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Opinión

Pedro García

Pedro García

Periodista deportivo

Las Palmas de Gran Canaria

La cantera de la UD Las Palmas: promesa constante, realidad intermitente

Manteo aJuan Carlos Valerón, en la penúltima jornada de la 15-16, en su adiós al fútbol profesional ante el Athletic.

Manteo aJuan Carlos Valerón, en la penúltima jornada de la 15-16, en su adiós al fútbol profesional ante el Athletic. / LA PROVINCIA / DLP

Luis García sostiene un discurso coherente en torno a la cantera: apuesta por ella, pero desde la paciencia, la prudencia y el contexto competitivo. Rechaza la idea de hacer debutar a jóvenes por simple gesto simbólico -para «cumplir» o apuntarse el tanto- porque entiende que eso no garantiza ni continuidad ni crecimiento real. En su planteamiento, el canterano debe integrarse de forma progresiva, asumir el salto de exigencia y ganarse el sitio en el día a día. No hay atajos que sirvan.‬

El técnico reconoce, además, una realidad incuestionable: no todos los futbolistas están preparados para competir de inmediato en el primer equipo. El salto es grande, y forzarlo puede ser contraproducente. En esa línea, introduce la comparación con el Málaga, donde la irrupción de jóvenes ha respondido más a una necesidad económica que a una planificación estructural. En Las Palmas -defiende-, el proceso debe ser natural: los jugadores tienen que «tirar la puerta» para jugar.‬

Sin embargo, el debate no puede quedarse solo en el discurso. Porque en la UD Las Palmas la cantera no es un recurso más: es identidad. Basta repasar nombres -en su inmensa mayoría grancanarios- que han definido una manera de entender el fútbol en la Isla: Guedes, Germán, Tonono, Castellano, León, Pepe Juan, Juani, Saavedra, Orlando, Socorro, Robaina, Guayre, Jorge, Ángel, Valerón, Momo, Aythami, Nauzet Alemán, Viera, Vitolo y, más recientemente, Pedri, Coco o Moleiro. Todos ellos pusieron el sello distintivo del futbolista creativo, técnico y talentoso que diferencia al jugador canario del resto.‬

Ahí es donde surge la reflexión crítica. A lo largo de su historia, Las Palmas ha acudido a la cantera muchas veces por necesidad, y también se ha visto obligada a vender ese talento con rapidez por el mismo motivo. Hoy, sin embargo, el contexto es distinto. La exigencia del ascenso condiciona las decisiones y empuja al club a mirar más al mercado que a la base. No es tanto una cuestión de fe en la cantera como de confianza en la camada actual.‬

Y, en ese punto, Luis García queda, en cierto modo, al margen de la raíz del problema. Su discurso es defendible desde la lógica del entrenador que debe competir y ganar. Pero la cuestión de fondo es otra: ¿está la cantera produciendo futbolistas preparados para sostener el proyecto? ¿O se ha roto, en algún punto, esa cadena que convertía el talento en jugadores capaces de liderar y consolidar el primer equipo?‬

No es una crítica directa, sino una invitación a la reflexión. Porque si la cantera es identidad, también debe ser presente y futuro. Y quizá el club deba empezar a preguntarse si quienes tienen la responsabilidad de hacerla crecer están cumpliendo con ese legado... o si, como ocurre en el fútbol, tienen fecha de caducidad.‬

La derrota en Málaga (2-0) dejó una lección de la que se debería aprender, sin mirar hacia otro lado: confiando en la cantera se pueden conseguir grandes cosas. Las Palmas avergüenza a la suya; y cuando se desprecia lo propio, el castigo siempre termina llegando.

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