LP Confidencial

Cabo del Descojonado

27.02.2014 | 02:10

El presidente del Gobierno de España ha comparado su tormentosa singladura gubernamental con el paso del Cabo de Hornos. Si un día se secara este cabo se podrían apreciar en el fondo más barcos que en Astican de tanto que ha tragado aquella marea, pero aquí en Gran Canaria tenemos una versión en chiquitito de aquél chupachalanas, que es la denominada Punta del Descojonado. El muy acreditado cazador de topónimos Humberto Pérez, de Arucas, recoge varios sonados naufragios en este lugar que, según dice mi hombre, recibe la nomenclatura porque ´acojona´, más que por lo que descojona propiamente dicho.

Se encuentra entre Tasartico, en la playa del Asno, y Gugüi, justo en la estela que forma la isla, lo que da lugar a grandes corrientes y a olas que se salen de la cuenta. Pérez cita la más antigua desgracia de la que tiene conocimiento, protagonizada por el Esperancilla, un 21 de abril de 1875, y que terminó con la vida de trece marineros y un pasajero. También cita a una familia enterrada en su barquilla en el fondo de la mar, y fuera del tiesto, yo mismo, si se permite la expresión yo mismo, viví un episodio que se ciñe casi matemáticamente a lo que ha querido decir nuestro profeta en el Congreso durante el Estado Tan Malito de la Nación, o ETMN.

Este era un grupo que salió en barca desde Tasartico, con un chinchorrillo a remolque con las mochilas del personal que iba a acampar en Gugüi, con sus Butsir, ropa, conduto, carne argentina y todo lo necesario para sobrevivir en tan remoto litoral. Cuando aquél marinero entra en el Descojonado propulsado por un renqueante motor del año la pera los aguacates del pasaje iniciaron su ascenso hasta la garganta por una mar arbolada que daba a entender que la falúa era el próximo Titanic.

El chinchorro de las mochilas, entre el peso que llevaba y la fuerza del remolque, se partió en dos, que fue lo que permitió a la barca nodriza salir de aquellos infiernos y llegar a Gugüi sanos y salvos. Y esa es la moraleja. Que morir, no murió nadie, pero nos quedamos en bolas y chanclas tal cual nos ha dejado ahora, Mariano.

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