UD LAS PALMAS
La tarde de perros de los 'perfectos' en la UD Las Palmas
Los amarillos ven roto su idilio con el rigor defensivo y acaban recibiendo, por primera vez en lo que va de temporada en competición liguera, más de un gol en un partido. La zaga insular, que hasta ahora había rendido a un nivel estelar, vivió su jornada más oscura ante el caos provocado por el Racing

Los jugadores de Las Palmas caminan cabizbajos tras recibir uno de los cuatro goles que anotó el Racing. / LOF

Tarde para olvidar. Día duro en una oficina que hasta ahora siempre ha estado realmente bien ordenada, pero en la que hoy apareció un vendaval que se llevó por delante todo lo que estaba meticulosamente bien colocado. Las Palmas pagó con creces los primeros platos rotos de esta temporada y en El Sardinero se acabó el idilio grancanario con el rigor, ya que el Racing de Santander desnudó la muralla amarilla para endosarle una goleada nunca vista antes este curso. Los cántabros se han convertido en el único equipo de esta Segunda División en ser capaz de marcarle más de un gol a la UD, al aprovechar la falta de contundencia visitante y un plus de energía para el que los de Luis García no tuvieron respuesta; después del descanso, el campo se fue inclinando en favor de los hombres de José Alberto López y, cuando olieron sangre, no dudaron en agarrarse al cuello de su adversario.
Durante toda esta campaña, el conjunto insular ha demostrado tener una capacidad defensiva de récord, merced a un sistema perfectamente diseñado con una línea de tres zagueros algo atípica. Con Enrique Clemente ejerciendo de lateral izquierdo, asumiendo también labores de central, la fortaleza resultaba clara: el bloque compacto atrás marcaba el camino. Son muchos los equipos que han tratado de detectar las debilidades de esa línea del terreno de juego, esa parcela difícil de conquistar, con Barcia y Mika como estandartes constantes de la corrección, así como de la anticipación. Con ese escenario, han llegado victorias importantes, puntos de oro y una inmaculada trayectoria que les llevó hasta Santander para jugarse, mano a mano, el liderato con un Racing que llegaba a la cita como el máximo goleador de toda la categoría. Era una prueba de fuego de máxima notoriedad en la que no hubo reacción.
Hasta esta tarde, los grancanarios solo habían recibido 13 tantos en 21 jornadas, unos guarismos que reflejan una media de 0,6 goles encajados por encuentro. Esa había sido la gran virtud de la obra isleña en esta campaña en busca del ascenso, aunque la realidad los devoró sobre el césped de El Sardinero, encajando cuatro dianas en apenas 43 minutos, entre el 28 y el 71 de partido. Quitando el segundo tanto racinguista, en el que hubo algo de mala suerte pero en el que falla Suárez, el resto llegan ante la falta de atención o de intensidad. En el primero, Barcia falla, Manex se desmarca y Mika Mármol no está del todo contundente; en el tercero, de nuevo el catalán pierde un duelo clave por alto en el que Barcia no está del todo bien colocado es incapaz de llegar a frenar a Camara, mientras que en el último la pasividad, de nuevo con Suárez en la foto provocó que Iñigo Vicente conectase un disparo que terminó de hundir a Las Palmas en una jornada tan señalada. En ese sentido, el hecho de tener la línea defensiva tan adelantada conlleva ciertos riesgos que el Racing supo aprovechar. Tampoco estuvo fino Enrique Clemente en uno de sus peores partidos del año.
Dominio racinguista también en la medular
A todo eso se le sumó el caos y el vértigo que le imprimió al encuentro el cuadro cántabro en un centro del campo que dominó cuando el choque entró en ese momento de rock & roll, ajustando rápido, dando vuelo a sus recuperaciones, ganando duelos en zonas de peligro y obligando a la UD a esforzarse de más en el repliegue. Con ese contexto, los amarillos se marearon y perdieron el control, hasta el punto de que pudo llevarse un resultado algo más abultado. En ese cuerpo a cuerpo, faltó igualar la energía y el ímpetu del rival, una cuestión fundamental en este tipo de partidos en los que solo hay en juego una victoria, pero de esas que valen algo más por el escenario, el contrario y el momento de la temporada. Haber ganado o empatado hubiese sido vencer en la batalla del golaverage a un equipo que, a buen seguro, va a estar en la parte alta de la clasificación a final de temporada, cuando llegan de verdad las finales. Por tanto, Las Palmas perdió una buena oportunidad.
No obstante, es evidente que durante la primera mitad la UD estuvo bien y se sostuvo. A pesar de ello, lo acontecido hoy en El Sardinero debe suponer un aprendizaje para la escuadra de Luis García, pensando en todo lo que está por venir. Si no se está al nivel adecuado y se cometen errores de más, la factura sale carísima para cualquiera en una liga que no perdona a nadie, aunque sí que da bastantes oportunidades. Y ese es el punto al que deben agarrarse los amarillos, porque a falta de 20 jornadas para finalizar el curso hay margen para equivocarse, pese a que duela. Tocará aprender.
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