Victoria Casas, concejala de CC en Santa Brígida y una de las personas de las que partió la investigación que esta semana llevó a varias detenciones en la Villa, considera que las cosas van a cambiar en el municipio. Esta concejala, que casi se quedó sola con sus denuncias, dice que la Guardia Civil la tomó más en serio que los miembros de la Audiencia de Cuentas.
—¿Por qué empieza a sospechar que en el Ayuntamiento de Santa Brígida las cosas no se hacían bien?
—En el primer pleno al que asisto, en septiembre de 2003 , presencio una discusión entre Luis Troya y Carmelo Vega en la que se acusaban de haberse llevado del Ayuntamiento materiales y latas de pintura y uno le respondía: "Tú sí que le asfaltaste la carretera a tu amigo".
—¿De qué forma decide empezar a investigar?
—Como yo trabajo en Hacienda sabía que primero debía buscar facturas y comprobantes y después ir cuadrando. Iba mirando los informes de obras y comprobaba cuáles se habían hecho y buscaba en Intervención las facturas. Y entonces veía que allí no cuadraba nada.
—¿Le resultó fácil acceder a todos esos datos en el Ayuntamiento?
—¡Que va! A mí me llegaron a impedir entrar en Urbanismo. Le colocaron un dispositivo eléctrico a la puerta para que no entrara y tuve que ir con un notario a pedir informes. El personal, que lo ha pasado mal, también recibía órdenes por escrito para que no diera datos.
—Poco a poco se hace con material comprometido para el equipo de gobierno y lo lleva a la Audiencia de Cuentas, pero su gozo en un pozo.
—Sí. Como funcionaria que soy pensé que debía acudir con todos los informes a la Audiencia de Cuentas. Pero, después de un año parados, los auditores auditan sólo lo que yo denuncio. No entran a investigar nada más. Quiero que quede claro que se investiga sólo lo que he denunciado y nada más. Ya se ve que lo que digo es cierto, que hay un concejal que provee al Ayuntamiento de material de su ferretería, que el alcalde hace lo mismo con su empresa, que las facturas están infladas, que el dinero que se coge como pagos a justificar no se justifica.
—¿Pero no siente que se lo toman en serio?
—Claro que no, y eso que la ley dice que si hay irregularidades deben llevarlo a la Fiscalía. Entonces es cuando yo digo voy a ir a la policía. A partir de ese momento todo avanza.
—¿Cómo ha llevado el que todo el pueblo haya cuestionado sus averiguaciones y se pusieran de parte de los ahora imputados?
—Mal. El auditor de la Audiencia de Cuentas me dio fuerzas cuando me dijo que yo tenía razón. También mi familia y mis amigos me decían que siguiera adelante.
—¿Llegó a recibir amenazas para que no siguiera adelante?
— No. Sí que había muchas burlas por parte del alcalde y de los concejales.
—¿Carmelo Vega, Antonio Díaz o Luis Troya qué le dicen cuando lleva las cuentas a la Audiencia?
—Ellos no creían que llegara tan lejos. Antonio Díaz me dijo: Ya te cansarás.
—Parece que las compras a la ferretería de Troya se inflaron en un 80%.
—La facturación de la ferretería en cuatro años llegó a 800.000 euros. Y este año apenas llega a los 70.000 euros.
—¿Lo mismo hacía Carmelo Vega con sus restaurantes?
— Al revés, se cortó un poco más cuando yo llegué. Luis Troya era el alumno aventajado. Fue descarado.
—¿Cuándo siente que su trabajo alguien se lo toma en serio y se van a depurar responsabilidades?
—En octubre de 2006 cuando me siento a hablar con la Guardia Civil. Me encuentro con unas personas que sin saber de procedimientos administrativos me escuchan y toman más interés que los políticos que dirigen la Audiencia de Cuentas.
—¿Hay políticos del grupo de gobierno actual que pueden estar imputados en la operación Brisan?
—Hay varios políticos del grupo de gobierno que tienen que dar muchas explicaciones. Sólo puedo decir que la investigación sigue abierta y sí, hay más políticos implicados.
—¿Y cómo se toma que Antonio Ramírez y Amalia Bosch, que en la oposición le apoyaron en su lucha contra la corrupción, hayan pactado ahora para gobernar con el PP?
—No entendí nunca ese pacto. Nosotros llegamos a establecer una relación de amigos. Nunca habíamos sido políticos antes y llegamos a entablar una verdadera amistad en la oposición pese a estar en partidos distintos. Eran mi paño de lágrimas y sabían de la investigación lo mismo que yo.
—Se encargó usted más de buscar facturas y depurar las cuentas y Antonio Ramírez del Urbanismo. ¿Cree que se desatará otra investigación sobre Urbanismo?
— No lo sé. Hay varias denuncias, pero no sé si Antonio Ramírez va a seguir adelante con ellas porque ahora no está en la oposición. Hay denuncias sobre la casa de Carlos Sánchez y de una urbanización de La Atalaya en suelo rústico.
—¿Nunca le explican Carmelo Vega o Antonio Díaz por qué se perdonan 600.000 euros a la UTE del centro comercial?
— No. En todos los plenos lo preguntaba. Nunca me daban argumentos. La versión que dan ahora se la inventaron cuando se vieron cogidos. Casualmente la misma UTE construye en El Monte unos aparcamientos y también le perdonaron el pago del impuesto. Algo hay con esta unión de empresas, pero por eso está el caso en manos de la justicia.
—¿Cómo explica que los satauteños defiendan a capa y espada a sus ex alcaldes, sobre todo a Vega?
—Yo no debería decirlo, pero a los satauteños les molesta que hablen de sus amigos, que se enturbie su paz. En ese pueblo me matan... Pero raro es el que no le debe un favor a Carmelo Vega. Raro es el que no tiene un hijo que lo haya enchufado en el Ayuntamiento, en su empresa o en la de sus amigos.
—¿Pensó en tirar la toalla?
—Todos los días, pero después veía que tenía que seguir adelante.
—¿Qué le han dicho en el pleno del pasado jueves?
—Sólo me ha hablado Antonio Díaz. Pero Amalia y Antonio Ramírez saben todo lo que hemos pasado juntos... (Lágrimas). Discúlpame. Ha sido duro.
—¿Se siente satisfecha de la actuación de la Guardia Civil?
— Lo que más que me satisface es que por fin en el municipio de Santa Brígida las cosas se van a hacer de otra manera. La Constitución ha llegado a Santa Brígida y la democracia también.
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