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La Provincia - Diario de Las Palmas

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Empate ante la SD Amorebieta

El cambio de Benito por Kirian, un remedio contraproducente

Mel intentó agitar el partido con esa sustitución, pero consiguió una UD que perdió gran parte de su empuje sin el tinerfeño sobre el campo

Barrera montada por Raúl Fernández, portero de la UD Las Palmas. | | IÑIGO LARREINA/LOF

Un cambio que desdibujó a la UD. El momento en el que la tablilla de sustituciones alumbró el número ‘20’ de Las Palmas, algo se fue en el equipo amarillo. Y eso se notó en solo unos minutos. Perdió ritmo en sus pases, constancia en el campo rival y lucidez hasta darle alas a un rival al que había recluido en su terreno de juego con su mejor baza: la posesión del balón para hacer daño real.

La lista de convocados de la UD Las Palmas para ir hasta Lezama más que una hoja de citación parecía un parte de guerra. Armando Sadiku, Ale Díez y Álvaro Valles, estaban indispuestos. Tres bajas con una capital por encima de todas: Jonathan Viera. Lo del ‘21’ sería menos grave si la UD hubiera tenido algo más como Pejiño, Nuke Mfulu, Sergio Ruiz o Rafa Mujica, todos también ausentes.

Un remedio contraproducente Edu López

Con ese panorama, una realidad palmaria, sin apenas opciones de revolución, Pepe Mel planteó un partido donde se guardó la misma baza de las últimas semanas para dar un cambio de guión al partido si la cosa no pintaba bien: Benito Ramírez, clavado en el rol de agitador aunque haga méritos para merecer algo más. Los números le dan la razón a Mel: sus cuatro goles han salido desde el banquillo y solo Christian Stuani, punta del Girona, lleva más tantos que él cuando le ha tocado salir desde la banda.

Un remedio contraproducente

Sin embargo, ayer el planteamiento de Mel debilitó a la UD cuando más rondaba el área del Amorebieta, cuando encajonaba al escudo vasco con lo que más le gusta: el balón. No tanto por la entrada de Benito, pasada ya la hora de juego, sino por el hombre que dejó su hueco para que el aldeano entrara al campo. Y es que Kirian Rodríguez, tan inoperante tantas veces, tan fuera de onda de los partidos en otras tantas ocasiones, justo le había tomado el pulso a lo que había que hacer sobre el verde de Lezama, un tapete impecable tras un mes de lluvias, mucho mejor que cualquier día del año en el Gran Canaria.

Kirian era el guía de la UD en esos momentos, justo cuando Loiodice también andaba al alza, con un Amorebieta replegado ante la insistencia amarilla con el balón, al que le iba bien jugar por el medio, lejos de buscar centros laterales en una defensa de tres centrales. Insistió por ahí, con la movilidad de Alberto Moleiro, excelente hasta que aguantó, y la cortesía de Jesé intentando picar las espaldas de la zaga Y ahí Pepe Mel miró a Kirian Rodríguez por encima del resto. También de Óscar Clemente, con el cartel de fijo ya en esta UD Las Palmas de apuros. Nadie es capaz de mover al tinerfeño, con ocho titularidades consecutivas y una hoja de servicios con más renglones vacíos que llenos.

La entrada de Benito descompensó al equipo, que perdió la capacidad de maniatar al Amorebieta. Algún chispazo, pero sin la regularidad que tenía en los minutos previos con Kirian de jefe. Cuando también apareció Pinchi por el campo, el desconcierto fue ya total. Los cambios, en vez de mejorar a la UD, la desestabilizaron justo en el momento donde parecía que más cerca estaba la remontada en Lezama.

«Moleiro ayer tenía fiebre y estaba igual que Viera, Ale Díez... El chico quería jugar. Ayer estuvo con fiebre. Debemos intentar que esté y no queríamos correr más riesgos. Con la entrada de Peñaranda y Pinchi, quería lo que nos faltaba, que era un cambio por gente de disparo, de llegada, de gol. Cambiar la gente de asociación por gente de desmarques de rupturas y presencia en el área. Eso es lo que buscaba», explicó Mel en sala de prensa. Y de todo eso, poco se vio en Lezama, que cantó la ocasión más clara del último tramo a su favor para después suspirar cuando Peñaranda hizo de un tiro una cesión.

Hasta en el lugar más recóndito del mundo hay un amarillo. Eso está demostrado. Ayer, en un lugar más cercano como Lezama, la gente no falló. Ahí contó con un nutrido apoyo una vez más. Y eso que tuvo que sufrir palos como el 1-0.

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