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79 minutos «en el metaverso»

La UD maniata al Mirandés hasta que restan 11 minutos, justo en «el nanosegundo» en el que la fátiga empezó a cobrar factura

Raúl García celebra el tanto del 3-3 con el que el Mirandés completaba la igualada ante la UD; Fabio –8– se resigna. | | LOF

Todo aficionado de la UD que pasara la sobremesa de ayer delante del televisor tomándose el postre con la UD no va a obviar que el dulce tomó un sabor amargo a partir del minuto 79, justo cuando Álvaro Valles propició una oportunidad clara a Manu García al regalarle un pase para brindarle un mano a mano, que aunque falló, originó «el nanosegundo» en el que el Mirandés creyó en que podía meterse en el partido.

«Ya pueden pasar seis segundos o un nanosegundo en el metaverso que como esto sea verdad, aquí se acaba todo». Esta frase ya más que célebre pronunciada por la celebérrima Tamara Falcó esta misma semana para intentar explicar los motivos de su desamor con el gold digger –cazafortunas– Íñigo Onieva, bien sirve para describir la ruptura de la UD con el triunfo ayer en Miranda de Ebro.

Hasta ese minuto 79 Las Palmas se situó en el metaverso de la clasificación, gozaba del control del partido con su juego exquisito, y el tic-tac del reloj jugaba de su parte frente a un Mirandés que parecía hipnotizado por el zigzagueo de la circulación de balón por parte de los jugadores amarillos.

Sin embargo, Álvaro Valles, uno de los jugadores más determinantes del equipo de García Pimienta por sus intervenciones durante el arranque liguero para mantenerse en lo más alto de la clasificación al equipo, cayó en la infidelidad con la seguridad que había demostrado hasta entonces e invitó al Mirandés a que tuviera un romance con el empate.

No lo sabía en ese «nanosegundo» el de Rinconada, pero la fatiga entre sus compañeros ya había comenzado a aflorar. Las tragedias musculares de Marc Cardona y Sandro Ramírez, unido al golpe en el tobillo de Coco en la primera parte, pasaron factura física al equipo en los últimos once minutos del encuentro y el Mirandés se encontró con el milagro en los dos últimos minutos del choque para poner el 3-3 definitivo.

Hasta entonces todo el juego de la UD era el propio de un galán de la noche, capaz de ponerse el frac camaleónico y lucir varios registros para competir. El que mayor resultado le dio fue el de descarado, el que va para adelante con todo y con una apuesta vertical de la que llega en tres toque a la portería rival derribó el arco de Alfonso Herrero con un fútbol total.

El tercer tanto amarillo fue el colofón de la sinfonía con la que la UD hacía su danza del apareamiento con el fútbol caviar. Enzo combinó con Sergi en la banda, este centró a la platea mientras Benito dejaba que la pelota pasara entre sus piernas sabiendo, cómo no, que Jony la esperaba en el área y la mandara al fondo de las mallas.

Pero de nada sirvió todo ese amartelamiento por la pelota, cuando ya había jurado matrimonio al liderato una jornada más, que a la hora de la verdad «se acabó todo», cuando en dos minutos, un poquito más que los nanosegundos de Falcó, el Mirandés puso de manifiesto la infidelidad de la UD por el triunfo y rompió el corazón insular.

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