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La Provincia - Diario de Las Palmas

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El Racing de ayer y de hoy

Jesús Merino, central del equipo en los 90, revive sus etapas como jugador y secretario técnico de un club que busca recuperar su lugar

Jesús Merino, uno de los capitanes del gran Racing de la década de los 90, junto a Iñigo, jugador de la plantilla actual. Twitter

El objetivo del Real Racing Club de Santander es mantener la categoría y asentarse después de años en Segunda B. Pero en la década de los 90 y en la primera del nuevo siglo vivió épocas mejores. Las revive Jesús Merino, capitán junto a Setién como jugador y secretario técnico del equipo que jugó la UEFA en 2008.

El 23 de febrero del año que viene el Real Racing Club de Santander cumplirá 110 años, aunque los actos conmemorativos empiezan hoy, día elegido por el calendario para que la UD Las Palmas visite los Campos de Sport de El Sardinero. La famosa calle Tetuán se convertirá en un desfiladero hacia el campo, con la clásica marmita como oferta para llenar el estómago y aficionados fieles con el deseo de que su equipo gane y se acerque al objetivo del curso, la permanencia en la categoría. Es la vida del Racing de doy; el de antes, hace no mucho, dejó huella.

Hubo un hito clave en la historia más o menos reciente del club que, al mismo tiempo, es considerado por Jesús María Merino el mejor momento de su carrera deportiva. Ahí empezó todo. Fue el 29 de junio de 1993. «Me quedo con el ascenso contra el Espanyol, un 0-0 en casa después de ganar 0-1 en Sarria –estadio antiguo del club barcelonés–. Más de 28.000 personas que nunca se han vuelto a juntar en El Sardinero, comunión público, campo, equipo, ciudad... Todo».

Es la sentencia de un capitán que fue todo en la entidad: jugador entre 1992 y 1999 –siete temporadas–, entrenador al final del curso 2005-06 y director deportivo entre 2006 y 2008. Hoy, Merino, nacido en Tudela (Navarra) en 1967, vive cómodo en Santander y es un abonado más del Racing. Hoy irá al partido, y de alguna manera el recuerdo y la nostalgia siempre están presentes.

«La gente tiene ganas de vivir la época que me tocó vivir a mí, pero también son conscientes de que los últimos 10 años han sido muy duros. Es un año importantísimo para consolidarnos en la categoría y a partir de ahí crecer», comenta sentado en una de las múltiples aún llenas de gente que aprovecha los últimos soles del verano.

La etapa a la que se refiere es la que comenzó con aquel ascenso y terminó con el final de su carrera dos años antes de que el equipo bajara a Segunda (2000-01). «Los dirigentes, encabezados por Manolo Huerta, fueron muy inteligentes y tocaron una puerta que estaba sin abrir o muy poco abierta que era el mercado ruso. Nos trajeron futbolistas que hoy serían impensables».

Se refiere fundamentalmente a Dimitri Popov (1993-96), Dimitri Radchenko (1993-95), Ilshat Fayzulin (1995-97) y Andrei Zygmantovich (bielorruso, 1993-96), futbolistas sin nombre hasta que llegaron a España y contribuyeron a que el Racing estuviera casi una década en la élite. Y eso, en un club modesto, es mucho. Pero no eran los únicos.

«Tengo contacto con Quique Setién (1992-96, en su última etapa en el club), Esteban Torre, Popov, que estuvo hace cuatro o cinco meses por aquí y estuve con él, Ceballos... Éramos un grupo muy sano». Conoce muy bien, por tanto, al exentrenador de la UD, con el que compartió capitanía y habitaciones de hotel durante muchos años. «Realmente es un personaje. Cuando alguien es un mito es difícil convivir y vivir como alguien así. Tiene una personalidad muy fuerte en todos los aspectos».

«Los dirigentes trajeron futbolistas que hoy serían impensables», comenta sobre Popov, Radchenko y Fayzulin

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Parecida a la suya, porque Merino no se quedaba atrás. Con el ‘4’ a la espalda, era un central duro, considerado patero por muchos de los que lo vieron, pero de esos que también son necesarios. El cántico clásico cada dos semanas en la grada de El Sardinero y que aún recuerda con emoción era ‘Merino, mátalo’.

«Yo siempre me lo he tomado por el lado positivo. Sé que no es algo de lo que haya que sentirse absolutamente orgulloso, pero en ese momento fue positivo, un cariño de la gente hacia mi persona por mi forma de ser que todavía lo sigo sintiendo. Siempre me sentiré en deuda con la gente».

Y tiene claro que ese tipo de jugador también debe existir en un equipo, y que quizás falte alguna patada más en el juego de hoy. «En el fútbol hay que entender que vale todo. Hay un árbitro que tiene la potestad absoluta de decidir y es él que tiene que marcar el criterio. Por lo demás, cada uno es libre de hacer lo que quiera».

Después de la retirada como jugador Merino no quiso ser entrenador, aunque ayudó al técnico Nando Yosu en los meses finales de la campaña 2005-06. En ese momento el Racing vivía otra vez en Primera después de otro ascenso en 2002, inmediatamente después de haber bajado, ya con otra generación. Justo después pasó a la secretaría técnica y el equipo logró algo inédito.

«Me tocó la época buena. Afortunadamente conseguimos clasificarnos para Europa por primera y única vez en la historia». Con Marcelino García Toral en el banquillo, el Racing jugó la extinta Copa de la UEFA –hoy lo más parecido es la Europa League– en el temporada 2008/09 tras haber quedado sexto en la Liga. Le toco el grupo de la muerte, con el Shalke 04, el Manchester City y el Paris Saint-Germain. Se quedó a un sólo gol de pasar a dieciseisavos.

Luego, según Merino, las cosas empezaron a hacerse mal y la consecuencia fue el descenso en el curso 2011-12. Desde entonces, el Racing no ha vuelto a Primera. Incluso, acumuló hasta siete años en la tercera categoría nacional, la última, hace unos meses. Ahora ha vuelto a Segunda y su objetivo es asentarse. Le gente no ha dejado de creer. Ni de venerar a Merino en cada partido. «Yo me quedo con el cariño que recibí y recibo de la gente, que al final es con lo que se queda uno. Palabra de capitán.

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