Opinión

Periodista deportivo
La cantera de la UD Las Palmas: promesa constante, realidad intermitente

Manteo aJuan Carlos Valerón, en la penúltima jornada de la 15-16, en su adiós al fútbol profesional ante el Athletic. / LA PROVINCIA / DLP
Luis García sostiene un discurso coherente en torno a la cantera: apuesta por ella, pero desde la paciencia, la prudencia y el contexto competitivo. Rechaza la idea de hacer debutar a jóvenes por simple gesto simbólico -para «cumplir» o apuntarse el tanto- porque entiende que eso no garantiza ni continuidad ni crecimiento real. En su planteamiento, el canterano debe integrarse de forma progresiva, asumir el salto de exigencia y ganarse el sitio en el día a día. No hay atajos que sirvan.
El técnico reconoce, además, una realidad incuestionable: no todos los futbolistas están preparados para competir de inmediato en el primer equipo. El salto es grande, y forzarlo puede ser contraproducente. En esa línea, introduce la comparación con el Málaga, donde la irrupción de jóvenes ha respondido más a una necesidad económica que a una planificación estructural. En Las Palmas -defiende-, el proceso debe ser natural: los jugadores tienen que «tirar la puerta» para jugar.
Sin embargo, el debate no puede quedarse solo en el discurso. Porque en la UD Las Palmas la cantera no es un recurso más: es identidad. Basta repasar nombres -en su inmensa mayoría grancanarios- que han definido una manera de entender el fútbol en la Isla: Guedes, Germán, Tonono, Castellano, León, Pepe Juan, Juani, Saavedra, Orlando, Socorro, Robaina, Guayre, Jorge, Ángel, Valerón, Momo, Aythami, Nauzet Alemán, Viera, Vitolo y, más recientemente, Pedri, Coco o Moleiro. Todos ellos pusieron el sello distintivo del futbolista creativo, técnico y talentoso que diferencia al jugador canario del resto.
Ahí es donde surge la reflexión crítica. A lo largo de su historia, Las Palmas ha acudido a la cantera muchas veces por necesidad, y también se ha visto obligada a vender ese talento con rapidez por el mismo motivo. Hoy, sin embargo, el contexto es distinto. La exigencia del ascenso condiciona las decisiones y empuja al club a mirar más al mercado que a la base. No es tanto una cuestión de fe en la cantera como de confianza en la camada actual.
Y, en ese punto, Luis García queda, en cierto modo, al margen de la raíz del problema. Su discurso es defendible desde la lógica del entrenador que debe competir y ganar. Pero la cuestión de fondo es otra: ¿está la cantera produciendo futbolistas preparados para sostener el proyecto? ¿O se ha roto, en algún punto, esa cadena que convertía el talento en jugadores capaces de liderar y consolidar el primer equipo?
No es una crítica directa, sino una invitación a la reflexión. Porque si la cantera es identidad, también debe ser presente y futuro. Y quizá el club deba empezar a preguntarse si quienes tienen la responsabilidad de hacerla crecer están cumpliendo con ese legado... o si, como ocurre en el fútbol, tienen fecha de caducidad.
La derrota en Málaga (2-0) dejó una lección de la que se debería aprender, sin mirar hacia otro lado: confiando en la cantera se pueden conseguir grandes cosas. Las Palmas avergüenza a la suya; y cuando se desprecia lo propio, el castigo siempre termina llegando.
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