75 aniversario UD Las Palmas
El Cordobazo, la tragedia que sirvió para unir
La UD se quedó sin subir en 2014 por un gol cuando parte de la afición rodeaba el campo

Un aficionado que invadió el terreno de juego se abraza a Momo, desconsolado. / LP/DLP
Es 22 de junio de 2014. La UD Las Palmas está a punto de subir a Primera División 11 años después. El partido se aproxima al minuto 90 y el viento corre a favor: el equipo amarillo gana gracias a un gol de Apoño en el comienzo de la segunda parte, domina y apenas sufre ante un Córdoba incapaz que había entrado en el playoff como séptimo y traía un empate a cero en el duelo de ida en El Arcángel. Es cuestión de minutos que estalle la fiesta del ascenso, sin embargo esta comenzó antes de tiempo, y resultó fatal.
Porque en la última acción del partido, en el último segundo del tiempo de descuento, el cuadro andaluz marcó el gol del empate y como en aquel entonces el valor de los goles fuera de casa valía doble el que accedió a la máxima categoría fue el Córdoba y no la UD, que hubo de esperar una temporada más para conseguir su ansiado objetivo.
Pudiera parecer una simple desgracia deportiva de las muchas que han sucedido a lo largo de la historia y que sucederán, para a nadie se le esconde que la actitud de cientos de aficionados, quizá miles, ante una celebración anticipada fue crucial para el devenir de los acontecimientos.
Desde antes de llegar al minuto 90 las puertas del Estadio de Gran Canaria se abrieron y por ahí entraron muchos seguidores, buena parte de ellos menores de edad y que comenzaron a bajar las gradas del recinto hasta saltar el muro de varios metros de altura que separaba las butacas del campo y de las pistas de atletismo.
Pronto los aficionados, algunos de los cuales se dañaron al caer desde tan alto, se colocaron alrededor del terreno de juego con el objetivo de invadir el campo en cuanto el árbitro pitara el final del encuentro, mientras el resto de los seguidores les abroncaban desde sus asientos. Hicieron caso omiso.
El árbitro se vio obligado a detener el partido y los jugadores de la UD, capitaneados por Juan Carlos Valerón y visiblemente enfadados, trataron de que los aficionados volvieran a sus sitios o al menos se alejaran, pues el colegiado no iba a dejar continuar el choque si no desaparecían de la zona. Incluso, el presidente Miguel Ángel Ramírez bajó desde el palco hasta el campo para hablar con Sánchez Martínez antes del anuncio por megafonía.
Desconcierto de los amarillos
Finalmente, después de varios minutos con el juego detenido y después de que los seguidores accedieran a dar varios pasos atrás ante un equipo de seguridad completamente desbordado, el duelo se reanudó. Había tiempo para poco, pero el suficiente para que los jugadores de la UD Las Palmas evidenciaran un bloqueo por culpa de una parte de su propia afición y los del Córdoba un impulso ante el desconcierto.
El balón sale por la banda, lo tiene el Córdoba. Un centro desde la derecha con la zurda al segundo palo, donde ningún amarillo defiende la acción, lo recoge Raúl Bravo para rematar. Lo hace mal, pero el portero Mariano Barbosa, de los mejores durante el curso, tiene mantequilla y la mano izquierda y no rechaza la pelota. El mexicano Uli Dávila la recoge y la mete dentro de la portería de la UD. La tragedia ha sucedido.
A la bronca inicial, con agresiones de algunos aficionados a miembros del Córdoba incluidas, le sucede el silencio. Y el shock. Y la rabia. Y la UD salió más fuerte.
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