13 de agosto de 2017
13.08.2017
ENTRE LÍNEAS

El verano de los 'infobesos'

13.08.2017 | 02:27
El verano de los 'infobesos'

Una vez superada la operación bikini para afrontar el verano con unos cuantos kilos menos, cuando empiezan las vacaciones nos enfrentamos a la operación desconexión. Desconectar es el mantra que repetimos sin cesar para exprimir al máximo nuestros días libres. Los científicos han venido a agriarnos el descanso con eso de que ocho días es más que suficiente para desconectar, que al día cuatro o cinco hemos alcanzado la máxima desconexión. Y añaden que las otras tres semanas es tiempo basura, descanso sobre descanso, un exceso que no sirve para nada más que para vaguear. Sospecho que está en marcha una campaña para reducir los días de vacaciones. En una semana o en un mes, las vacaciones se hacen necesarias para curar esa nueva morbidez a la que ya han bautizado como infobesidad. Viene a ser el mal que provocan en nuestra salud esos kilos, o toneladas, de más que provoca el consumo excesivo de información. Se supone que debemos aprovechar las vacaciones para ponernos a dieta de información, dejar de atiborrarnos en esos abrevaderos que son las redes sociales y en general internet. No hace tanto que toda nuestra información se reducía a las escasas noticias de la radio, un periódico -a veces solo uno a la semana-, y una pizca de televisión. Una dieta sana que nos mantenía en forma. Cubríamos nuestras necesidades mínimas y éramos felices e indocumentados. Y hasta nos dábamos algún caprichillo a base de cotillear con el vecino. No nos saciábamos con cantidades ingentes de grasa en forma de tuits, posts y wasaps y todo tipo de alimentos basura. Qué tiempos aquellos en que podías dar exclusivas a los tuyos, decirles aquella frase tan gratificante: ¿Te has enterado? Desgraciadamente, ya ha caído en desuso, porque todo el mundo ya sabe todo y si hay competencia por quién se entera primero, la gloria sólo dura milésimas de segundo. No da tiempo a disfrutar del pisotón. Cada vez que entro en Twitter, me encuentro con miles de enterados, e incluso a veces me sorprendo a mí mismo disfrutando del placer de ser un enterado y de darles en los morros a esos que no se enteran. Me he enterado, por cierto, de que en Estados Unidos un ciudadano medio consume al día 34 gigas de contenido y ve -ojo: ve, pero no necesariamente lee- un total de cien mil palabras al día. Para que se hagan una idea Guerra y paz tiene 460.000 palabras. Es decir que se podrían leer el tocho de Tolstoi en tres días y medio. Seguro que la novela rusa es más digestiva que la mayoría de la bazofia de la red. La revista Quartz, que es la que publica el alarmante estudio, también ofrece una serie de medidas higiénico-sanitarias: no picotees, no saltes de página en página, de aplicación en aplicación; nada de salsas, si das con algo interesantes, no te pongas música ni abras una pantalla con el correo; ayuna de vez en cuando y descansa por completo de las redes: nada de contenidos basura, selecciona muy bien lo que lees; y si ves que no puedes desprenderte de internet ni cinco minutos, pide urgentemente ayuda profesional. Les deseo una muy feliz desconexión.

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