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El desalojo | Una crónica sobre el cambio de poder en Canarias /20

De vuelta a Génova

La sorpresa por lo ocurrido en Santa Cruz, donde el 'tamayazo' de Zambudio y Lezcano le dio la alcaldía al PSOE, dejó anonadados a los nacionalistas

Teodoro García Egea y Pablo Casado.

Teodoro García Egea y Pablo Casado.

Los cambios en los ayuntamientos dejaron a un PSOE eufórico en Tenerife. Coalición se derrumbó en todos lados, constatando que, allí donde gobernaban y no lograron mayoría absoluta, nadie quiso apoyar sus candidatos o pactar con ellos su continuidad. La sorpresa por lo ocurrido en Santa Cruz, donde el tamayazo de Zambudio y Lezcano le dio la alcaldía al PSOE, dejó anonadados a los nacionalistas. Se ha hablado poco de la influencia de la pérdida de Santa Cruz en los acontecimientos que vinieron después, pero la determinación de Patricia Hernández por hacerse con la alcaldía chicharrera y su estrategia de negociación con Juan Amigó, Zambudio y su jefe de campaña, Mario Moreno, condicionaron de forma irreversible todo lo que ocurrió posteriormente. Sobre todo, porque dio fuerza a la convicción de que era posible que Carlos Alonso, investido presidente de forma automática, perdiera el poder en el Cabildo unos días después, por moción de censura. Y no sólo él: también la presidenta electa del Cabildo de La Palma, Nieves Lady Barreto, o la de Fuerteventura, Lola García.

Por primera vez, Coalición podía ser prácticamente desalojada del poder en Canarias. Y si Coalición podía perder sus feudos municipales y locales, ¿por qué no habría de producirse también su salida del Gobierno?. Un gobierno en el que habían logrado instalarse desde 1993, Cuando Manuel Hermoso creo Coalición Canaria para sacar a Saavedra de la presidencia y colocarse él.

Fernando Clavijo aún estaba convencido de que la situación de acoso a Coalición Canaria en todas las corporaciones locales e instituciones podía cambiar. Veía lo sucedido en Santa Cruz como fruto de un mal cálculo, un error de análisis fruto del desconocimiento de las fuerzas que el cansancio por la continuidad de los gobiernos de Bermúdez y el condenado Zerolo -interno en la prisión de Tenerife 2 desde hacía ya meses por el caso Teresitas- habían desatado en Tenerife. Pero siempre había creído que su propia llegada al Gobierno de Canarias era percibida por la gente como un antes y un después en la trayectoria coalicionera. Se equivocaba de medio a medio. Es cierto que se convirtió en presidente después de una pelea sin cuartel contra Paulino Rivero, representante de la antigua Coalición. Pero eso no fue interpretado por los ciudadanos de Canarias como una señal de un cambio. Para una gran mayoría, solo representó cuatro años más del mismo gobierno, los mismos equipos, la misma gente y las mismas políticas.

A Madrid, de nuevo

El martes 18 de Junio, tres días después del fiasco municipal, el chofer de Presidencia del Gobierno recogió a Clavijo a unos metros de su casa lagunera, a las seis y unos minutos de la mañana, para llevarle al aeropuerto de Los Rodeos. Había quedado allí con José Miguel Barragán para volver a viajar a Madrid, a reunirse con Pablo Casado en Génova. Siempre había preferido entenderse con los dirigentes nacionales de los partidos nacionales antes que hacerlo con los líderes locales. Y decía que prefería llegar a acuerdos "antes con los amos que con los medianeros". Esa frase altanera, clasista y desafortunada ofendió a los socialistas de Canarias. Nunca se la perdonaron.

Esta vez, Barragán y el presidente embarcaron en el vuelo de Iberia de las 7:15 de la mañana. Clavijo llevaba encima la tensión acumulada de los últimos días y pasó parte del vuelo dormitando, y luego consultando con Barragán los papeles que traía a la reunión: un acuerdo para reconducir la quiebra de las negociaciones con el PP que Asier Antona y Vidina Espino habían dinamitado entre los dos cuatro días atrás. Las condiciones de Ciudadanos eran innegociables, él no podía estar en el Gobierno, no había posibilidad de llegar a un acuerdo si no se aceptaba eso.

Le costó demasiado tiempo darse cuenta de que si quería el apoyo de Ciudadanos a la continuidad de Coalición en el Gobierno tenía que aceptar quedarse fuera. Pero lo que de verdad no soportaba era convertir a Asier Antona en presidente. Más después de confirmar la intervención de Antona para que Ciudadanos condicionara apoyar la formación de un Gobierno de centroderecha a que el no estuviera en ese Gobierno. También sabía que la decisión del PP de hacerse con la Presidencia de Canarias (la chincheta azul sobre el mapa de España a la que se refirió Antona) era inamovible.

Teodoro García Egea se lo había asegurado por teléfono después del día de autos de Ciudad Jardín: "Esto sale por cojones", volvió a decirle, y para demostrar que iba en serio, había llamado personalmente a los presidentes insulares del PP el viernes por la noche, antes de las votaciones para las alcaldías, obligando -por ejemplo- a los palmeros a votarse a sí mismos en la capital de su isla, en vez de apoyar al PSOE.

En el despacho de Casado

El encuentro de Génova se produjo en el despacho de Pablo Casado, con él de anfitrión y Teodoro García Egea de camarlengo. Se entró rápidamente a valorar la cuestión central: con Antona no había posibilidades de que el pacto llegara a buen puerto. "Si queremos que esto tenga futuro, Asier no puede ser el presidente, no llegaríamos muy lejos, ya ven la que ha liado en La Palma", dijo Barragán.

En el PP eran conscientes de la situación, no pusieron pega alguna a aceptar la salida de Antona, un hombre ajeno al entourage de Casado, que en la disputa abierta por la presidencia del partido tras la renuncia de Rajoy, se había posicionado a favor de Soraya Sáenz de Santamaría. La victoria de Casado dejó a Antona fuera de la dirección nacional del partido. De hecho, Canarias fue castigada apartando a los pesos pesados de las islas de la ejecutiva de Casado. Solo Sergio Ramos, yerno de Mercedes Roldós y asistente de Rajoy en la Presidencia del Gobierno, un militante canario sin ascendencia en el partido en las islas, entró en la dirección nacional como secretario de Imagen Corporativa.

Antona era ya un cartucho quemado en el PP cuando se estaba celebrando esa reunión. Su sustitución no se había producido aun, esperando a la normalización del calendario político tras el cierre del proceso de investidura de Sánchez. Pero ni Casado ni García Egea salieron a defenderlo. Barragán propuso entonces a María Australia Navarro.

No era la primera vez que se hablaba de Australia con el PP. Esa opción ya se había planteado en el encuentro anterior entre García Egea y Clavijo, e incluso se llegó al acuerdo de considerarla la opción más razonable si Antona boicoteaba -como efectivamente hizo- el entendimiento con los nacionalistas. Cuando Antona se refirió a ella como "aquella rubia hace lo que yo digo", no podía imaginar que en su partido habían decido sustituirlo por ella si ponía problemas.

La propuesta de Barragán fue inmediatamente aceptada por Casado y García Egea. Casado planteó la posibilidad de retirarlo en la Presidencia del Parlamento, pero Barragán se negó: "No podemos darles a ustedes la presidencia del Gobierno y del Parlamento... No es vendible". Lo entendieron. Clavijo planteó entonces la posibilidad de mandarlo al Senado, en la elección de senadores elegidos por el Parlamento y la propuesta cristalizó sin problemas. Cerraron sin más dilación los asuntos relativos a las mayorías en Cabildos, que suponían garantizar La Palma y Tenerife a Coalición, y sacar a Lola Corujo de Lanzarote con una moción de censura, además de un par de posibles reversiones de mayorías en algún ayuntamiento.

Tras acabar la reunión, Barragán y Clavijo se fueron a almorzar a un restaurante frecuentado por empleados del PP -La Fábrica, en el número 21 de Génova-, y pidieron menú. Barragán habló de que se entenderían bien con María Australia, que llevaba años trabajando con ella en el Parlamento, que era una mujer sensata. También de la logística del acuerdo: para evitar la repetición del fracaso de la cita en Ciudad Jardín, el propio García Egea y Javier Maroto se desplazarían el jueves para cerrar el acuerdo en Canarias, certificarlo con su firma y evitar cualquier posibilidad de resistencia por parte de Antona. Barragán se reuniría con ellos y con María Australia en Las Palmas, y luego viajarían todos a Tenerife para firmar el acuerdo.

Francisco Pomares . Periodista

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