Aunque todavía desconocido por muchos, el jengibre es un superalimento barato de múltiples beneficios para el organismo que cada vez más está consolidado en nuestra dieta. Su sabor y aroma picantes ligeramente dulce tiene un intenso toque cítrico y fresco, que viene determinado por una sustancia denominada gingerol. Entre las numerosas propiedades del jengibre se encuentra la de ayudar a reducir el azúcar en sangre, pero también tiene propiedades antiinflamatorias, antioxidantes, antibacterianas, analgésicas, digestivas y expectorantes.

Otro de sus grandes beneficios ha sido durante siglos un secreto de belleza para los orientales y es que el jengibre es como un tónico milagroso para la piel. Esta propiedad lo ha convertido en un ingrediente básico en cosmética. Sus propiedades antioxidantes previenen la degradación acelerada de colágeno y protege nuestra piel de los radicales libres, haciendo que tarde más en envejecer y en aparecer las temidas arrugas.

Para aprovecharte de todas sus propiedades siempre es mejor consumirlo fresco, ya que así contiene más gingerol, el componente que lo hace tan especial y beneficioso para la salud.

Las formas más saludables de incorporar el jengibre a nuestra vida:

  • En infusiones. Ya sean frías, como el agua o refresco de jengibre, o calientes, como el té. La forma más famosa de consumirlo es el té de jengibre. Solo hace falta hervir unos trozos en un cazo de agua durante unos quince minutos, dejar que repose y añadirle un chorrito de limón al gusto. También hay muchos tipos de infusión de jengibre que ya se venden listas para consumir, en las que se combina su sabor con cítricos, como el limón, o con dulces, como la miel. Los expertos recomiendan una o dos tazas de té de jengibre al día.
  • Para condimentar. Puede ser un toque final perfecto para un plato de carne, ya sea rallado o en polvo. Para los pescados, la combinación de jengibre con limón aportará un extra de frescura y picante.
  • En ensaladas y sopas. También se puede añadir crudo o rallado a una ensalada, como un ingrediente más. O utilizarlo para hacer un buen condimento (por ejemplo, una sencilla mezcla de salsa de soja, agua y jengibre licuado irá genial en una ensalada). Por supuesto, también se puede utilizar en sopas. Una receta muy sencilla, pero a la vez nutritiva y sabrosa, es un simple caldo de cebolla, zanahoria y jengibre.
  • Salteado con verdura. Casi cualquier verdura que hagamos a la plancha se puede saltear con un poco de jengibre rayado y para darle un toque más oriental se puede añadir unas semillas de sésamo y un poco de salsa de soja y aceite de sésamo. Con brócoli y zanahoria combina a la perfección.
  • Cápsulas. También se pueden tomar en cápsulas, ideales para los que quieran reforzar su sistema inmunitario, reducir la sensación de mareo y náuseas, y contribuir al buen funcionamiento intestinal, además, es muy útil en casos de fatiga.       
  • Productos cosméticos. Por sus propiedades antioxidantes y beneficios para la piel es muy recomendable aplicarlo sobre la piel en forma de mascarilla o utilizar geles, cremas y champús que contengan jengibre.

Cómo conservar el jengibre

Si te has decidido a incorporar el jengibre en tu dieta, te conviene saber cómo conservarlo para aprovecharte de todas sus propiedades. Si es fresco, lo mejor es guardarlo sin pelar en la nevera envuelto con papel absorbente de cocina y metido en una bolsa con cierre hermético al que saquemos todo el aire, ¡puede durar meses! Si está seco, se puede conservar en un lugar sin humedad y oscuro, y estará perfecto hasta seis meses después. Y también se puede congelar, para ello es mejor cortarlo en trozos y guardarlo en una bolsa apta para el congelador. Su sabor fresco y picante va bien con casi todo tipo de platos.