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UD Las Palmas

Un reencuentro agridulce

Jonathan Viera inicia su tetralogía en la UD con 66 minutos de movilidad y cansancio

Jonathan Viera conduce el balón ante la presencia de varios jugadores de la UD Ibiza. | | ANDRÉS CRUZ

Jonathan Viera conduce el balón ante la presencia de varios jugadores de la UD Ibiza. | | ANDRÉS CRUZ

Había algo en el ambiente antes del partido que avecinaba que algo importante iba a suceder la tarde del sábado en el Estadio de Gran Canaria. La expectación era mayor que la de los dos partidos anteriores en Siete Palmas, por lo que no tenía que ver con las ganas de ver fútbol en las gradas otra vez después de casi dos años de clausura por los estragos de la pandemia. El motivo, en cambio, era otro: Jonathan Viera volvía a vestir de amarillo.

Era su cuarto debut con la UD Las Palmas, tras los de 2010, 2015 y 2019, y si bien esos primeros encuentros, salvo el del estreno hace 11 años, no concluyeron en victoria, sí supusieron el comienzo de etapas de cierta ventura para el cuadro isleño.

En aquel 2010 irrumpió junto a Vitolo y otros canteranos a las órdenes de Paco Jémez y recordaron a todos, después de muchos años, que la cantera podía ser útil. En 2015, con su última media temporada tras llegar desde Bélgica contribuyó el ascenso a Primera, con Paco Herrera. Y en 2019, ya con Pepe Mel, marcó 10 goles en el primer tramo del curso antes de irse a China y deslumbró junto Pedri.

Ayer, en cambio, el contexto era otro, porque el inicio de la tetralogía del de La Feria con la UD no partía con fecha de caducidad, sino con la certeza de que va a terminar su carrera profesional en el representativo de la Isla. Si bien en sus periplos anteriores debía culminar su obra en poco tiempo, ahora tiene toda una temporada –y cuatro más– para sellarla.

Poco a poco

Tal circunstancia, sin embargo, no redujo la expectación por verle, pero todavía no está. Jonathan Viera no está ni a un 60% de su capacidad física –según fuentes de la entidad amarilla– y ayer lo evidenció. Nadie, por otra parte, podía esperar que el ‘21’ fuera un derroche de magia cuando llevaba más de tres meses sin jugar, pero sus ganas por ser titular, y las de Mel por que llegue a su tope lo antes posibles, contribuyeron a que la sensación general del redebut del mediapunta al término del encuentro fuera agridulce, más allá del empate ante el Ibiza.

Durante el tiempo que estuvo en el césped, 66 minutos, participó en el juego, pero no fue determinante. Nadie se lo pedía, pero muchos lo esperaban. El técnico madrileño cambió el sistema –4-2-3-1– para situarle donde más le gusta, en la mediapunta, con libertad de movimientos, con tres hombres por delante –Pejiño, Jesé y Peñaranda– y dos guardianes por detrás –Nuke y Sergio Ruiz–. Comenzó muy activo, sin embargo, el gol tempranero del rival cambió todo.

Porque lo que debía ser un reestreno plácido, a tenor de la supuesta calidad del once de la UD se convirtió en una lucha contracorriente a las primeras de cambio. Viera, de repente, pasó a liderar una remontada, pero no tenía capacidad para ello. Aún así, se asoció bien con Sergio Ruiz, que debe ser su mejor secuaz en el campo, y participó en las jugadas de mayor peligro amarillo en la primera parte.

Tuvo, incluso, una oportunidad para marcar el tanto de la igualada con una falta al borde del área, en el lado izquierdo, pero en eso también está de pretemporada: el tiro tocó en la barrera y supuso un saque de esquina para la UD.

Más allá de todo, su liderazgo lo demostró en todo momento, no sólo porque es su labor como capitán, sino también porque hizo un corro junto a sus compañeros después del pitido del descanso y antes de que se retiraran al vestuario en el que dio varias consignas y porque fue el primero en saltar al campo tras el receso.

Sin embargo, fue a partir de entonces cuando evidenció más síntomas de cansancio y cometió errores que no suele, como por ejemplo una pérdida de balón ante la presión de varios rivales que provocó un contraataque que no acabó en gol por poco.

Finalmente, Alberto Moleiro le sustituyó en el minuto 65.22 y, curiosamente, el tinerfeño se convirtió en el protagonista: reactivó a los amarillos y marcó el gol de la igualada. La noche estaba reservada para él. Viera, en cambio, tendrá otras mejores. La buena noticia es que pude haber encontrado en Moleiro un socio como Pedri.

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