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La conexión de por vida de Rubén de la Barrera con Yeremay Hernández: «Como entrenador era la hostia»

El preparador gallego, que dirigió al Dépor en dos etapas distintas, fue quien consiguió que el futbolista grancanario se terminase de asentar en Coruña y el que más confió en su talento: «Apostó por mí y fue el primero que me subió al primer equipo. Su idea de juego también me flipaba», aclara el crack isleño en una entrevista

Yeremay Hernández, a la izquierda, recibe órdenes de Rubén de la Barrera en un entrenamiento en Abegondo.

Yeremay Hernández, a la izquierda, recibe órdenes de Rubén de la Barrera en un entrenamiento en Abegondo. / Deportivo de A Coruña

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Cristian Gil Fuentes

Cristian Gil Fuentes

Las Palmas de Gran Canaria

Una conexión de por vida. Una apuesta con acento grancanario y por el talento insular. Rubén de la Barrera, el nuevo entrenador de la UD Las Palmas, aterriza en el club amarillo con la premisa de que su estilo de juego encaja sin ningún tipo de problema con la filosofía que tanto gusta en la entidad y en el graderío del Gran Canaria. Su libreto casa a la perfección con el exquisito paladar que existe en la Isla y el tipo de futbolista que sale de territorio insular con bastante normalidad, una aseveración que no es casualidad dado su propio pasado. El preparador terminó siendo la persona que vio y apostó por un jugador cuyas señas de identidad, así como su origen, se enmarcan dentro de lo que es el arquetipo de jugador canario de toda la vida: Yeremay Hernández.

El idilio entre el gallego y el 10 del Dépor, que logró el ascenso a Primera División esta pasada campaña como estandarte del club blanquiazul, viene desde 2021, coincidiendo con la primera etapa de Rubén de la Barrera al frente del conjunto deportivista, que en ese instante militaba en la Primera RFEF. El ahora técnico insular lo subió por primera vez con los mayores y le dio cancha para que su nombre empezara a sonar con fuerza. Aquello solo fue un primer aperitivo de lo que estaba por venir, ya que solo dos años más tarde llegaría la gran explosión: la versión más brillante del pelotero grancanario comenzó a fraguarse de forma imparable y, al final de la temporada 2022-23, el isleño daría el salto definitivo con toda la confianza del entrenador coruñés de 42 años como empujón.

Explosión hacia el estrellato

La segunda etapa de Rubén de la Barrera en el Dépor comenzó a falta de dos partidos para el final del curso 2022-23. Los coruñeses habían tenido otros dos técnicos esa campaña, Borja Jiménez y Óscar Cano, pero la presión por el ascenso a Segunda llevó el nerviosismo al siguiente nivel y se llevó a cabo otro cambio más. Eso movió al club a convencer de nuevo al estratega gallego para que cogiese las riendas del equipo. Había que preparar al plantel para los playoffs y, a su llegada, tomó la decisión de que Yeremay sería uno de los pilares de su proyecto. Así lo explicaba el extremo en una entrevista concedida a La Opinión de Coruña a principios de 2024: «De la Barrera fue el entrenador que apostó por mí. Confió en mí desde que llegó. De hecho, fue quien primero me llamó para estar en el primer equipo. Cuando llegó el partido del Algeciras yo ya sabía que iba a jugar desde el miércoles. Llegó al club y lo tenía muy claro», señalaba el futbolista isleño.

Aquel fin de semana, el jugador grancanario anotó un tanto en la goleada contra el cuadro andaluz (4-0). Es más, ya no volvería a ser suplente. En los cuatro partidos que dirigió Rubén ese año como técnico del Deportivo, el canario se transformó en una de las piezas básicas de su juego, conformando lo que sería su aterrizaje definitivo como una estrella. Después de la eliminación en las semifinales de la promoción de ascenso a manos del CD Castellón, el entrenador no continuó en la entidad, que abrió paso a un nuevo capítulo con la idea de regresar a Segunda. No obstante, quien sí se embarcaría en esa aventura sería un Yeremay que obtendría un estatus distinto; ya no sería el mismo jugador y tampoco se le vería de la misma manera. Pasó de canterano a referencia.

«Su idea de juego me flipaba»

«Cuando un entrenador viene y te dice: “Yo sé que eres capaz de esto”, es motivador. Para mí fue increíble. Su idea de juego también me flipaba. Y como entrenador era la hostia. Él me decía cosas que luego pasaban en el campo; me decía “pica aquí”, y luego sucedía siempre lo que me decía que iba a pasar. Como entrenador y como persona era muy cercano. Creo que es bueno tener un entrenador que sea cercano. Fue la persona que apostó por mí. Siempre estaré agradecido porque es la persona que hizo que yo hoy siga en el Dépor. Sobre todo a final de la temporada, que me cambió todo el panorama. Si no fuera por Rubén de la Barrera, no estaría en esta situación», aclaraba Yeremay en el año 2024.

Ese estar donde está es lo que ha transformado al grancanario, tres años más tarde de recibir esa oportunidad, en uno de los jóvenes más destacados del fútbol español. Su valor en el mercado se disparó a lo largo de estas campañas y ha madurado para convertirse en uno de los líderes de un Deportivo que ha terminado llegando a la tierra prometida. Una parte de culpa de esos logros la tiene, por pequeña o grande que sea, un De la Barrera que conectó con el jugador de El Polvorín. Le dio alas y le hizo alcanzar una versión de alto nivel que, por ahora, no parece haber tocado techo.

Apostar por la gente preparada

Precisamente, De la Barrera, en su presentación como entrenador de la UD, mencionó a Yeremay cuando le preguntaron por la cantera, alegando que su última gran aportación a un club fue el despunte del extremo y que no se va a fijar en la edad que «tengan los jugadores; yo lo que veo son futbolistas de la UD y lo que pretendo es rendimiento. Eso me va a obligar a recurrir a jugadores que, quizás, no estén para ya. Debo sentir que un determinado jugador va a generar impacto en el equipo y se puede estabilizar dentro de él. Creo que conozco el nivel del futbolista canario, de los que están en el club que ya han debutado y los que están cerca de derribar la puerta».

Bajo esa premisa, el coruñés le concedió a Yeremay un pasaporte hacia la élite que el grancanario agarró con las dos manos. Ahora le toca intentarlo en la Isla y en un vivero de jugadores que siempre guarda una sorpresa. Por calidad y cantidad de piezas no será, aunque quizás la conexión que estableció el gallego con el 10 deportivista sea difícil de replicar.

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