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El Málaga como espejo

El primer modelo, de juego y de gestión, crea identidad y llena estadios; el segundo, desdibuja la historia, ahueca y enfría gradas

El Málaga celebra su regreso a Primera División tras su victoria contra el Almería

Javier Vendrell Camacho

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Martín Marrero

Martín Marrero

Las Palmas de Gran Canaria

La Segunda División ha quedado clausurada este fin de semana con el merecidísimo ascenso a Primera del Málaga, rival de la UD en la semifinal de la promoción. Después de 42 partidos de Liga regular más cuatro de promoción, no hay casualidades, sino causalidades (lo que hace un intercambio de letras). Los elogios al club boquerón ahora se mueven entre la obviedad y el ventajismo. El éxito como razón absoluta y el fracaso como condena inapelable. Y es que, ya se sabe, el triunfo deslumbra y el fracaso oscurece. Si alguna conclusión quiere extraerse del ascenso del Málaga, no debiera verse como un fogonazo, como una foto, sino como la consecuencia normal de una suma de decisiones, de una secuencia, guiadas por un método.

Dos modelos frente a frente

Por aquí quedó publicado hace semanas que los partidos entre el Málaga y la UD enfrentaban dos modelos de juego y gestión, más que a dos equipos. En cuanto al juego, porque los blanquiazules han tenido como prioridad el ataque planificado y la posesión vertical del balón, mientras que los amarillos ejercían con retrovisor y confiados a las individualidades. Respecto a la gestión, el club andaluz apuesta de verdad por la cantera, con casi una quincena de jóvenes, trece de ellos ya renovados, y con un entrenador forjado en la Academia Málaga C.F. al que dieron el timón cuando en la jornada 14 estaban igualados con los puestos de descenso y, a partir de entonces, fueron el mejor equipo de la categoría. Por contraste, en el club amarillo los jóvenes canteranos no llegan al primer equipo, ni tampoco los entrenadores de la casa. Aparte de los resultados, opuestos en esa comparación, el primer modelo, de juego y de gestión, crea identidad y llena estadios; el segundo, desdibuja la historia, ahueca y enfría gradas. Es la diferencia entre la luz corta y la larga. Es el debate entre el qué y el cómo. El todo da igual, así se gane con gol manual o de penalti injusto en el último minuto, frente al estilo como camino para llegar a la meta. Entre ser el menos goleado o el más goleador. Racing, Dépor y Málaga han destacado por ser los más realizadores, aun a costa de recibir muchos goles (el campeón, más que el colista), algo que no solo les ha conducido a Primera, sino que ha abarrotado sus estadios porque el fútbol sin espectáculo ofensivo, sin emotividad, es una hoja de contabilidad, una pitada colectiva.

Cambiar de paradigma

El ejemplo de esta temporada debiera servir para cambiar de paradigma, para dar un volantazo y apostar por una cantera que identifique a la afición y por un entrenador cuyo modelo de juego haga vibrar al Gran Canaria. Cuesta pensar que en la base del Málaga haya decenas de jugadores de alto nivel y en la de Las Palmas, no. La otra opción es la continuidad en espera del sonido de la flauta, o sea, un enésimo proyecto con una quincena de bajas y otras tantas importaciones como mínimo. Un año más el desfile de fichajes que, como también ha quedado escrito por aquí, se ponen la bufanda en el Aeropuerto, besan el escudo y se van con más pena que gloria. Para disimular, media docena de filiales a los que se engolosina con la pretemporada y acaban como cebos de la campaña de abonados porque, en el mejor de los casos, apenas los veremos unos minutillos finales.

Qué conmovedor ha sido ver a los pibes del Málaga, no solo canteranos, sino nacidos en la tierra, llorar por estar viviendo sus sueños infantiles junto a un entrenador paisano suyo. Eso tiene tanto valor que no tiene precio. Es la diferencia entre la cantera y el mercenarismo. El espejo no engaña. Solo hay que mirarlo.

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