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Raúl: caída y vuelo en Naciente

El portero, con varias paradas salvadoras, confirma su titularidad en el mismo lugar donde se produjo una doble fractura en abril de 2019 que le tuvo apartado dos años y cuatro meses

Raúl Fernández vuela para detener un disparo del Huesca ante la mirada de Ferigra y Sergio Ruiz, el viernes pasado en la portería de la grada Naciente del Estadio de Gran Canaria. | | UDLP

Muerte y vida en la misma portería. Raúl Fernández tiene una historia con la meta de la Grada Naciente del Estadio de Gran Canaria. La trama nunca fue la misma porque comenzó alegre, luego giró hacia el llanto y por fin ha vuelto a provocar una sonrisa. En ese área, el vasco sufrió una gravísima lesión el 14 de abril de 2019 que le tuvo dos años y cuatro meses sin poder jugar un partido oficial; el viernes pasado, ya en agosto de 2021, escenificó con sus paradas salvadoras que el drama que padeció ya es cosa del pasado.

Porque el bilbaíno, a sus 33 años, es otra vez el portero titular de la UD Las Palmas y, sobre todo, ha devuelto a la meta isleña la seguridad que había desaparecido desde su infortunio. Falló en el gol del Real Valladolid en la primera jornada por un error de cálculo a la hora de ir a por el balón tras un centro desde la derecha, pero ante el Girona y el Huesca se rehizo hasta el punto de salvar a su equipo de recibir un par de goles hace tres días. Y aquel error en la fecha inaugural, en todo caso, sucedió en la grada Curva.

En la enfrente, sin embargo, está su caída y su vuelo. Hace tres temporadas un choque con Jovanovic, entonces delantero del Cádiz, le provocó una doble fractura: una en la rótula izquierda y otra en el dedo pequeño de la mano derecha. A esas alturas ya estaba en el banquillo Pepe Mel, que había llegado un mes antes con la misión ya imposible de meter al equipo en el playoff. Ese mismo técnico es el mismo que le esperó hasta devolverle la condición de guardián amarillo.

En el tiempo que no estuvo pasaron hasta cuatro porteros por la meta de la UD: Nauzet Pérez, Josep Martínez, Álvaro Valles y Álex Domínguez, los dos últimos, todavía miembros de la entidad isleña –Domínguez está cedido en el Ibiza–. Ninguno ha mostrado la garantía de Raúl Fernández.

Después de dos operaciones que no salieron bien, el vizcaíno nunca pudo cumplir los plazos para su vuelta, prevista para unos tres meses después del percance. Lejos de ello, tuvo que volver a pasar otras dos veces por el quirófano para restablecerse de las dos lesiones y comenzó un proceso largo de rehabilitación que culminó el pasado mes de marzo, cuando regresó a Gran Canaria e inició el trabajo bajo la supervisión de la UD, primero en solitario y luego con el grupo, sin tener ficha.

Una deuda económica del club con él acabó en la renovación del portero por dos temporadas para sorpresa de todos, después de que ambas partes alcanzaran un acuerdo justo antes de que se celebrara el juicio por la denuncia que el jugador había interpuesto por varios impagos.

Así, Raúl Fernández, ya desde las vacaciones, fijó su objetivo en la pretemporada que había de comenzar un mes y unos días después. Ese periodo de preparación tenía que ser el de la confirmación de su recuperación definitiva. Además, partía de cero, como Valles y Domínguez, por lo que tenía ante sí la oportunidad de recuperar el sitio que había dejado en abril de 2019. Y se ganó el puesto.

Hubo un momento icónico en la pretemporada. Fue el miércoles 21 de julio en el Marbella Football Center, donde la UD se impuso al RCD Espanyol (1-0) en el primero de los cuatro amistosos que disputó durante su stage en tierras malagueñas. Raúl salió en la segunda parte para jugar los últimos 45 minutos. Junto después del gol de Rafa Mujica, ya cuando el choque agonizaba, ganó un mano a mano al delantero Wu Lei con una parada por bajo con la pierna. Minutos después, ya en el vestuario, rompió a llorar delante de todos sus compañeros.

Pero esta vez las lágrimas no fueron de tristeza, sino de emoción. Fue, en definitiva, el llanto de la liberación después de un calvario que se había prolongado durante dos años y tres meses, el tiempo que estuvo parado. Todavía, sin embargo, le faltaba disputar un partido oficial; sucedió el pasado 15 de agosto.

Aquella parada ante el Espanyol y las actuaciones posteriores confirmaron a Pepe Mel que Raúl Fernández debía ser su portero. Olvidada aquella caída, el meta vasco ya vuelve a volar en Naciente.

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