La entrevista / Historia de superación de un ex de Las Palmas
El relato más desgarrador de Curbelo: "En la UD sufrí trastorno del pánico, no podía salir de casa"
El exjugador amarillo y ahora del Sporting, tras batir al Oviedo en el derbi asturiano, detalla cómo superó su crisis de ansiedad en enero: "Me torturé mentalmente y no supe llevarlo"
Lamenta el trato de Helguera: "En el peor momento de mi vida, cuando pierdo seis kilos en dos semanas, no se le ocurre otra maravillosa idea que intentar forzar mi renovación"

Eric Curbelo, el pasado julio, en su presentación como jugador del Sporting. / LNE

Una confesión que dignifica al gladiador. Visualizar los dolores del alma. Un futbolista en el diván del psiquiatra para huir del abismo y coronarse en un derbi ante 25.702 espectadores en El Molinón. El viaje del ingeniero de Santa Brígida, que goleó a la ansiedad y triunfa en Gijón. «Me torturé mentalmente pero ahora soy más fuerte». Dejó la UD tras seis temporadas y 159 duelos. Lo hizo con un rol residual. Ahora en el Sporting sonríe tras batir al Oviedo. ¿Qué significa el chut de éxtasis tras coronarse en un derbi?
Me han tratado muy bien desde el primer día y la afición me hace sentir muy querido. Percibo cariño y reconocimiento. Un derbi es un derbi y aquí en Asturias el sentimiento es fuerte. Tras la victoria, la ciudad detecta en el proyecto un cambio importante y eso que no empezamos bien [dos puntos de nueve]. Los resultados no reflejaban el trabajo realizado y la afición no estaba al cien por cien.
Usted batió al Tenerife en cuatro ocasiones de amarillo y se estrena ante los carbayones de forma exitosa (3-1). ¿Qué diferencia hay entre los derbis canarios y asturianos?
Le estaba dando vueltas a esa cuestión. En los derbis en casa, en Las Palmas de Gran Canaria, llegaba al 80 fundido físicamente y mentalmente. Me sentía destrozado. Aquí no. En el 80 en El Molinón estaba fresco, me quedaba gasolina. Al no ser de Asturias, lo afronto de otra manera. Pero este derbi es muy potente, de los más potentes de España.
No saboreaba una victoria desde el 26 de febrero de 2023 ante la Ponferradina en el Gran Canaria (2-0). En la pasada campaña, jugó dos partidos ante el Madrid (2-0) y su despedida ante el Alavés (1-1). ¿Lo sabía?
Pues no y menos mal. Porque si no, era un peso que tenía encima cada vez que jugase. Tenga en cuenta que apenas jugué el pasado curso, pero hay que reconocer que es demasiado. Te puede pesar, pero ya he vuelto a ganar.
¿Cómo asume el cambio de jugador invisible con Pimienta a líder veterano silencioso con Rubén Albés en el Sporting?
En el Sporting contamos con jugadores de mucha experiencia, y luego hay jóvenes que empujan y quieren comerse el mundo. Está compensado. Detecto un equilibrio. Jamás me ha gustado ser capitán, prefiero estar en la sombra. Me gusta ayudar al grupo desde un segundo plano, sin aparecer. Así me siento más cómodo (...) Sobre todo en el día a día tratando de brindar alegrías a los compañeros. Me reconforta ese rol.
Cote, Otero, Méndez, Gelabert, Dubasin, Campuzano... ¿Ve algún tipo de paralelismo entre el Sporting y la UD que subió con usted y la de Pimienta?
Ya lo comenté al llegar a Gijón, en el curso pasado se dio una comunión excelente entre equipo y afición para colarse en el playoff [dirigidos por el técnico grancanario Miguel Ángel Ramírez]. Había una hermandad. Tengo el aura de que ahora van a salir bien las cosas. Lo pronostico. Es la Segunda más exigente de la década y si quieres subir tienes que ser constante. No puedes fallar.
¿Conversó con sus excompañeros en la UD Lemos y Aarón Escandell -ahora en el Oviedo-?
A Aarón no lo vi y con Lemos estuve charlando un buen rato. Te alegra encontrarte con un compañero como Lemos, con el que estuve tantos años en Las Palmas. Hay una muy buena amistad.
También tiene a Cristian Herrera y Nuke en el Dépor, Raúl Lizoain en el Albacete...
Sí, esta temporada voy a tener que pedir muchas camisetas.
Tendrá un museo en su casa. ¿Es de esos coleccionistas?
Solo la intercambio con aquellos que han sido compañeros en algún vestuario o con los que tengo amistad. No me gusta pedírsela a otro que no, salvo jugadorazo.
¿No rascó ninguna en el Santiago Bernabéu hace un año?
Rasqué la de Rodrygo Goes porque me enfrenté y es jugadorazo, además me cayó muy bien. Muy simpático. Estuve todo el rato haciéndole bromas. Me salió un buen partido, a pesar de haber perdido y es la único que tengo fuera de la categoría de compañeros de club o buenos amigos.
¿Qué es lo que más le ha sorprendido de Albés?
Pues lo que más, que no sé cuando está de broma y cuando me habla en serio. Me cuesta pillarlo, pero poco a poco ya le pillo el tranquillo. En cuanto a lo deportivo, es una manera totalmente diferente a la que yo estaba acostumbrado a ver. Estoy adaptándome, las primeras semanas me costó. El modelo de juego de la UD tiene sus automatismos y tras tantos años en la Isla, pues eso aquí no funciona. Pero me atrae, es más dinámico y eléctrico. Creo que a la afición le gusta más esta fórmula tan explosiva.
¿Qué le falta para acabar la Ingeniería?
El proyecto que lo tengo en este cuatrimestre. Por fin podré decir que soy ingeniero de verdad. Solo me queda el TFG [Trabajo de Fin de Grado], ya que tengo todas las asignaturas aprobadas. Espero terminarlo ya, en esta Navidad.
¿Enfocará el proyecto en el mundo de la robótica?
La idea es montar una empresa de alquiler de patinetes eléctricos en Las Palmas, aunque ya existe. Se me ocurrió hace año y medio y el TFG exige diseñarlo y presentarlo. Da igual que ya exista, y como están de moda las patinetas, mi intención era tirar por ahí. Tampoco me quiero complicar, tengo ganas de terminar la Ingeniería y luego veré lo que hago y cómo enfoco mi carrera.
¿Cuánto lleva con el Grado?
Llevo diez años, este es el undécimo. En mi año en Leioa [15-16] hice un doble cambio, me pasé a la UNED y luego regresé a la Universidad de Las Palmas (ULPGC). Ese año lo perdí. Y de ahí, en el filial, pillaba cuatro asignaturas al año. Luego llegué al primer equipo y lo enfoqué de modo light. No tenía que buscar trabajo de ingeniero mientras fuese futbolista.
¿Qué sensaciones le transmite la UD de Carrión? El equipo amarillo no gana desde el 10 de febrero ante el Valencia. Van 18 jornadas consecutivas.
Mucho sin ganar, pero hubo un cambio generacional. Se fue un número elevado de canarios y eso provoca que cueste más. Han hecho buenos fichajes pero antes se jugaba de una manera muy marcada con un bloque y toca cambiarlo. Lo que dio resultado, ahora debe modificarse con otro enfoque futbolístico. Es difícil de conseguir el éxito en semanas. Al grupo hay que darle tiempo. Hay un buen equipo, pero tienen que dar con la tecla. Cuando se quiten de encima la losa de no ganar, todo irá mejor. Jugarán más sueltos y con más dinamismo.
Solo hay cuatro grancanarios en el vestuario. ¿Afecta eso al rendimiento de la UD?
Sí y no. Los fichajes son válidos, de gran nivel. Muy buenos. El aficionado canario quiere canteranos, lo lleva en la raíz. Un sentimiento arraigado. Y cuando las cosas no van, pierdes la ilusión. La cantera es siempre el reclamo ideal. Si pierdes y son canarios, dicen ‘por lo menos son de aquí’. Si va bien, contentísimos. Tener canarios en los momentos difíciles da un punto de mérito y valor. Forma parte de la identidad.
¿Qué fichaje de los trece de la nueva UD le ha cautivado más?
Los dos Mc me gustan mucho, tanto Oli McBurnie como McKenna. En defensa, me fijo mucho en el escocés y en cómo se comporta. En ataque, Oli las pelea todas, mantiene el punto de tensión y eso es importante. Es difícil pararle. El resto son jugadores top que estaban en Segunda y los conocemos. Pongo como ejemplo la temporada pasada, se vio una buena UD con jugadores de Segunda [como Mika o Javi Muñoz]. Si lo mejores de Segunda están en la UD es porque tienen nivel.
¿Quién perdió y quién ganó con el final del caso Valles?
Es complicado, el fútbol es una empresa. El club le hizo profesional, como a mí, y solo puedes estar eternamente agradecido a la UD. Valles fue el mejor en la pasada 23-24 y Las Palmas busca la máxima rentabilidad económica. Es normal que el club forzase. Pero llegado el momento, yo lo hubiese vendido antes de agosto por un poco menos de lo esperado. Así, se hubiese solucionado. Pero es que la UD ha traído ofertas muy buenas a Valles que podía haber aprovechado. Las dos partes podían haber llegado a un acuerdo. Si Valles quiere jugar en el Betis, acabará haciéndolo. Si no es este año, pues dentro de dos o cinco. Tiene muchas ganas de jugar en su casa, pero los tiempos no los podemos dominar totalmente.
¿No habrá bloqueado a Pimienta en el móvil?
Con Pimienta me llevo muy bien, igual que dije que no habló en ningún momento conmigo. El año anterior me hizo bromas y seguía haciéndolas. No sé si será por mi forma de ser, siempre entreno y pongo buena cara. No tengo nada malo que decir de Pimienta, lo único que no tuve la oportunidad de fallar. Eso lo tendré siempre ahí, el no poder demostrar que era jugador de Primera División.
Públicamente no dio una explicación de su ostracismo. Usted no se las pidió.
No tuvimos ningún problema, al menos por mi parte. No tengo ninguna mala palabra sobre Pimi y su cuerpo técnico. Son cosas que acontecen, eres indiscutible y uno de los mejores y luego pasas directamente a desaparecer.
¿Le sorprende lo mal que le va a Pimi en el Sevilla? Una parte de la afición pide su cabeza.
No soy mucho de seguir el fútbol como sabe, aunque en los últimos años sí lo sigo más para mejorar y perfeccionar en aspectos técnicos. En la UD también le costó en las primeras semanas y luego encontró la llave. Aunó buen fútbol y resultados. No sé si el Sevilla tendrá la paciencia precisa pero confío en que logrará revertir la situación y salir airoso. Es buen entrenador, al final cuando llegas a un equipo y tienes que implantar una metodología nueva, es un ciclo complicado. Puedes tardar más de la cuenta.
En diciembre sufrió trastorno del pánico, perdió seis kilos y desea contarlo. Apenas dormía ni salía de casa. Logró recuperarse. ¿Cómo fue la pesadilla? ¿Qué lección aprendió?
Hablando con expertos, así como con psicólogos y especialistas de plena confianza, me apoyé en ellos y salí victorioso. El año pasado tuve que acudir al psiquiatra por un problema de ansiedad. Fue la mejor decisión. Todo el mundo lo visualiza como un estigma maligno, con el afamado ‘vas al psiquiatra, estás loco’. Pues no, es una herramienta poderosa y necesaria. Lo veo fundamental en esta sociedad de cambios constantes, todo va muy rápido y precisas de ayuda. No hay tiempo para procesar ciertos momentos o indicadores de la vida. Hace falta pausa para entender tu cuerpo. A mí, me ayudó y me cambió totalmente. Me dieron la clave para entender lo que padecía. Paso de jugar todo, de ser indiscutible y jugar un año fantástico [22-23], a desaparecer sin saber por qué [23-24]. No supe gestionarlo. Entrené duro, fuerte y me sentía potente. Pero no estaba bien. Un día todo cambió.
Mareos, dudas, nervios, miedos. ¿Cómo fue el primer día?
Me pasó con mi pareja, después del partido ante el Athletic en San Mamés [20 de diciembre], nos quedamos en la Península e hicimos una rutilla a Asturias, casualmente. En una de las cenas sentí mareos. Me dio angustia. Ella es médico y me dijo ‘tranquilo que no es nada’ y se me pasó. Pero unos días, se repite comiendo con familiares. Luego no podía salir de casa. Si daba un paso más allá de la puerta, sentía fuertes mareos. Me siento en el sillón y se van. Digo, ‘¡joder qué está pasando. Esto es ansiedad tengo que ir a entrenar!’. Con esa sensación de mareo y zumbado, llego al entrenamiento. Voy directamente al despacho del médico Diosdado Bolaños y me da un relajante. Lo achaca a mi situación deportiva. Me dijo que estuviese tranquilo. Voy al Perpetuo y más pruebas. Todo bien. Voy al psicólogo, en una de mis citas periódicas, y me recomienda ir más allá. Que vaya al psiquiatra. Me diagnostican trastorno del pánico. Tu cabeza anticipa que te desmayas, así todo el rato. No podía salir de casa. El club me da libre dos semanas.
Adiós al balón, hola a la vida.
Estoy tres semanas en casa tratando de desconectar. Se me acababa el contrato, no estaba jugando, ni calentaba...Aunque me encontraba bien físicamente, pero no tenía la oportunidad. Todo aquello me mataba físicamente. Mentalmente me estaba torturando y no sabía llevarlo. Acabó en ansiedad y con el psiquiatra comenzamos con medicación muy suave. Perdí seis kilos en 14 días. En ese tramo, no podía salir de casa o no me lo permitía. Tenía la sensación de que me desmayaba.
Cada vez que cruzaba la puerta, pensó que se caía...
Sí, más o menos. En casa, estaba bien. La casa te daba seguridad, que es una falsa seguridad (...) Vino a mi casa un amigo, me sacó al campo y me forzó pasear. Mi hermano mayor también, así como mi pareja, que me ayudó en mi casa tras pedir unos días libres. Con ellos, se me pasó. Pero no era real. Cuando tenía que hacer algo, sufría. Una vez que la medicación comenzó a hacer efecto, me incorporé a los entrenos. Y cogí peso.
¿Qué fue lo que le salvó?
La madre de uno de mis mejores amigos me recomendó un libro que fue fundamental en mi recuperación. Sin miedo de Rafael Santandreu. La obra es una recopilación de relatos de pacientes que han pasado por la ansiedad o TOC [trastorno obsesivo-compulsivo]. Leerlo significó un antes y un después. Saben de lo que hablan. Te cuentan lo que yo viví, vivencias que no puedes compartir con alguien sano. Si no lo vives, es como si hablases con un extraño.
¿Pensó que por qué le tocó a usted como hizo Sergio Ruiz?
Lo tenía todo: familia, amigos, pareja estable, cómodo a nivel económico, deportista de élite, bien de salud...Pero con ansiedad. Es difícil de entender. Da igual que seas futbolista o tengas otra profesión y no hay un porqué. Te toca y acompaña. Debes aprender a convivir con ello, provoca que te conozcas más y mejores mucho.
¿Cuándo recibe el alta?
La baja llegó tras la semana del Barça [8 de enero] y el alta, cuatro semanas después. De marzo a mayo, entrené al máximo nivel. Lo superé pero no jugué.
¿Qué le dijo Pimi?
Que me recuperase, todos ser portaron genial. Los fisios, sobre todo. Están más cerca y lo vivieron de una manera íntima. Encontré pacientes que lo superaron de forma menos traumática. No pasaron mi tiempo de recuperación y eso también me ayudó.
Su baja coincidió con la negociación de su renovación -enero-, ¿qué le dijo Helguera?
Se me extinguía el contrato el 30 de junio y no terminaba de renovar. Helguera me prometió que si ascendíamos tendría un buen contrato, no lo cumplió. Tampoco me lo ofreció [enero de 2024]. Justo en el momento en el que peor estaba, en el peor momento de mi vida, cuando pierdo seis kilos en dos semanas, no se le ocurre otra maravillosa idea que intentar forzar mi renovación diciéndole a mi representante que ‘o firmo o no hay nada más que hablar’.
¿Pero estando de baja? ¿Era consciente de su situación?
No sé si realmente era de baja, era el peor momento de mi vida y se le ocurre la maravillosa idea de llamar a mi agente para anunciar que: ‘O Eric firma por estas condiciones o no hay nada más que hablar’. Mi agente le pone al corriente, que no puedo firmar por eso y porque estamos como estamos. Había compañeros que renovaron con contratos muy superiores y a mí el año anterior me habían prometido un aumento con el ascenso. Y Helguera decide colgar el teléfono. En ese momento se me estaba cayendo el mundo, no por el hecho de no renovar. Yo sé que mi vida deportiva llegará a su fin, por eso estudio. El fútbol no dura toda la vida. Fue una situación que me superó y también me enseñó bastante para el futuro. Como persona, Luis Helguera me falló.
Como canterano, ¿se sintió traicionado por la UD?
Es cierto, que desde el inicio de temporada me comentó de renovar, pero siempre a la baja. Cuando me había prometido, que si ascendía tendría un contrato superior con cifras fijas. Las últimas que me ofreció, no se acercaban ni a la mitad de lo prometido. Sentía el club como una familia, ahí me di cuenta de que solo soy un número. Me veo fuera. Entreno bien, intenté jugar pero nada. Lo di todo sin recompensa. Helguera me falló, creo que las personas están por encima de lo deportivo. Somos personas. En ese momento, no necesitaba que me renovasen, solo con un ‘tranquilo, cuando estés bien, hablaremos con calma’. Eso valía. Lo vivido me hizo más fuerte. Saqué una conclusión, por mucho que lleves en un grupo, no es una familia es puro espejismo.
¿Cómo reaccionó Kirian y el resto del vestuario de la UD?
Con los compañeros súperbien. Fue bonito. Pero no tuvo nada que ver con el equipo, fue algo personal con la dirección deportiva.
Su viaje: de no poder salir de casa a tumbar al Oviedo.
Hago una lectura constructiva. Necesitaba salir de la Isla. Siempre es la misma historia, el canterano se tiene que ganar el puesto. No me sentía valorado y se aprecia más al de fuera, aunque no lo demuestre. Despejé la cabeza y encontré al Sporting. Roque y Hernán me dieron buenas referencias. Me hablaron genial del club y de la afición. Acerté de pleno.
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