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A bote pronto

Lunes de bostezo

A Carlos Fernández se le ocurrió desde su propio campo meter un gol como el de Morcillo con el Albacete en el anterior partido en el Gran Canaria, lo que evidencia que aquí ya nos conocemos todos. Y Horkas, descoordinado, sacó el brazo fuera del área. Es lo que tiene la relajación.

Futbol. UDLP- Mirandés  | 08/12/2025 | Fotógrafo: José Carlos Guerra

Futbol. UDLP- Mirandés | 08/12/2025 | Fotógrafo: José Carlos Guerra / José Carlos Guerra / LPR

Martín Marrero

Martín Marrero

A estas alturas, si un equipo como el Mirandés figura penúltimo y es el más goleado de Segunda, será por algo. Si la Unión Deportiva transita por la zona que da derecho a la promoción de ascenso y es el conjunto menos goleado, también será por algo. Si Viera es titular en un trámite de este nivel, igualmente a nadie puede extrañarle, máxime después de quejarse de su falta de protagonismo, pura nostalgia. Una titularidad tan forzada que, cuando Horkas comete una insensatez con roja incluida, Luis García no duda un instante en quién ha de ser el damnificado. Esa anomalía de verse con uno menos en el minuto 38 hizo que el pronóstico de un partido abocado a una obligada victoria saltara por los aires. Un lunes a priori plácido derivó en un lunes de esos a eliminar del calendario. Un festivo sin nada que festejar.

Venían los amarillos escaldados por su primera derrota como visitantes en un encuentro, el de Castellón, que debió haber servido para reflexionar. La principal incógnita era calibrar la capacidad para reponerse del traspié, doloroso más por el cómo que por el porqué. Pues no. No fueron capaces de despejar la incógnita, sin que sirva de eximente, ni tan siquiera atenuante, la expulsión del portero. Todo lo más, una coartada circunstancial.

Las Palmas encaró el partido como suele. Pases y más pases siempre a un ritmo tedioso da igual que esté en la zona de inicio, creación o finalización. El pulso de la contienda solo se alteraba con alguna excursión de Mármol favorecida por el encierro de los once jugadores jabatos en su parcela, hasta tal punto que los despejes en largo se convertían en pases cómodos a los centrales amarillos. Así, entre bostezos, a Carlos Fernández se le ocurrió desde su propio campo meter un gol como el de Morcillo con el Albacete en el anterior partido en el Gran Canaria, lo que evidencia que aquí ya nos conocemos todos. Y Horkas, descoordinado, sacó el brazo fuera del área. Es lo que tiene la relajación.

Ya había avisado el Mirandés con un gol anulado a los 25 minutos tras encadenar toques en las narices de la UD. Y puso un nudo en la garganta a los locales con un remate que Barcia repelió con el brazo dentro del área, el árbitro vio penalti y el VAR dio un respiro. Secuencias, todas, inauditas ante la diferencia clasificatoria entre los contendientes.

Los más ilusos confiaban en que el descanso sirviera para cambiar el trámite. Pero no. Todo siguió sorprendentemente igual. Tan solo el entrenador visitante se mostró disconforme con el empate y apostó por la victoria con dos cambios claramente ofensivos en el 57, mientras que la reacción de Luis García cinco minutos después se limitó a quitar a Fuster (principal asistente de la plantilla) para poner a Viti, o sea, otra vez doble lateral por la derecha, y a retirar a Pejiño renunciando a la profundidad zurda con la inclusión de Iván Gil para cerrar aún más por el medio. No hubo otras decisiones que buscasen desnivelar el empate. Testimonialmente en el 88 Jesé apareció (es un decir) en lugar de Lukovic después de que Bauzà merodeara el 0-1 con un cabezazo que se acercó al palo derecho de Caro y a lo que hubiese sido la pesadilla local en un lunes de bostezo.

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