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A bote pronto

Querer para poder

La UD Las Palmas exhibe su potencial real solo cuando se ve con la clasificación comprometida, demostrando una capacidad que no ha plasmado de forma constante durante la temporada

Un lance del partido de la UD Las Palmas ante el Almería

Un lance del partido de la UD Las Palmas ante el Almería / LOF

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Martín Marrero

Martín Marrero

La victoria en el UD Almería Stadium deja una conclusión y una pregunta, igual de trascendentales. La conclusión, que hay equipo para más, mucho más, de lo que indica la clasificación; pero que ha estado lastrado por jugar con el retrovisor. La pregunta, que por qué hace falta verse perdido para demostrar su capacidad real, como ocurrió solo durante veinte minutos, entre el 60, cuando recibió el 1-0, y el 80, cuando remontó hasta el 1-2. El triunfo, en consecuencia, deja un regusto de amargura por lo que pudo haber sido durante la temporada y lo que es a falta de dos jornadas, sin depender de sí mismos y pendientes de que los rivales por el ascenso, menos un Racing que ya está en Primera, sigan fallando; sí, como escopetas de feria. Ha faltado querer para poder sin necesidad de aferrarse a unas matemáticas que siguen insinuando la opción del ascenso directo por remota que sea.

Solo Luis García y sus jugadores podrán explicar por qué regalaron 60 minutos al Almería, como en anteriores partidos a otros rivales. Y es que la primera parte vino a confirmar las diferentes propuestas del equipo rojiblanco y Las Palmas. Uno, dominador y vertical; otro, timorato y horizontal, salvo con pelotazos en largo sin mordiente. Uno, capaz de hilvanar pases por el medio con rapidez para despejar las bandas, profundizar al primer toque y buscar remates; otro, incapaz de encadenar tres pases, todos al pie por falta de movilidad, lento y que renuncia a la profundidad por bandas para acabar en un estrechamiento fácilmente defendible. En la salida de balón, la ausencia de Barcia y el empecinamiento en que sean los centrales quienes elaboren invita a que el rival cierre a Mika, consciente de las dificultades de su pareja (ayer Álex Suárez). Mientras, es norma habitual que Amatucci, Kirian y Fuster reciban, cuando lo hacen, de espaldas al campo rival, con lo que repiten una y otra vez pase hacia atrás, sobre todo el italiano, previo al patadón para que Jesé intente desviar de cabeza, suerte que nunca ha sido la suya. Así, las probabilidades se limitan a acciones aisladas bien a balón parado, bien a la contra, o a asumir el protagonismo cuando todo se ve perdido y, entonces, comprobamos que esta UD es capaz de jugar con ambición, dinamismo e ilusión, conceptos que rara vez y solo a ratos ha plasmado en el césped durante esta Liga. Porque el cómo acaba facilitando el qué.

Todo ello explica que los amarillos no jugaran, sino sufrieran, antes del descanso. Y que siguieran igual hasta el primer cuarto de hora de la reanudación, cuando el Almería se adelantó porque ya Horkas no pudo hacer el tercer milagro del partido. El gol de Embarba fue el desatascador del juego insular y el bloqueo del almeriense. De perdidos, al río, debieron pensar los de Luis García. Pero los hábitos son los hábitos. Una vez cuajado el 1-2, vuelta a las trincheras, a sufrir el asedio local. Es la diferencia con el Racing, el mejor equipo de la categoría gracias a que su ambición es incondicional y el fútbol, más justo y menos azaroso de lo que se cree, lo ha premiado. Las Palmas, gracias a la vulnerabilidad de los demás, aún está a tiempo. Pero hay que querer. De verdad. No de boquilla. En el campo. No en la sala de prensa.

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