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80 años del cura Cristóbal Pérez

Hace unos días el Obispado de Canarias dio a conocer una serie de nombramientos de curas. Eso siempre produce alegrías y produce tristezas. Depende siempre desde el ángulo desde el que se mire. Pero hay sacerdotes que no suelen aparecer en esas listas. Por la edad que tienen, ya podrían haberse retirado hace tiempo y disfrutar de un descanso más que merecido. Me vienen a la mente los nombres de curas conocidos, reconocidos y queridos en sus parroquias, porque, a pesar de superar con creces los 75 años, siguen realizando, y muy dignamente, un trabajo pastoral. Por ejemplo: D. Andrés Rodríguez en Moya, D. Salvador Aguilar en el Pino, D. Eusebio y D. Olegario en los hospitales, D. Andrés Macías, D. Santiago Rodríguez? Y también don Cristó-bal Pérez que ayer cumplió los 80 años.

Una de las pruebas de que el sacerdocio es una vocación está en que, a pesar de los años y los achaques, muchos de ellos no se retiran a la edad estipulada, sino que siguen en activo hasta que sus fuerzas se lo permitan. Y siempre con ilusión, siempre con nuevos proyectos y siempre reciclándose para no caer en la rutina ni perder la juventud que esconden sus canas.

Cristobita, así le decimos todavía en Ingenio, ha sido y es uno de estos sacerdotes. Un hombre que lleva en los genes la actitud de servicio. Durante muchísimos años ha estado atendiendo en el Obispado a las personas que allí se acercan. Y lo mejor, siempre con cara amable. Es el primer sacerdote que uno se encuentra al llegar a la institución eclesiástica. Sin duda, un buen escaparate de la Iglesia diocesana. Y tengo que decir que, con los años, no solamente no ha perdido sino que ha ganado en simpatía, en amabilidad y atención. Algo nada fácil en un lugar a donde muchos acuden a cumplimentar papeles o buscar soluciones a sus problemas. Algunos, también a protestar. La sonrisa de D. Cristóbal es una buena puerta de entrada. Y eso que le ha tocado trabajar con diferentes obispos y mentalidades: Pildain, Infantes Florido, Ramón Echarren y ahora con Francisco Cases. Cosa no siempre fácil. La labor de Cristóbal Pérez ha sido la de facilitar a cada persona que allí se acerca el medio para solucionar su problema. Algo verdaderamente difícil en cualquier institución. Y en la Iglesia no es menos difícil.

Además de todo eso, este sacerdote siempre ágil, inquieto y nervioso, compagina su trabajo en el obispado con la atención pastoral en el barrio de San Cristóbal Y como Ingenio es su gran patria chica, también por allí se le ve con frecuencia casi siempre risueño, cercano a la gente, conocedor de todos los nombres y nombretes de sus vecinos. Nunca ha tenido coche y por eso lo vemos andando por sus calles, subiendo laderas, sudando y utilizando la guagua, además de su piernas. Con la ventaja de que así se ha logrado mantener la relación con toda la gente del pueblo y crecer cada día en número de amigos.

Este gran hombre (las personas tienen un sistema métrico diferente), cumple hoy 80 años y empieza a formar parte de ese grupo de curas venerables que nacieron para servir. A la lista de Salvador, Andrés, Olegario, Santiago y otros grandes servidores de la comunidad cristiana, hay que añadir, desde ahora, al amigo Cristóbal Pérez Rodríguez. Estamos orgullosos de ser sus compañeros. Y orgullosos de de haber nacido en Ingenio.

Los compañeros sacerdo- tes nacidos en el mismo pue-blo queremos hoy felicitarte y agradecer tu amistad y tus años de servicio: Higinio Sánchez, Agustín Sánchez, Manolo Hernández Navarro, Pepe Domínguez, Venerando Novelle, Manolín Ramírez, Juan María Mena y Suso Vega. También se unen Bernardo Valerón y Juan Espino.

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