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Coronavirus

Los siete pecados capitales tras 18 meses de pandemia

La respuesta está en el aire, pero se ignora

Los siete pecados capitales tras 18 meses de pandemia.

Los siete pecados capitales tras 18 meses de pandemia.

Mañana, 14 de septiembre, se cumple un año y medio del inicio del confinamiento duro en España. Ningún científico considera que se vaya a volver a tal situación, pero sí advierten que, aunque España goza de un alto nivel de vacunación contra el Covid-19 y las vacunas funcionan muy bien, no evitan del todo la transmisión, por lo que siguen siendo muy importantes las medidas no farmacológicas. Más aún cuando casi la totalidad de los casos se deben a la variante delta, entre un 40% y un 60% más transmisible que la alfa, que ya era un 50% más contagiosa que la original.

Cumplidos 18 meses de pandemia sigue habiendo medidas que no se han adoptado, que se ejecutan mal o que son inútiles

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Se trata de utilizar varias capas de protección: vacunación, mascarillas, ventilación, distancia social, higiene, filtros HEPA, testeo... Ninguna es un 100% eficaz y todas ayudan. Sin embargo, pasados 18 meses de pandemia seguimos ejecutando mal muchas de esas medidas, casi siempre por falta de una mínima pedagogía a la población, y se ha renunciado a varias capas por falta de voluntad política. La mayoría de estos “7 pecados capitales” a continuación tienen que ver con la infravaloración de la transmisión aérea –por aerosoles– del SARS-CoV-2, la principal vía de contagio de este y otros muchos virus, según la comunidad científica.

1. Sin mascarilla en un lugar cerrado cuando no hay nadie

Es uno de los “pecados capitales” más comunes y lamentables. Lo describió así en un seminario con neumólogos españoles el científico de la Universidad de Colorado José Luis Jiménez, experto en aerosoles: “Muchas veces entras en un taxi o en una tienda y la persona que estaba dentro sin mascarilla se la pone –explicó Jiménez–. No sirve para nada, porque la habitación puede estar llena de coronavirus, ya que se queda durante una hora o dos”.

En Corea se ha documentado la transmisión del virus en un baño compartido: la persona que se contagió lo visitó 40 minutos después de la persona infectada. Igual cuidado hay que tener con despachos, ascensores y cualquier lugar con escasa o nula ventilación. Los encargados que se quitan la mascarilla cuando están solos en la tienda y se la ponen cuando llega algún cliente son como los adolescentes que fuman a escondidas en su habitación y dejan de hacerlo cuando llama a la puerta el padre: los aerosoles infecciosos se acumulan igual que el humo del tabaco.

Las mamparas laterales de plexiglás aumentan los contagio

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2. Las barreras de plexiglás no sirven

Se han instalado en restaurantes, aulas, tiendas... ¡incluso en parlamentos autonómicos! Como ha advertido José Luis Jiménez, solo sirven en una situación de “cajero” (supermercado, banco), porque rompen el flujo directo de la respiración (como cuando hablamos con un fumador). Pero el aire circula alrededor de la mampara, que atrapa el aire y dificulta la ventilación.

Como demostró un estudio de científicos de la Universidad Johns Hopkins (EE UU) publicado en “Science”, las mamparas laterales de plexiglás y otros materiales duplican el número de contagios, por lo que hay desinstalarlas cuanto antes.

3. Mascarillas poco adecuadas y/o mal ajustadas

La variante delta hace más necesarias que nunca las mascarillas tipo FFP2 bien ajustadas, especialmente en espacios cerrados, donde se producen casi todos los contagios. Por desgracia siguen viéndose muchas mascarillas de tela, sin filtro, con huecos laterales (un hueco del 2% deja entrar y salir un 50% del aire) y flojas.

4. Teatro de la higiene

Se sigue gastando mucho dinero en desinfectar superficies –incluso calzadas y aceras– con productos químicos. Los científicos llaman a esto “teatro de la higiene” o “teatro pandémico”, algo inútil que detrae recursos que podrían utilizarse para combatir la principal vía de transmisión, la aérea.

La desinfección tiene sentido en elementos muy utilizados en espacios interiores –las manijas de un baño o las estancias hospitalarias–, pero no en recintos al aire libre como las gradas de un estadio.

5. Medición de CO2 muy mejorable

Algunas comunidades, como Galicia, la han implantado en la hostelería, pero han renunciado a ella en otros ámbitos donde sería también muy útil, como los comercios, los centros de trabajo y las aulas. Además, no se ha exigido que tengan sensor NDIR, por lo que algunos de estos aparatos –los más baratos– dan una medición errónea. Tampoco se ha implantado que la medición sea visible por la clientela ni que tengan la alarma activada en caso de que se superen los límites recomendados (700 partes por millón de CO2).

6. Fumar en la terraza

Pese a que en casi todas las terrazas de la hostelería exhiben carteles en los que figura esta prohibición, muchos clientes la ignoran.

7. Autotest de antígenos: la oportunidad perdida

Han tardado mucho en ser aprobados, no están disponibles en supermercados y, al contrario de lo que sucede en países europeos como Portugal, Alemania y Reino Unido, no son baratos.

Esto impide que puedan ser utilizados varias veces a la semana. Esa reiteración en las pruebas es imprescindible para que sean útiles como medida de salud pública. El epidemiólogo de Harvard Michael Mina, uno de los principales expertos mundiales en estas pruebas rápidas, recuerda que en Reino Unido cualquier hogar puede obtener una caja con 7 autotest todos los días de forma gratuita. “Es un ejemplo increíble de lo que es adoptar un verdadero enfoque de salud pública”, dice en Twitter este científico, que defiende que los test de antígenos pueden evitar miles de cuarentenas.

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