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Viera, el último de una especie que ya no se fabrica

Lo más difícil ahora será asumir que su nuevo camino ya no le llevará a Barranco Seco ni al Estadio de Gran Canaria, que sus botas quedarán en la taquilla y que será su legado el que continúe marcando el paso de los que vienen detrás

Jonathan Viera, en un lance ante el Deportivo.

Jonathan Viera, en un lance ante el Deportivo. / LP/DLP

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Pedro García

Pedro García

Las Palmas de Gran Canaria

Jonathan Viera está a las puertas de su último pase. Y, acto seguido, como corresponde, deberá recibir su última ovación del público del Estadio de Gran Canaria. Se acerca el momento en el que, por última vez, defenderá la camiseta amarilla, y el homenaje debe empezar este domingo frente al Real Zaragoza. Se lo merece.

Tomó el testigo del ‘21’ de Juan Carlos Valerón, el más grande de los referentes de la cantera canaria, pero se marcha sin dejar heredero. No hay réplica. Es el último de una especie que ya no se fabrica, una preocupación para el futuro inmediato.

El fútbol de formación en la UD Las Palmas debe seguir en la búsqueda de ese futbolista de la calle, en peligro de extinción, que por ahora no aparece. Mientras llega —si es que llega—, solo quedará el recuerdo de Viera y todo el talento, el cariño y la magia que ponía con el balón en los pies.

Jonathan Viera siempre fue rebeldía, dentro y fuera del campo. En sus inicios frenó un traspaso que el club tenía apalabrado con el Granada por tres millones de euros porque entendía que el momento debía elegirlo él. Así forjó su manera de ser y su carácter competitivo. Paco Jémez lo hizo debutar, aunque Sergio Kresic ya había advertido antes de sus cualidades. Desde entonces, su fútbol —esa mezcla de magia, pausa y descaro— terminó por enamorar a todos.

Fue un líder comprometido con el escudo, un capitán que defendió el vestuario, que nunca se escondió y que representó a esos jugadores distintos, difíciles de encajar en los moldes habituales. Siempre dijo lo que pensaba y, cuando fue necesario, salió en defensa de sus entrenadores, incluso en los momentos en los que los resultados no acompañaban.

Un futbolista con casi trescientos partidos con la UD Las Palmas, con goles, asistencias, ascensos y dos traspasos —Valencia y Beijing Guoan— que también ayudaron a la economía del club. Pero Viera nunca dejó tirado a su equipo cuando se le necesitó. Lo más difícil ahora será asumir que su nuevo camino ya no le llevará a Barranco Seco ni al Estadio de Gran Canaria, que sus botas quedarán en la taquilla y que será su legado el que continúe marcando el paso de los que vienen detrás.

En su cabeza seguirá viviendo el fútbol de un genio, de esos peloteros de la calle que cada vez se ven menos y que solo futbolistas como él saben interpretar. El fútbol llorará la despedida de Viera. Gracias por hacer feliz a la afición amarilla y al fútbol en general, gracias por convertir el juego en arte, gracias por ser como eres. Viera, contigo el fútbol fue otra cosa.

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