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El viejo Estadio Insular, emocionado recuerdo

Foto de archivo del Estadio Insular.

Foto de archivo del Estadio Insular. / Fedac

Andrés Armas Suárez

Las Palmas de Gran Canaria

El 76 aniversario y recientes bodas de platino de nuestra querida Unión Deportiva Las Palmas retrotraen al abonado 519 de nuestro club a su infancia, juventud y vejez. Los recuerdos, única fuente de nuestra existencia que están fuera del tiempo, le sitúan, con 12 años, en la fecha fundacional del club el 22 de agosto de 1949, con 14, en el primer ascenso a la División de Honor el 8 de julio de 1951, con 31, cuando fuimos subcampeones de liga en 1968, con 34 y 38, en la muerte de Guedes y Tonono, con 42, la final de la Copa del Rey ante el F.C. Barcelona... En 1952, vi a uno de los mejores jugadores de todos los tiempos, - si no el mejor -, Alfredo D´Stéfano, “La Saeta Rubia”, que jugó por primera vez en España, aquí, en Gran Canaria, en el viejo Insular, con el Millonarios de Bogotá un amistoso con nuestro equipo. También asistí en 1966 a la despedida del fabuloso futbolista en su última temporada en activo ya con 39 años, formando parte del R.C.D. Español.

Hoy quien les escribe, relata y coordina este multicolor obituario, desea dedicar sus mejores recuerdos a los admirados protagonistas que vistieron y defendieron nuestros colores, a todos, pero en especial a los del Viejo Estadio Insular, a los que ya no están con nosotros, y a los que felizmente viven y gozan de buena salud y ya superan o se acercan a la placidez de los ochenta: José Luis Ulacia, Ignacio Oregui, Germán Dévora, Paco Castellano, Guillermo Hernández, Felipe Domingo Antonio Ojeda “Trona”, Daniel Carnevali, Enrique Wolf, Carlos Morete, Carmelo A. Concepción “Carmelín”, Martín Marrero, Manuel Afonso “Noly”, José Juan Molina, Federico Páez y raspando los 70, Roque Díaz, Félix Marrero, Juan Castillo “Juani”, Pepe Juan Suárez, Luis Saavedra, Julio Durán, Jorge Contreras, Felipe Martín, Juan Antonio Pérez, y más jóvenes Paquito Ortiz, Orlando Suárez, Toni Robaina, Miguel Ángel y Juan Carlos Valerón y un amplio etcétera.

Punto y un aparte especial para aquellos jugadores históricos que marcaron a quienes fuimos testigos directos de sus gestas. La primera, la del ascenso meteórico desde regional a Primera División; Montes, Castañares, Juanono, Yayo, Tatono, Vieira, Padrón, Manolín, Tacoronte, Peña y Cedrés ( Elzo, Polo, … ).

El 24 de abril de 1951, muere Antonio Vieira, con 26 años, primer jugador de la UDLP que fallece en acto de servicio, tras detectársele una enfermedad cerebral al recibir un golpe en la cabeza en un entrenamiento. Antonio Vieira era tío de nuestro inolvidable gran humorista Manolo Vieira.

Los héroes de la edad de oro del Club: Ulacia, Martín Marrero, Tonono, Castellano, Hernández, Trona, Páez, Gilberto I, Gilberto II, José Juan, Germán y León (Oregui, Aparicio, Niz, José Luis, Antonio Betancort, José Casas Pepín, Macarito, Felo. Después del segundo ascenso a Primera División en 1954 pasaron por nuestro equipo ilustres profesionales que regresaban de su periplo peninsular, Molowny, Silva, Mujica, Lobito Negro, Naranjo, Manolo Torres.

Permítasenos incluir por sobrados méritos propios a ilustres comunicadores que lo dieron todo por nuestro equipo: los que nos dijeron adiós, Antonio Lemus, Pascual Calabuig, Antonio Ayala, José María Ayaso, Nanino Díaz Cutillas, Pepe González y los felizmente vivientes de aquella selecta rama del periodismo escrito, radiofónico y televisivo, Segundo Almeida, Antonio Cruz Domínguez, Manolo Morales, Manuel Pío, Rafael González Morera y varios más. En este apartado es justo hacer una excepción con Antonio Lemus, Pascual Calabuig y Segundo Almeida comunicadores que marcaron una época de éxitos clamorosos a varias generaciones.

A las nuevas generaciones que nunca conocieron la grandiosidad emocional del Viejo Insular, ni los sentimientos y explosiones de canariedad compartidos en tantas tardes de gloria, les invito a que rindan un merecido recuerdo y gratitud a los que hicieron posible su proyección social en los 55 años de vida del irrepetible recinto de Ciudad Jardín: jugadores, dirigentes, entrenadores, utilleros, cuerpo médico, técnicos y empleados administrativos, con la figura del sempiterno Secretario General, Jesús García Panasco, como indiscutido número uno.

Y no quiero finalizar sin expresar el grado de frustración personal que significa la a todas luces incomprendida decisión que responsables políticos de la primera década de este siglo, Ayuntamiento y Cabildo, adoptaron con el devenir de aquella reliquia de afectos y sentimientos como fue el Viejo Estadio Insular. Creo que había, y hay, en el amplio recinto de lo que fue el verde césped, gradas naciente, sur, curva, preferencia, tribuna y las míticas arenas, un espacio que permita, perpetuar dignamente tanta gloria vivida. …

Y quiero concluir echando mano de mis inolvidable amigos poetas, los hermanos Pedro y Miguel Lezcano.

Quiero pisar tu senda de romero

que si esta no es mi tierra, porque nací en llanura

si no por nacimiento

seré por sepultura, canario

por derecho de muerte

¡y porque quiero!

«««««««««««««««««««««««

Murió de pena mi amigo Honorio

vivía en la mar con los peces y la arena

no soportaba la imagen del Viejo Insular ni del Auditorio

porque la música, decía, es cosa de sirenas

y al equipo amarillo de su alma

lo veía siempre desde la arena

ni los coches aparcados en la Puntilla, su antiguo hogar

junto a la concha y las estrellas

Su tumba estaría abierta en el fondo, le dijeron.

Lugar para los pescadores buenos

Hundiéndose en el mar se despidió sin miedo

haciendo un agujero en la dura quilla…

Cosas de viejos locos marineros...

La mejor ovación jamás escuchada, Juanito Guedes

Ocurrió tras el descanso del partido Unión Deportiva Las Palmas – Atlético de Bilbao celebrado en septiembre de 1970, y que finalizó con empate a uno. El lleno en el Viejo Insular, como en todos los encuentros de la época de oro de las 19 temporadas consecutivas en Primera era total, absoluto.

Aquella tarde los aficionados estábamos muy ilusionados y esperanzados. Se anunció la reaparición tras largo periodo ausente de los terrenos de juego por intervención quirúrgica en el aparato digestivo del gran ídolo, el muy querido Juanito Guedes. La expectación traspasó lo inimaginable, a pesar de que en determinados círculos, el futuro del espigado baluarte amarillo no ofrecía buenos augurios, como desgraciadamente, así fue, porque, 5 meses y 13 días después, el 9 de marzo de 1971, a los 28 años, fallecía el inolvidable ídolo amarillo, cuyo sepelio como el de Tonono en 1975, todavía no han sido superado a pesar del tiempo transcurrido.

… El Atlético de Bilbao ganaba 0-1. Rosendo Hernández, a la sazón entrenador de la Unión Deportiva, se movía nervioso en el banquillo. De pronto dice alzando la voz y muy claro: ¡Juan, a calentar…! ... Lo que sucedió a continuación, han de creerme, es difícil de transmitir, de contar, porque la afición al ver a Guedes iniciando una carrerilla, de manera unánime, electrizante, todos de pié, empezó a aplaudir con tal fuerza y cariño durante no se sabe cuántos minutos entre lágrimas y besos al aire…

Ha sido sin duda, la ovación jamás igualada ni escuchada por quien les escribe ni en el Viejo Insular ni en el Gran Canaria. Y no vean la de emociones que hemos vivido en los 75 años de vida de nuestro Club…

Paco Zuppo, Manolo el Pipi y Fernando el Bandera

Tres personajes muy populares en la historia del Viejo Estadio Insular que merecen ser recordados y que formaron parte de tantas tardes felices vividas.

A la memoria me viene en primer lugar el tinerfeño con corazón amarillo Paco Zuppo al que vi por primera vez el día que logramos el primer ascenso a la División de Honor el 8 de julio de 1951. Me impresionó verlo en el centro geométrico del campo, muy bien vestido, y a modo de un consumado director de orquesta, preparar a todos los aficionados para empezar a entonar las emotivas e inconfundible estrofas del legendario...

Riqui, raca

Sin bon baca, sin bon bá

Hurrá, hurrá, hurrá

¡ Las Palmas !, ¡ Las Palmas! , ¡y nadie más!

Manolo El Pipi y Fernando el Bandera permanecen muy vivos en la memoria de los que tanto gozamos con nuestros colores; cornetín en ristre amenizaban el ambiente antes, durante y después del partido con el inconfundible riqui, raca que iniciaban en la playa de Alcaravaneras y finalizaba en el Parque Santa Catalina y Paseo de Las Canteras … ¡Qué tiempos tan bonitos!

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