Análisis
Pedri, el niño que no sabía que era millonario
Leo Messi, al ver en acción al canterano de la UD por primera vez en la ciudad deportiva del Barcelona, soltó una frase que el tiempo terminó haciendo profética: «Este no se mueve de aquí»
Pedro garcía
«Es millonario y no lo sabe». Esa fue la frase que acuñó Pepe Mel en la Ciudad Deportiva de Barranco Seco el día en que descubrió la dimensión de las cualidades que Pedri exhibía con apenas 16 años. Fue Ángel López quien puso a Mel sobre la pista de aquel chico al que había visto brillar en los juveniles de la cantera. «Es diferente, tienes que verlo», le insistió. Hoy, convertido en capitán y estandarte del barcelonismo, Pedri ya suma a su palmarés tres Ligas y ocho títulos con apenas 23 años.
No fue tarea sencilla subirlo al primer equipo. Pepe Mel tuvo que sortear varios obstáculos internos para que al jugador se le formalizara un contrato y evitar que sus agentes terminaran llevándoselo al Valencia. En la historia de Pedri, todo tiene valor. Antes de ser captado por la UD, el CD Tenerife ya había hablado con su familia para incorporarlo. Sin embargo, Pedri prefirió seguir jugando con aquel grupo de amigos con el que había ascendido en el Juventud Laguna. Más tarde, fue Las Palmas quien se adelantó y logró convencerlo para instalarse en la residencia amarilla, un lugar donde creció más rápido de lo esperado y donde comenzó a moldearse el futuro de una estrella.
El valor actual de Pedri es astronómico, probablemente inalcanzable incluso para la tesorería del Barcelona. Sin embargo, en el verano de 2019, el club azulgrana demostró una visión estratégica privilegiada al asegurar a la joya canaria por apenas cinco millones de euros. Una operación que, entre variables y objetivos, terminó alcanzando los 27 millones para la UD Las Palmas en apenas cinco años. Junto a la venta de Jonathan Viera al Beijing Guoan, representan los mayores traspasos cerrados por Miguel Ángel Ramírez durante su etapa al frente del club amarillo. Todo comenzó gracias a una alerta temprana. Rocco Maiorino, entonces director deportivo de Las Palmas y buen amigo de Ramón Planes, avisó al secretario técnico del Barça sobre «un chaval de 16 años con categoría para jugar en un grande». Toni Otero, secretario técnico de la UD y con experiencia previa en la cantera azulgrana, corroboró la información y recomendó su fichaje.
A pesar de que Mel también advirtió al Madrid y al Betis – Joaquín quedó cautivado–, Planes activó de inmediato la maquinaria. El Milan y el City, informados por Maiorino, iniciaron un seguimiento, aunque no llegaron a presentar oferta alguna: necesitaban más tiempo para valorar una futura compra. Las Palmas, en cambio, no podía esperar; necesitaba con urgencia ese ingreso para cumplir con LaLiga.
Planes –actual director deportivo del Al-Ittihad Club– tuvo que insistir ante la cúpula de Josep Maria Bartomeu para que el club pagara los cinco millones. La entidad azulgrana inicialmente no quería superar los tres por un futbolista tan joven que todavía no había debutado en el fútbol profesional.
Tras cerrar la operación, el Barça acordó que Pedri permaneciera cedido una temporada más en Las Palmas, donde creció de manera vertiginosa, disfrutaba y arrancaba aplausos cada domingo en el Estadio de Gran Canaria. La promesa de realizar la pretemporada 2020-21 con el primer equipo, bajo las órdenes de Koeman –maravillado desde el primer instante–, se cumplió sin demora.
Aquel desparpajo que Pedri mostraba bajo la mirada de Mel, probablemente el técnico que más creyó en él desde el principio, es el mismo que hoy ilumina los grandes estadios del mundo. El talento que convirtió a un chico de 16 años en una evidencia imposible de ignorar. Tanto, que un tal Messi, al verlo por primera vez en la Ciudad Deportiva Joan Gamper, soltó una frase que el tiempo terminó convirtiendo en profética: «Este no se mueve de aquí».
Y desde entonces, Pedri no solo cambió su destino. También comenzó a escribir una de las historias más extraordinarias que ha dado el fútbol canario, español y mundial. Una historia que, lejos de terminar, continúa creciendo con la naturalidad reservada para los elegidos.
Y pensar que todo comenzó aquel 20 de julio de 2019, en Fuerteventura, durante un amistoso frente al Gran Tarajal (0-4). Una indisposición de Rubén Castro le abrió las puertas de la titularidad con el primer equipo de la UD Las Palmas. Allí, entre la sencillez de un partido de verano y la ilusión de una isla entera, empezaron a escucharse los primeros aplausos hacia aquel chico flaco, descarado y diferente que entendía el fútbol con una naturalidad impropia de su edad.
Quizás nadie imaginaba entonces hasta dónde llegaría. O quizás sí. Porque hay futbolistas que apenas necesitan unos minutos para delatar su grandeza. Pedri fue uno de ellos. Y desde aquella mañana en Fuerteventura, el fútbol empezó a comprender que no estaba apareciendo un jugador cualquiera, sino una de esas figuras destinadas a dejar huella en una generación entera. n
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