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Las Palmas se endereza

La UD vuelve a ganar tras su tropiezo en Lugo y golea al Alcorcón (3-0) que jugó 82 minutos con uno menos

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UD Las Palmas (3) - AD Alcorcón (0) José Carlos Guerra

La UD tenía un runrún en la cabeza para recibir al Alcorcón. Era el primer día de la vida sin Jonathan Viera. Y se fue de él con la lectura de que el bloque es lo que mantiene a los equipos. En un día donde todo se puso de cara, con 82 minutos de superioridad numérica sobre el césped, Las Palmas goleó al Alcorcón por 3-0 para dormir en la cuarta posición de la tabla. Un resultado que relativiza el tropiezo en Lugo, pero que tampoco resuelve del todo cómo le sentará a este equipo jugar sin su oráculo.

La alternativa al drama sin Jonathan Viera fue Kirian Rodríguez. Tras seis partidos inéditos –cinco de ellos en la grada–, el plan de Pepe Mel para sustituir al '21' fue el de sacar a un jugador del ostracismo directo al césped. Un examen doble para el tinerfeño: el de pelear contra la sombra de Viera y contra su propia inactividad. Casi nada.

En ese inicio lento, la UD se encendió gracias a lo de casi siempre y lo que no suele fallar. Y eso es la velocidad de Pejiño, bien asociado con Alberto Moleiro. Sin embargo, lo mejor para la UD llegó gracias al Alcorcón. En un balón dividido, sin peligro, sin nada que pudiera indicar que esa jugada iba a ser trascendente, Córdoba se ganó la expulsión con una entrada con el pie arriba a la altura de la tibia de Mfulu. Solo era el minuto 8. La traducción directa: 82 minutos con uno más.

De entrada, aquello solo agudizó algo que ya se veía de entrada. La UD monopolizó el balón ante un Alcorcón que se entregó a juntar sus líneas, empezar a hacer correr el reloj e intentar agarrar una carrera suelta arriba. Lo básico. Pero someter al cuero bajo sus botas no se convirtió para Las Palmas en sinónimo de peligro. Faltaba un chispazo que cambiara el transcurrir de un partido que apuntaba a letanía. O la UD marcaba o aquello se podía convertir en un dolor de muelas.

Y llegó. Un mal centro de Cardona se encarnó en una asistencia perfecta para Enzo Loiodice. El galo recogió el balón en la frontal, perfecto para su pierna izquierda, soltó el látigo y rozó lo justo en Aguilera para que la parábola fuera imparable para Jiménez. El 1-0 a los 22 minutos y con un jugador más dejaba un partido cuesta abajo para la UD. Un lujo.

Con ese escenario la UD no aflojó. El Alcorcón aguantó el tipo, no se descompuso en intentaba mantenerse en pie. Parecía, hasta cierto punto, conforme con lo que tenía. Asumió que el reloj, en parte, caminaba a su favor: un gol era remontable. Cualquier mínima cosa le podía dar vida: un barullo, una jugada a balón parado, una expulsión hacia el otro lado, una tragedia de la defensa de la UD. Son esas cositas que a veces tiene el fútbol incluso contra pronóstico porque el Alcorcón no ponía ni el mínimo para ello.

Loiodice lo volvió a intentar desde fuera y Moleiro repitió poco después. El tinerfeño es sintió a gusto, enralado, con espacios. Todo en una muestra de calidad y desparpajo. Unos rasgos que hacía ya varios partidos que tenía tapados. Ese es el Moleiro determinante, el que mira más para delante que a sus lados.

Como Cardona cuando con un eslalon eliminó a tres rivales, pisó el área y obligó a Jiménez a volver a usar los guantes. La UD tenía todo para marcar otro más e irse al descanso con la sensación de tener el partido medio hecho. No pasó, se fue al vestuario con el día encarado, pero lejos de estar cerrado.

El guion no cambió demasiado al inicio del segundo acto. Pepe Mel empezó a remover el banquillo y lo primero que hizo fue asegurar a Pejiño, que se marchó del campo por Benito. Aquello espabiló a la UD que trenzó un par de jugadas para matar el partido, pero sin el instinto le falló. Primero a Kirian, que le entregó una cesión a Jiménez; después a Benito, que pecó de generoso; y un poco más tarde a Jesé, que se apiadó del meta alfarero cuando lo tenía todo para volver a saborear un gol.

Del Alcorcón se sabía tan poco que daba hasta cierto miedo. Una sensación que se diluyó antes de la hora de juego. Una conducción a trompicones de Benito cayó en los pies de Jesé que obligó a Jiménez a aparecer de nuevo. Al rechace, con la inercia de su galopada, el aldeano marcó a placer arrastrándose por el césped. Ahora sí.

Con más de media hora por delante, el duelo ya fue un auténtico monólogo: balón, balón y balón. Como si fuera un dispositivo electrónico, la UD entró en modo ahorro. Todos menos los que querían reivindicarse, aquellos a los que Mel mentó en rueda de prensa. Esos y Jesé. El '10' peleó, bregó y buscó su gol con más empeño que fortuna. Maldijo a Jiménez que le sacó otra más. El día no estaba para él.

Todo lo contrario que para Curbelo, que firmó el 0-3 con un golpeo desde la frontal por toda la escuadra, como si hubiera sacado la calculadora para poner el balón ahí. Un gol que va a guardar. De ahí hasta el final, más cambios, con una UD desatada que quería más. Hubo minutos para Fabio, Clau Mendes y Ale Díez. De ahí al final, un carrusel de oportunidades a limbo y una sonrisa para acabar la semana.

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