25 de noviembre de 2016
El análisis

Fundamentos básicos para el ejercicio de la responsabilidad directiva

25.11.2016 | 01:04
Fundamentos básicos para el ejercicio de la responsabilidad directiva

Desde esta cita mensual hemos insistido en los fundamentos de una persona con responsabilidad directiva.

Lo hacemos desde la óptica de nuestras propias vivencias y, por supuesto, desde la experiencia de muchos de los colegas que forman parte de la Asociación Española de Directivos (AED). Hoy queremos llamar la atención acerca de la importancia de lo natural y de las cosas sencillas, pilares sobre los que en muchas ocasiones construimos los fundamentos de nuestra vida personal y profesional y, en consecuencia los de nuestra proyección social.

Hace pocas semanas tuvimos la oportunidad de compartir reflexiones con un grupo de universitarios y potenciales directivos, acerca de lo conveniente que era invertir una parte de nuestro tiempo en acciones de voluntariado. Participábamos en una mesa redonda que trataba de ese asunto y lo poníamos en valor respecto a uno de los problemas de nuestro tiempo, la empleabilidad.

Estamos firmemente convencidos: "ser generoso es rentable", lo mires por donde lo mires; ser generoso te aporta una enorme satisfacción en lo personal, y te devuelve a través de la propia experiencia, un entrenamiento intensivo en habilidades, de aplicación desde el minuto uno en cualquier actividad profesional directiva.

Nuestro mensaje a los universitarios y universitarias fue claro; simplemente, consistió en mostrarnos de manera natural, y en llamar a las cosas por su nombre. Pusimos sobre la mesa tres cuestiones que pertenecen al mundo de lo cotidiano, tres sencillas reglas que, a nuestro juicio, son imprescindibles para vivir en sociedad, pero también necesarias para alcanzar la excelencia en la gestión directiva:

1.- "Nuestra primera obligación es ser feliz, y la segunda obligación, hacer felices a los demás". Esta reflexión la escuché hace unos cuantos años, a un actor que se llamaba Mario Moreno, más conocido por Cantinflas. Cuánta razón tenía y cuántas situaciones incómodas nos hubiéramos ahorrado si la hubiésemos puesto más veces en práctica. Si has tenido la fortuna de trabajar con un jefe o jefa feliz, sabes a lo que me refiero. Si tu jefe es feliz, hará también feliz al equipo, y eso en el día a día de una empresa, constituye la mejor y más económica palanca de motivación.

2.- "Hay que ser buena persona". Es verdad que la experiencia acumulada con los años es la que nos vuelve juiciosos y nos hace contemplar con otra visión el valor de la bondad y de la buena convivencia. No obstante, la juventud de hoy es portadora de muchos de los valores que conforman, eso que llamamos "ser buena gente". La competitividad no está reñida con el propósito de ser buena persona. La ética representa el mejor valor a medio y largo plazo. Ser ético es sinónimo de buena persona, de persona justa, de persona bondadosa.

3.- "Hay que saber buscarse la vida". Mantener una actitud valiente; un estado de vida en el que prefieras hacer preguntas a solo demandar respuestas; una actitud curiosa, con ilusión por conocer lo que te rodea; haciéndole preguntas a la historia y viviendo la realidad del momento; con un postulado de búsqueda, de tomar responsabilidades, de asumir riesgos, pero sin perder en el camino los sentimientos y la sensibilidad que nos distingue como persona. Recuerda aquella frase de Orwell: "Lo importante no es mantenerse vivo; lo verdaderamente importante es mantenerse humano".

Como personas y como directivos no siempre hemos sido conscientes que esas tres reglas debieron estar siempre presentes, tanto en nuestro modelo de gestión profesional, como por supuesto en nuestro modelo de vida. No es tarea fácil mantener juntas al viento, esas tres banderas; no siempre se consigue, pero no por ello hay que dejarlas de tener presente. Marcan la diferencia.

Las personas con responsabilidad directiva deben ser conscientes de que a lo largo de su trayectoria profesional, serán muchas las ocasiones en las que tropiecen y en las que se confundan. Es normal. Lo triste no es caerse; lo verdaderamente triste es levantarse y no saber dónde está el camino. Ten presentes estas tres reglas porque dibujan de manera clara y sencilla el camino que como ser humano, como padre o madre de familia, o como responsable directivo debes seguir.

Son tres reglas caseras, casi familiares, no siempre cómodas de llevar, pero de enorme ayuda en los momentos de duda y de dificultad. Úsalas.

(*) AED Canarias - aed@asociaciondedirectivos.org

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