Opinión | A bote pronto
Desarmados

Desarmados / Agencia LOF
Dos minutos, el primero y el segundo, bastaron al Eibar para enseñar sus armas. Pero fueron insuficientes para que el equipo insular se percatara, ni desde el terreno de juego ni, lo que es peor, desde la zona técnica. Insuficientes esos dos minutos y los 93 restantes. Las armas: acciones laterales a balón parado, en su mayor parte inauditamente saques de banda, y robos en zona de tres cuartos para buscar con velocidad bandas, centro y finalización. Un plan de partido, por cierto, nada novedoso en el conjunto armero y muy primario, pero eficaz gracias a una fragilidad defensiva de Las Palmas disimulada durante la temporada por el milagroso Horkas, cuyas paradas inconcebibles ya no dan para la cantinela de ser el equipo menos goleado de la categoría ni, por supuesto, agarrarse a la zona de ascenso.
Pues, por si no había quedado claro, en el minuto 16 un saque de banda con peinada en el primer palo y remate en el segundo, facilitó el 1-0 de Ander Madariaga sin que los jugadores amarillos lo entendieran ni nadie se lo explicara desde el banquillo. El empate inmediato de Fuster (qué pena haberlo desperdiciado más de media temporada atado a una banda) en una contra, cómo no, fue solo un espejismo ante la ceguera táctica de la UD. Un minuto después le anulaban un gol a Javi Martón por milímetros tras una recuperación eibarresa, centro y cabezazo. Cómo no. Así de simple. Así de irritante.
De tanto practicar, el delantero acabó firmando el 2-1 a la media hora en otro centro lateral, esa vez raso y al área chica. En los momentos anteriores, el equipo de Luis García había detectado en ataque que la debilidad local estaba en las diagonales rápidas a los costados, dada la fijeza de una defensa con tres centrales que solo duró hasta el descanso, cuando Beñat San José, entrenador capaz de interpretar el juego para corregirlo, varió a una línea de cinco defensores y ahí apagó la llama de la ilusión insular. Se podrá recurrir a la manida excusa de la falta de puntería, lo que supone señalar a Ale García, Miyashiro y Jesé, que tuvieron oportunidades de igualar el encuentro antes de la mitad. Pero pretender que la derrota haya sido solo por ese factor aleatorio muestra un intento inútil de esconder otras muchas carencias, ya crónicas. Es injusto reprochar algo a unos jugadores cuyo porcentaje de eficacia en esta temporada ha estado por encima de lo normal en Segunda.
Por contra, Javi Martón sentenciaba al borde del descanso al convertir en gol otro centro raso tras controlar en solitario un balón dentro del área. Sí, solo. Y como casi siempre sucede con esta UD, la segunda parte no sirvió para nada, pese a las dificultades del Eibar para defender balones aéreos hasta en acciones frontales. Incluso todo pudo ser peor y acabar en goleada si Horkas no obra otro milagro en el epílogo a remate ventajoso de Álvaro Rodríguez.
Con todo, lo peor no es la foto de este último partido, sino la secuencia de los últimos diez: solo tres victorias, frente a cuatro empates y tres derrotas. 13 puntos de 30 disputados. Ipurúa no ha sido la única bala perdida.
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