entre los dos equipos, desde 2014, la UD sólo se ha vestido de corto en los vestuarios de Montilivi en tres ocasiones más desde aquel último triunfo en la campaña del ascenso a Primera donde el navío insular ganó por 1-2 con un doblete de Guzmán Casaseca.

La maldición con el terreno de juego del equipo rojiblanco va más allá del último checkpoint traspasado por Las Palmas. De las 10 visitas de los insulares a Cataluña, suma tres empates y cuatro derrotas, de las cuales, tres han sido un tanto bochornosas.

Tres pesadillas en el imaginario amarillo que empezaron a gestarse en 2011. Con un 4-2 para los locales, en un partido en el que Corominas volvió loca a la defensa planteada por Juan Manuel Rodríguez desde la línea de banquillo, en la que se encontraba Juanpe, uno de los líderes de la zaga de Míchel a día de hoy en Girona.

En el feudo catalán, Las Palmas encajó un 5-0 en 2012 con Lobera; y un 6-0 en su última temporada en Primera

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Pero las derrotas más amargas de digerir fueron las dos siguientes, primero en septiembre de 2012, arrancando la primera temporada de Sergio Lobera en el cargo, el Girona le asestó una manita directa al corazón amarillo que sembraron las primeras grandes dudas en la continuidad del míster aragonés o no, y que le mantuvieron en el alambre un mes más hasta la milagrosa remontada contra el Racing en Copa.

La siguiente, y la que todavía escuece, el 6-0 perpetrado en 2018, el último suspiro en Primera, con un avión llamado Olunga destrozando la línea de tres centrales formada por Ximo Navarro, Gálvez y David García.

El champán de Astillero

Después de la última gran debacle sobre un terreno de juego por parte de la UD, con las seis puñaladas en el orgullo de la afición que se levantó por la mañana para ver por el televisor cómo volvían los infaustos recuerdos de los planteamientos suicidas de Paco Jémez, el equipo amarillo sumó una nueva derrota en 2019, y ya el año pasado el cielo estuvo a punto de abrirse para el escuadrón de Mel.

La última visita a Montilivi, la UD jugó uno de sus mejores partidos de la primera vuelta, en gran parte gracias a la clase magistral que dio Sergio Ruiz en la medular del campo, adueñándose de su zona de influencia, abriéndose camino hacia la meta rival.

Mel decidió dar una vuelta de tuerca a su esqueleto e introdujo en el once de inicio a Fabio González en la posición de pivote para intentar descolgar a Enzo y al cántabro y que la musa de la creatividad les soplara. La política de rotaciones del míster madrileño y el derbi en el horizonte, sacudió la coctelera de titulares y el de Astillero respondió a la confianza que le dio el entrenador.

Por primera vez se vio la versión de jugador todocampista o denominado en el argot futbolístico con el término anglosajón box to box –en definitiva, un centrocampista con alta presencia en las dos áreas de juego–. El 3 que parecía omnipresente en los campos de Segunda y le valió para ser una de las piezas imprescindibles para Mel durante el torneo.

El cántabro anotó su primer gol de la temporada con un remate milimétrico en el punto de penalti tras recibir un bonito pase de Rober desde la banda. A Ruiz comenzaba a afilársele el colmillo, ese que mordió en hasta cinco ocasiones en los 37 partidos que disputó en su primera campaña como amarillo –además de dar seis asistencias de gol–. Hoy (18.30 horas), tiene otra oportunidad para despertar de la pesadilla de Montilivi.

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