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Apaga y Vámonos
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Blog Apaga y Vámonos - María Sánchez Lozano

María Sánchez Lozano

María Sánchez es colaboradora habitual del periódico La Provincia en su edición de papel. Sus relatos de la serie Apaga y Vámonos se publican cada sábado en el suplemento sabático YES desde hace ya dos años y se incorporan ahora a la versión digital del diario.

Sobre este blog de Gente

Amores y desamores para reír y no llorar


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  • 26
    Abril
    2015

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    Las Palmas Gente desamor

    En otra vida

    En otra vida todo hubiese sido diferente. Porque en otra vida tú me hubieses besado aquella noche que parece ya tan lejana, o puede que hubiese sido yo la que te besase, eso no tiene importancia en realidad, lo que sí sé es que nos habríamos dejado arrastrar por aquella corriente que fluía entre nosotros atrayéndonos irremisiblemente, ¡hubiese sido tan fácil! Y, con toda seguridad, después no hubiéramos salido de la cama durante días.


    En otra vida hubiese tenido el valor de decirte que me enamoré de ti desde el instante en el que te vi, aquella tarde de hace ya tanto tiempo en la que no pude apartar los ojos de ti hasta que te perdí de vista, sin tener que esforzarme como hago desde entonces en convencerme a mí misma de que en realidad esa permanente e imperiosa necesidad de verte, de tenerte cerca, de tocarte, es sólo producto del aburrimiento, de la irresistible tentación del fruto prohibido, de un deseo insatisfecho, y en creer desesperadamente que tantas risas, tanta compatibilidad, tantas frases empezadas por uno y terminadas por el otro, no son otra cosa más que amistad. Pero una amistad que duele, una amistad de mentira.


    Y en esa otra vida, en ese Universo paralelo que quizás esté ocurriendo en algún otro lugar, en alguna otra dimensión, te soñaría despierta, porque despertaría junto a ti cada mañana tras haber dormido a tu lado sólo unas pocas horas antes de amanecer, aspirando tu aroma, bebiéndome tu aliento, enredándome con tu cuerpo hasta que éste despertarse al deseo antes incluso que tu consciencia. Y sería capaz de creer en el amor verdadero, en las medias naranjas, en que dos personas están predestinadas a estar juntas, en cuentos de hadas…


    Pero no estamos en otra vida, sino en esta, y en esta vida cruel y despiadada es otra mujer la que se acurruca contra ti cada noche para espantar el frío de un invierno demasiado crudo, quizás soñando también que es otro cuerpo el que acaricia, y no ese bendito cuerpo tuyo que yo soy incapaz de dejar de desear cada instante que no te tengo. Y es ella, esa mujer a la que soy capaz de odiar sin conocerla siquiera, la que tiene el privilegio de aspirar tu aroma, empaparse de él, hacerlo suyo con naturalidad, sin que sienta, como yo lo hago, que le tiembla el vientre cada vez que lo evoca. Y es ella también la que escucha esa voz que yo añoro cada segundo que no la oigo, susurrándole, quizás, esas promesas de amor eterno que jamás se cumplen y siempre se pronuncian y que yo desearía que me dedicaras a mí incluso sin ser ciertas porque, al fin y al cabo, nunca lo son.


    Y en esta vida es ella, esa mujer, la que comparte contigo la rutina, todas esa pequeñas manías, tus intimidades  más íntimas y puede que incluso tus secretos inconfesables, esos que ni siquiera nos atrevemos a desvelar a la imagen que nos observa, temerosa, desde el espejo. En esta vida en la que no puedo tenerte, es ella la que te cuida cuando estás enfermo, la que conoce al dedillo tus pequeñas trifulcas familiares, esas que tienen lugar en todas las familias, la que soporta tus días malos y disfruta de tus días buenos, la que te sostiene cuando caes y cura tus heridas si no es capaz de evitar que te hagas daño, pero también la que comparte tus éxitos y brinda por ellos contigo. Es con ella con quien planeas las vacaciones, con quien haces la compra del mes, con quien asistes a las bodas de tus amigos y los bautizos de sus hijos. Porque en esta vida es ella, esa mujer que siempre me parecerá más hermosa, más lista y más simpática, probablemente sin serlo, con quien has decidido quedarte.


    Pero en otra vida… En otra vida esa mujer sería yo. Sería yo esa mujer inteligente, divertida y bella a la que las demás envidiarían, sería yo a quien tú querrías, sería yo la que te cogiera de la mano, feliz, mientras paseamos, y te preguntara con un atisbo de desconfianza: “¿De qué conoces a esa chica?”.

     

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