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Paseo de la UD Las Palmas sobre las ruinas del Cádiz

El conjunto insular vence con dos goles de Kirian pero no convence a la afición en un partido contra un Cádiz en caída libre

Martín Marrero

Martín Marrero

Las Palmas de Gran Canaria

Todo lo que no fuese una victoria habría sido inadmisible y casi irreversible. Así que otro trámite, no más, cubierto frente a un rival de la clase media-baja de la categoría. Desde luego, el calendario se ha convertido en aliado para la recta final de la temporada. Ni pedido a la carta. Pero con tanto a favor, las incógnitas persisten porque se cumple el tópico del equipo que vence, pero no convence. Y este es un factor imposible de expresar en números ni hay algoritmo que lo cuantifique. Claro, porque el fútbol va más allá de los datos, esos a los que es tentador agarrarse cuando no quedan emoción ni identidad.

El Cádiz comparecía en proceso de autodestrucción tras fichar a la desesperada a su tercer entrenador de la temporada, Idiakez, tras los despidos de Gaizka Garitano y Sergio González. Solo sumaba una victoria y un empate frente a 13 derrotas en las últimas 15 jornadas, con 8 goles a favor y 28 en contra que desnudaban a un equipo histórico en caída libre hacia 1ª RFEF. En el Nuevo Mirandilla la última vez que había ganado se remontaba al 9 de enero (jornada 21). Sólo Mirandés, Zaragoza y Leonesa son peores en casa y eso ya no es casualidad. Por tanto, la visita de los insulares la concebían a vida o muerte. Mala cosa.

Para abatir a un rival tan débil, Luis García, tan inflexible y conservador, solo cambió a Park por Viti respecto a la última alineación. Más de lo mismo, insuficiente en el arranque del partido, con una salvada de Horkas (y van…) que dio lugar a un saque de esquina a cargo de Suso que el conjunto amarillo se comió en favor de Joaquín. El ex del Liverpool, Milán y Sevilla, a sus 32 años, resultó indescifrable para el armazón defensivo insular durante toda la primera mitad y parte de la segunda, como si fuese un desconocido. La indolencia volvía a pasar factura.

Menos mal que Kirian lo arregló con un chutazo lejano, gracias a un robo en tres cuartos y finalización rauda. Ese recurso, los contragolpes y las acciones a balón parado son las armas más eficaces en ataque. En juego elaborado, la lentitud de circulación y los pases al pie reducen la posesión de balón a un mero porcentaje intrascendente. No hubo más sobresalto antes del descanso que un nuevo paradón de Horkas tras el enésimo pase envenenado de Suso, otra vez en conexión con Joaquín.

En la segunda parte prosiguió el rosario de pérdidas de balón que Kirian interrumpió con su segundo tanto tras un desajuste inaudito del Cádiz a la contra con un simple pase en largo de Clemente a Fuster. Lo dicho, los contragolpes como recurso. Poco antes Park había entrado por Pedrola, indignación incluida, para jugar con doble lateral por la derecha, pero eso no es ser defensivo, según su entrenador. De nuevo, el retrovisor.

El 1-2 dio paso a la habitual congelación de juego insular, lo que hizo crecer la ilusión local, aunque de modo ineficaz dadas las ruinas a que ha quedado reducido un club de solera.

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