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A bote pronto

Viernes gris

Liga Hypermotion | UD Las Palmas - Albacete

Liga Hypermotion | UD Las Palmas - Albacete / José Pérez Curbelo

Esta Unión Deportiva tiene mucho mérito. Y no sólo por llegar al partido contra el Albacete en tercer puesto igualada con el líder y el segundo clasificado, sino por ser capaz de superar excentricidades como pasar la semana viendo que los focos se desviaban de lo que ocurre en el césped hacia esos aledaños que solo distraen de lo trascendente. Tiene bemoles que, a estas alturas, los contenidos informativos sobre el club tengan que ver con hoteles y restaurantes, con jubilaciones (ay, los egos, el principal reto de Luis García hasta final de temporada), la renovación del entrenador y los jugadores (en noviembre, sí, ¡en noviembre!, madre mía), lideratos momentáneos o no sé cuántos récords parciales (inútiles, por tanto). Tamaño sinsentido, menos mal, no consiguió desestabilizar la eficacia amarilla. La eficiencia es otra cosa, aún pendiente. Bien hacen cuerpo técnico y casi todos los jugadores en desechar fulanismos y euforias pasajeras.

El del Albacete era un partido trampa, de esos contra rivales que no aspiran el mismo objetivo liguero, pero que te complican sobremanera si les permites adelantarse en el marcador. Casi sucedió así en los primeros minutos, con un disparo propio de Lazo desde el borde del área y con un fallo incomprensible del grancanario Jefté, solo en el punto de penalti, que se apiadó de sus paisanos.

Pero esas oportunidades y la posesión manchegas no descompusieron a esta UD, tan impermeable atrás como paciente en el resto de líneas y que juega con aparente certeza en lo que va a acabar sucediendo, con fe en la maduración de los partidos, como quien amasa pan y lo hornea. Sin pausa, sin prisa. A fuego lento, pero inextinguible.

Luis García innovó un leve giro de guion en el centro del campo, casi imperceptible, pero que le fue facilitando el control del juego. En vez de dos mediocentros y tres jugadores por delante, formó un cuadrado con Loiodice y Amatucci en los vértices retrasados, y Fuster e Iván Gil en los adelantados. Tan imperceptible que el Albacete no lo interpretó, como tampoco la asimetría con Pejiño por la izquierda delante de Clemente y la derecha desierta para las proyecciones de Viti.

Pero el primer gol, cosas del fútbol, no fue producto del juego colectivo, sino de una estrategia de córner con la que Iván Gil y Fuster desnudaron la endeblez de los blancos (23 goles recibidos en los 14 partidos anteriores) merced a un centro y cabezazo cómodos. La segunda diana al borde del descanso firmada por Lukovic a pase de Fuster pareció la sentencia temprana ante la escasez ofensiva visitante.

Pero no. El empeño en jugar mirando el retrovisor abocó a una segunda parte de taquicardia innecesaria, sobre todo después de que Morci sorprendiera con un golazo casi desde la medular a falta de 20 minutos. Para entonces, Álex Suárez había sustituido a Pejiño para situarse de lateral derecho y Viti pasar a la izquierda por delante de Clemente. Otra vez el doble lateral, repetido por la derecha cuando el ex oviedista se cambió de banda en el carrusel que provocó la entrada de Viera y Jesé. Toda una declaración de intenciones. Y de un conservadurismo a ultranza que sirvió para poco más que acabar achicando agua en un lluvioso viernes, si no negro, tampoco amarillo. Gris, más bien. O sea, que Gray Friday (con perdón). n

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