Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión | A bote pronto

Periodista y entrenador

Y salió cruz

Enzo Loiodice trata de controlar el esférico ante la oposición de Barri y Pablo. En segundo plano, Viti.

Enzo Loiodice trata de controlar el esférico ante la oposición de Barri y Pablo. En segundo plano, Viti. / LA PROVINCIA / DLP

La visita a Castellón le ha servido a la Unión Deportiva para comprobar que la eficacia no puede ser eterna. Con tan pocos alardes, el exceso de solvencia acabaría caducando. Sin hilvanar jugadas dinámicas ni adueñarse de la pelota para controlar los partidos, sino solo neutralizar las virtudes del rival y encomendarse a que los remates tropiecen en Horkas, al final no ha bastado para sobrevivir. Que esta vez desde el principio Luis García apostara por un doble lateral en el costado derecho (Park y Viti) era toda una declaración de intenciones, desde luego, no ofensivas, porque ninguno de los dos alineados ahí son de estar en ataque, sino de aparecer desde la retaguardia.

Los amarillos, que no canarios (otra vez desdeñados ayer), tienen clara la misión y el método. Agregar puntos en cada envite a costa de arracimarse delante de su portero. Lo cual no es poco, pero tampoco es más. Ni suficiente. Basta para mantenerse por la parte alta de la clasificación de esta Segunda División como lo haría un contable en su gestoría; pero sin pasión, como no lo haría cualquier futbolero pagador de un abono y camiseta oficial. Porque, si el fútbol es sólo aritmética, que lo dirijan los graduados en Ciencias Exactas. Pero, si es algo más, habrá que reivindicar (con perdón por verbo tan subversivo) la emoción.

Quien no haya visto la primera parte de la visita al Castellón, no se ha perdido nada que no hubiese presenciado en las anteriores salidas de la UD, milagrosamente invicta como visitante hasta llegar a Castalia. Prietas las filas en campo propio y patadones a ver si Lukovic, más solo que un náufrago, logra bajar alguna pelota de cara a un compañero para iniciar una contra desde tres cuartos de campo que pille descolocado al rival. Sin más. Sin hilar más de tres pases consecutivos. Sin acciones combinativas. Sin proactividad. Mero ejercicio de agazaparse y reaccionar.

Así, partido tras partido en la Península, los rivales van acumulando posesión, dominio del juego (que no es lo mismo) y ocasiones que Horkas va tramitando a base de abrir brazos y piernas cual portero de balonmano, sabedor de la escasa puntería de la mayoría de delanteros de la categoría. Eso ocurrió ayer en la primera parte en sucesivos intentos de Mabil, Beñat y Cámara con los que el Castellón transparentaba su guion elemental: juego a bandas para centrar en busca de remates. Por cierto, con un Cala indetectable para los mediocentros amarillos, pero sin mayores daños que los sustos. Evidenciaba así el equipo local por qué era de los más flojos de la categoría en casa (el decimocuarto antes de esta jornada), con solo 3 victorias frente a 3 empates y 2 derrotas.

No extrañó, por tanto, que Pablo Hernández cambiase a dos centrocampistas apenas iniciada la segunda parte, un mediocentro y un interior, ni que posteriormente variase el diseño táctico para inclinarlo hacia la puerta de la UD, multiplicando ocasiones de gol, incluido un remate al palo como aviso del previsible gol de Isra Suero. Pretender que Viera y Jesé ejerciesen como revulsivos fue solo un ejercicio de melancolía. Esta vez no bastó el retrovisor con el que juegan los amarillos esta temporada. Esta vez, de tanto reojo, no vieron la moneda al aire. Y salió cruz.

Tracking Pixel Contents