Los Merino y sus cabezazos

Mikel anotó el gol que metió a España en la semifinal de la Euro tras un testarazo, como hizo su padre Miguel 27 años atrás para anotar su primer tanto con la camiseta de la UD

Mikel Merino golpea un balón ante la mirada de su padre, Miguel, en el Estadio Insular en 1997.

Mikel Merino golpea un balón ante la mirada de su padre, Miguel, en el Estadio Insular en 1997. / LP/DLP

David Rodríguez

David Rodríguez

«Me encantaba el gofio de niño, me lo dice mi madre siempre, estabas loco con el gofio. Con esa edad empezaba a hablar y tenía acento canario, ahora ya se me ha quitado». Ese recuerdo lo pronunció MikelMerino cuando regresó a Gran Canaria en el mes de septiembre del año pasado para enfrentarse a la Unión Deportiva con la camiseta de la Real Sociedad. Una llamada desde la memoria del niño que empezó a dar sus primeros pasos en la Isla porque su padreMiguel perteneció a Las Palmas durante dos temporadas –como se observa a ambos en la foto adjunta a este texto–.

El autor del gol que dio a la selección española el pase a las semifinales de la Eurocopa después de mandar el balón al fondo de las redes de la portería que defendía Manuel Neuer en el minuto 119 seguramente dio sus primeros cabezazos en el césped del Estadio Insular junto a su padre.

Vestido con los colores amarillos de Las Palmas como él mismo recordaba en septiembre del año pasado, con la «cara de niño bueno aunque después era un poco travieso», Mikel comenzó a sentir el olor del césped en el recinto de Pío XII para que 26 años después hiciera feliz a todo un país con su salto acrobático en el área de Alemania para cabecear el balón centrado por Dani Olmo.

Un brinco que recordó al que realizó su padre Miguel en la temporada 1997-98, la primera de las dos que estuvo en las filas de Las Palmas, cuando el equipo insular fue a jugar contra el Rayo Vallecano al Estadio Olímpico de la Peineta –donde hoy se sitúa el Civitas Metropolitano–.

Era la jornada 7 del campeonato y la Unión Deportiva se presentó en Madrid con Cicovic, Manuel Pablo, Sarasua, Víctor Afonso, Paqui, Eleder, Socorro, Óscar Celada –anterior médico de la selección española–, Orlando, Turu Flores y el padre de Mikel, en el once titular contra el Rayo.

Pasado el cuarto de hora, Socorroejecutó un saque de esquina en corto en dirección al primer palo para que Orlando Suárez le devolviera la pelota mientras el hispanovenezolano, ya con metros avanzados desde el banderín de córner devolviera la pelota al área para que Merino se lanzara en plancha a rematar la pelota y abrir la contienda.

Ese partido finalmente se resolvió con un empate 3-3 y los periódicos de aquellos días resumieron que a Las Palmas «le robaron la cartera», como escribió José Miguel Santana en su espacio Desde otro ángulo.

Entendieron los periodistas de entonces que a Las Palmas había sido víctima de un arbitraje casero en Madrid, más aun cuando a Walter Pico no le concedieron un gol fantasma después de que el argentino metiera un chut desde 40 metros para rebasar al adelantado portero del Rayo Vallecano, Miguel España, que casualmente es el preparador de guardametas de la actual selección española en el equipo de técnicos que comanda Luis de la Fuente.

Se habló de arbitraje casero entonces al igual que se ha mantenido este fin de semana tras la permisividad que tuvo Anthony Taylor, el árbitro del encuentro entre España y Alemania, después de que incluso Toni Kroos lesionara –fortuitamente– a Pedri en la eliminatoria disputada en Stuttgart.

Precisamente en la ciudad alemana también Miguel había dejado un gol al equipo homónimo de la ciudad en 1991 cuando defendía los colores de Osasuna. En ese gol, el ex jugador de Las Palmas dio una vuelta a un banderín de corner para celebrar su tanto, al igual que hizo su hijo Mikel 33 años después tras su tanto a Alemania.

El último gol en la cuenta del interior de la Real Sociedad llegó el sábado en la Eurocopa. El primero en su carrera, quiso el caprichoso destino que fuera en el Estadio de Gran Canaria, cuando él jugaba precisamente en Osasuna y tras rematar un corner botado por Roberto Torres y que remató en el aire con una parabola imparable para el portero amarillo, Casto. Una historia con mil hilos conectantes entre Pamplona, Gran Canaria y con una España en semis.

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