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Mensaje de la UD Las Palmas al Dépor: Moitas graciñas

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Martín Marrero

Martín Marrero

Si de bien nacidos es ser agradecidos, Las Palmas ha contraído una deuda con el Dépor por regalarle la promoción como plan secundario después de no haber ejercido el derecho a subir directamente, que era de lo que se trataba. O parece que no si uno hace caso a Luis García, que se expresa encantado ante la ruleta de cuatro partidos más en el mejor de los casos, con un desembolso en taquilla que la afición podría haberse ahorrado. Pero es lo que tiene la ambición insuficiente, clara en el terreno de juego y ratificada esta misma semana cuando el técnico discrepaba de Kirian en cuanto a si sería un fracaso o no seguir en Segunda. La diferencia: uno es foráneo y, por tanto, está de paso, mientras que el otro es canario y milita en el club de su vida.

Que Antonio Hidalgo alinease a solo dos titulares (Ximo Navarro y Mario Soriano) enmienda su historial de rivalidad con la UD mientras estuvo en el Tenerife. Que el grancanario Yeremay, uno de los mejores jugadores de Segunda y el de más proyección, no jugase fue un alivio. Los blanquiazules llegaron a Riazor previa fiesta por la ciudad que prosiguió en el estadio. Por eso, un equipo sin tensión competitiva y jugadores inusuales vio con indiferencia cómo Kirian aprovechaba un agujero por el centro para marcar el 0-1, y cómo diez minutos después permitía que Park metiera el gol de su vida desde fuera del área, tal era la indolencia local.

Todo parecía decidido pronto y con expectativa de goleada. Hasta la grada empezó a corear el nombre de Valerón. Menuda fiesta. El resultado le daba igual a los aficionados por la imposibilidad ya de ser campeones. Pero, siempre el mismo pero, los amarillos fueron desvaneciéndose de manera que al Dépor no le quedó más remedio que atacar. Así, Cristian Herrera asistía a Zakaria Eddahchouri para facilitar el 1-2 y poco después avisó rozando el larguero en una jugada excelsa. Entonces, los amarillos se convirtieron en un flan. Tanto que hasta empezaron a perder tiempo, como Park al sacar de banda. Ay, la ambición. Otra vez esquiva.

Tras el descanso, los amarillos parecieron apostar por el ataque. Solo parecieron. Por parte deportivista, Cristian Herrera seguía siendo la principal amenaza, primero, en una combinación que acabó en las narices de Horkas y después, con un cabezazo ante el que el croata volvió a milagrear. Ya había que cruzar los dedos para que no entraran Yeremay, Luismi Cruz, Mulattieri, Nsongo, Quagliata o Diego Villares. A los suplentes blanquiazules les bastaba con muy poco para controlar el juego, aunque sin mordiente, hasta que Jesé se fue solo, pero se lió frente a Parreño. Pese al error, el camino hacia el tercer gol quedaba definido: transiciones veloces ante la falta de intensidad rival. Pues ni así.

Era muy improbable el empate por la relajación de los ascendidos, tan clamorosa como en la ocasión perdonada por Stoichkov. Mientras, Luis García renunciaba, más aun, a las bandas y la velocidad al retirar a Pedrola en favor de Viera. De nuevo, el retrovisor. Infinidad de pases al pie sin verticalidad. Posesión sin más y parsimonia para no variar.

La victoria, descafeinada, apenas da para conformarse con el quinto puesto. Ahora toca sacar el manual tribunero de apelaciones a la afición y bajada por Fondos del Segura. Todo prescindible de haber hecho antes los deberes, como el Dépor y el Racing, los mejores con diferencia. Por ambición. Menos en la fiesta deportivista y menos mal. Moitas graciñas.

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