OPINIÓN 

Mis crónicas del puerto: desgasificadoras y refinerías

 

JAVIER SÁNCHEZ-SIMÓN MUÑOZ En estos cuatro años recibí muchos planteamientos acerca de posibilidades de implantación de cosas diversas en el Puerto de la Luz, y la verdad, es que no desprecié de entrada ninguna, al contrario, todas las estudié, y en todos los casos, lo único que hice fue no ofrecer ninguna financiación o apoyo de dinero público, ni ninguna ventaja singular al promotor, por lo que las brillantes ideas se apagaban de manera inmediata.

De entre los proyectos que me presentaron, hay dos que fueron muy curiosos.

El primero de ellos, que además, no provenía de GASCAN, S.A., era el establecimiento de la famosa regasificadora en el Puerto de La Luz, me imagino que sería para venderle tan brillante idea a terceros. Pues bien, dicho proyecto lo estudie, y la verdad es que las conclusiones a las que llegué fueron claras. Trataré de compartirlas con Uds., amables lectores.

Una regasificadora tiene que cumplir varias condiciones para su implantación geográfica. La primera de ellas, si el gas viene por mar, que la planta esté muy cerca de éste, ya que como el barco gasero trae el gas licuado, para que exista absoluta seguridad en su manipulación y a un coste reducido, el espacio entre el barco y el lugar de proceso ha de ser cercano.

Circunstancias que efectivamente se produce situándola en un Puerto, pero no en cualquier sitio, sino prácticamente pegada al muelle, lo que excluye a otras actividades portuarias, por ejemplo la construcción de un astillero para la reparación de Plataformas, o la construcción de tanques para bunkering. Por supuesto, de una Terminal de viajeros nos olvidamos.

La segunda condición es que debe estar cercana al centro de consumo, ya que de esta manera se produce un transporte seguro, y a coste reducido, y aquí es donde nos encontramos el primer problema. Es de todos sabido que en Las Palmas de Gran Canaria hay un bajo consumo de calorías, tanto domestica como industrial, y que en la Isla se concentra en las plantas de generación de energía eléctrica, y principalmente en Juan Grande, en la central eléctrica, por lo que todo centro de producción de gas en la zona de la Isleta, ha de conducirse necesariamente mediante gaseoducto al Sur, atravesando la ciudad y todo el litoral. Ante esta descripción, creo que no hace falta comentarios.

La tercera condición es que el riesgo, que existe, y que puede quedar controlado, se acrecienta de manera exponencial si se sitúa cerca de depósitos de combustible que requieren calor para su transporte, por ejemplo fuel. Bueno, no seguí. Como sabía que estas condiciones era para cualquier persona que estudiase este asunto fácil de considerar, me olvide del tema y no le presté más atención.

El otro proyecto era el de la construcción de una refinería. Bueno, esto fue tan fácil como lo anterior. Eran consideración diferentes pero se incluía un mayor factor medioambiental, ¿en qué cabeza humana le cabría poner una antorcha que da olor y contamina, en la mitad de Las Palmas de Gran Canaria? Sin comentarios.

Por otra parte, siempre me ponía como ejemplo de que Barcelona tiene regasificadora, Huelva, etc. Amberes tiene refinería. Pero se olvidaban de decirme que Barcelona tiene fábrica de automóviles y calefacción por gas en todas las viviendas. Que Huelva tiene industria azucarera en el Puerto Industrial, etc., y que Amberes tiene una superficie tremenda y que tiene industria petroquímica. O sea, que los ejemplos no son exportables.

Ante estos proyectos, que siempre venían acompañados con grandes planteamientos de felicidad eterna y solución de todos los problemas, no solamente económicos, siempre llegaba a la misma conclusión, por qué no tenemos un puerto que sea puerto y no dejamos de perturbar los proyectos que favorecen la comunicación, los servicios, el tráfico de mercancías, etc. Y a los planteamientos estupendos les buscamos ubicaciones idóneas, se negocian contrapartidas, se compensan los inconvenientes, y no tiramos el dinero.

Pero con lo que realmente alucinaba era que para algunos, que ahora parece que se han convertido en muchos, los Planes de Empresa, los de Usos, eran simples ejercicios de redacción, ya que todos los días mostraban consideración a asuntos incompatibles entre sí, y que muchos empresarios creo que seguían la corriente para no reírse, o si por una de esas tenían una compensación a una inversión fallida, con lo cual, si ayer un espacio era para una terminal de viajeros, hoy era para una regasificadora, mañana una central de biodiésel, pasado una refinería. Y a quien ya se ha gastado el dinero de verdad en un proyecto y está tramitando una concesión, que le den. Con esos antecedentes, lo mejor es irse a otro sitio.

La verdad es que cuando se anuncia que no existe dinero para pagar los medicamentos, cuando se consideran recortes en salarios, en prestaciones de todo tipo, me parece un insulto construir castillos en el aire y destruir las cosas que están funcionando.


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