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La Provincia - Diario de Las Palmas

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Un recuerdo que no existe

La UD se topa el domingo con Christian Rivera, que nunca cuajó en Gran Canaria

Christian Rivera, jugador del Sporting y ex de la UD. | | ÁNGEL GONZÁLEZ

Christian Rivera ha vuelto a encontrar la felicidad en Gijón después de un año siniestro en la UD, a la que llegó en 2018, pero de la que salió cedido hasta tres veces. El domingo se cruza con sus ex.

Un viejo conocido de la UD Las Palmas vuelve a cruzarse en el camino de los amarillos, sólo que su recuerdo en la Isla fue nulo, al menos sobre el terreno de juego. Llegó, no cuajó, se fue, volvió, fue rechazado pero se quedó y finalmente se marchó del club el verano pasado después de años en la oscuridad. Le daba igual, porque cobraba mucho –aterrizó en Gran Canaria en 2018, cuando Toni Otero, entonces el secretario técnico, confeccionó una plantilla a base de talonario–. Es Christian Rivera, que pinta el próximo domingo en El Molinón.

Porque en el Sporting de Gijón ha vuelto a encontrar la felicidad, aunque sea por vivir cerca de su casa, que es lo que siempre quiso, y participar como titular, por mucho que el equipo hay completado una temporada irregular que salvó gracias a que sumó un punto la semana pasada en Fuenlabrada y selló la permanencia.

Meses antes, a finales de enero, confesó que en la UD no era feliz, y que la entidad se lo había puesto muy difícil para marcharse. «Bastante. Un día parecía todo arreglado y a la hora te decían que no salías. Era según soplara el viento. En Las Palmas pasé una depresión, seguro. No como la que puede tener mucha gente, pero estaba fatal mentalmente», dijo el mediocentro en un entrevista con La Nueva España.

Al mismo tiempo, agregó: «Me doy cuenta ahora porque estoy de p… madre. Incluso estando sin jugar, como hasta hace un mes, me encontraba bien porque me gusta Gijón, me gusta jugar en el Sporting. En Las Palmas los compañeros eran top, pero el sitio no me gustaba y la gente no tiene nada que ver conmigo».

Del negro al blanco, del ostracismo a la primera plana. Incluso cobró más protagonismo todavía el pasado 17 de abril, cuando agredió a un jugador del Real Oviedo a la conclusión del encuentro que terminó con victoria del conjunto carbayón (0-1). Aquel desliz, provocado por las revoluciones que generó el derbi, le costó una sanción de dos partidos sin jugar.

Suma 20 en lo que va de campeonato, acumulados sobre todo desde principios de febrero, cuando empezó a tener continuidad en el equipo titular. Además, logró un gol, en Anduva, en una de las pocas victorias del Sporting en el último tramo del campeonato.

Caché alto

Cabe recordar que Rivera fichó por la UD en el verano de 2018, justo después del descenso, por cuatro temporadas y con uno de los salarios más elevados de la plantilla de entonces, en la que figuraban Rubén Castro, Martín Mantovani, David Timor o Juan Cala, entre otros.

No habían pasado ni dos meses de competición cuando el centrocampista, que nunca se adaptó al equipo que entonces dirigía Manolo Jiménez ni a la ciudad, se marchó cedido al Huesca. El curso siguiente estuvo a préstamo en el Leganés y el Girona, porque él no quería estar en la Isla y la UD tampoco contaba con él en sus planes.

En total, sólo sumó nueve partidos como amarillo en dos etapas, un fiasco absoluto para lo que se esperaba de él, porque aunque pocos le conocían, su caché era elevado. No fue hasta años después que confesó que nunca estuvo bien, aunque lo demostró con sus salidas constantes. De alguna manera, atrapó el contrato de su vida a cualquier precio, el de no disfrutar del fútbol. Eso le concierne a él. En Gran Canaria es un recuerdo que no existe.

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