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Crisis migratoria | Canarios solidarios

El día a día con los chicos en la calle

Miriam Suárez, voluntaria de Somos Red, da apoyo a tres jóvenes de Senegal: les enseña español con pictogramas, pues dos no saben leer, y los lleva al médico

Miriam Suárez, con dos de los jóvenes senegaleses a los que da apoyo de día, organizando las donaciones. | | TXEFE BETANCORT

Miriam Suárez, con dos de los jóvenes senegaleses a los que da apoyo de día, organizando las donaciones. | | TXEFE BETANCORT

Miriam Suárez, voluntaria de la Plataforma Solidaria Somos Red, busca un techo para un chico senegalés de 22 años que lleva un mes durmiendo en la calle. “Está en una situación muy vulnerable y está muy triste”, comenta. Este joven es solo uno de los 200 migrantes que atiende la plataforma ciudadana. Ya han logrado la acogida de unos 80 migrantes que pernoctaban a la intemperie tras ser desalojados de los hoteles del sur de Gran Canaria. Además, ella se encarga de dar apoyo a otros tres chicos senegaleses. Los acompaña al médico, les da clases de español con pictogramas, pues algunos no saben leer, y les muestra la ciudad.  

Miriam Suárez, voluntaria de la Plataforma Solidaria Somos Red, da apoyo por el día a tres chicos senegaleses cuando salen de las casas de las personas que los acogen de noche, entre ellos la periodista Nanda Santana y el fotógrafo Txefe Betancort. También se encarga, como otros voluntarios de esta plataforma ciudadana, de contactar con jóvenes que están durmiendo en la calle: habla con ellos, les da comida, ropa de abrigo, sacos y mantas e intenta ayudarlos a que consigan un techo donde dormir. En Canarias el tiempo de día es benigno pero de noche el frío cala en los huesos. Hace unos días, una compañera le dijo que había un joven pernoctando en distintas zonas de la ciudad. Ella habla francés y tras localizarlo el chico le contó por encima su vida. Miriam lo notó especialmente frágil y deprimido por su situación. Es senegalés, de 22 años, no tiene padres y se crió con sus abuelos. Cuando fallecieron lo acogió un familiar del que fue víctima de malos tratos, y al parecer fueron muy duros, así que decidió huir y se embarcó en una patera que terminó en Gran Canaria.

El muchacho quiere irse de la Isla, como todos ellos. Estaba en un hotel del sur de Gran Canaria y al desalojarlo se negó a que lo trasladaran al macrocampamento de Las Raíces, en Tenerife, por temor a ser deportado. Lleva un mes en la calle durmiendo donde puede. Se junta con otros chicos para pernoctar, incluso con magrebíes pese a sus diferencias culturales, pero no los conoce mucho. A su mejor amigo sí lo trasladaron a Las Raíces, así que deambula por la ciudad, come en los recursos sociales y recibe, ahora, alimentos de esta plataforma ciudadana que ayuda los migrantes que se encuentran en situación de exclusión social: más de 200 duermen sin un techo en la capital grancanaria, y eso que han logrado que otros 80 jóvenes sean acogidos en viviendas particulares a la espera de que puedan seguir su tránsito a la Península o a otros países de Europa.

La cooperante busca un hogar a un joven de 22 años que lleva un mes sin techo

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Miriam, en concreto, está buscando un techo para este chico al que ve “vulnerable”. Es muy joven y se encuentra en un entorno que nunca imaginó cuando se jugó la vida en el mar al subirse en una patera. Muchos están afligidos al percibir que se les está truncando en las Islas el viaje que acariciaban como un sueño hacia un futuro mejor.

Aparte de intentar que se acoja al mayor número de migrantes que se encuentran en la calle, un trabajo que hacen los voluntarios desde la plataforma, Miriam, en especial, se encarga de dar apoyo de día a tres chicos senegaleses que ya tienen albergue para pasar la noche. Dan clases de español por la mañana que les imparte un sacerdote y una profesora jubilada. Pasean por la ciudad y a la hora del almuerzo van a comedores sociales. Por las tardes, en el tiempo que ella puede dedicarles, los acompaña a dar paseos por distintas zonas de la capital y les da refuerzo en español. Dos de ellos no saben leer ni escribir. En este caso, Miriam trabaja con fotos. Recuperó un cuadernillo de cuando era pequeña que tenía la imagen y la palabra al lado en español y así van aprendiendo el idioma.

Varias veces los chicos han necesitado ir al médico y les ha acompañado al centro de salud y al hospital donde hace de traductora porque en los centros sanitarios se ha encontrado que, en muchos casos, no hablan francés y no entienden sus dolencias.

En general, la mayoría de las consultas de los migrantes que están en la calle son por infecciones de oído y dolores de estómago, aunque uno de los chicos a los que atiende, Nesay, tuvo que ir por asma y ya tiene un inhalador. Ahora “está muy bien pero con la calima de estos días y la mascarilla se asfixia un poco, y le digo que no se la quite porque la Policía le puede llamar la atención”, narra Miriam.

“Necesitamos comida, sacos, estanterías para el local y transporte”, indica la joven

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El Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria ha cedido un local para el acopio de las donaciones que reciben para los migrantes sin techo, pero el recinto esta en mal estado, expone, con paredes sin encalar y sin luz, si bien al menos tienen un espacio y ahora toca organizarlo.

Los tres chicos senegaleses de los que ella se encarga ayudan en la selección de las donaciones, comida, zapatos, abrigo, y a colocarlo de forma organizada. Estos jóvenes siempre están dispuestos a colaborar y sentirse útiles, porque estar en la calle y que nos les permitan salir de las Islas mella la salud mental de cualquiera. Ellos tres ya sonríen por el apoyo que reciben de los ciudadanos solidarios y tienen la esperanza de poder viajar a la Península. Ya intentaron irse pero la Policía les paró en el aeropuerto, pese a tener pasaporte.

Somos Red necesita sobre todo sacos, mantas, ropa, crema hidratante porque al dormir en la calle se les deteriora la piel y, lógicamente, comida de todo tipo, perecedera y no perecedera, además de muebles, principalmente estanterías, para el local con el fin de poder colocar todos los productos clasificados. También requieren personas con furgonetas para trasladar los muebles a este espacio que están organizando. Las donaciones se recogen en el Bar Tiramisú y en el Grano a Grano, ambos locales en Guanarteme, en Las Palmas de Gran Canaria.

Los agricultores se han volcado con la petición de ayuda y cada semana la plataforma suele recibir verduras y frutas, sobre todo muchos calabacines, sonríe Miriam, y los grupos de cocina todos los días hacen comida, en función de la disponibilidad, que reparten a los chicos que están en la calle, en torno a unos doscientos, y van creciendo porque estos días están desalojando más hoteles y se ha incrementado el número de migrantes -sobre todo en Vecindario y Maspalomas- que no han querido ser trasladados al campamento de Las Raíces, en Tenerife, por temor a ser deportados.

Los agricultores se vuelcan con las donaciones: les dan fruta y verduras

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Esta plataforma ciudadana está desbordada pero se organizan en grupos y funcionan. Desde luego hacen un trabajo voluntario que deberían estar realizando las instituciones públicas. Esperan que más personas se unan en las labores de ayuda y para albergar a los jóvenes de la calle.

Quieren explicar que no hay que cobijarlos todo el día; depende de la disponibilidad de las familias o personas que los alberguen. Hay algunos voluntarios que sí los pueden acoger a jornada completa en sus casas, como un conviviente más, pero otros cooperantes solo les pueden ofrecer su hogar por la noche, darles un techo, cena y aseo, y de día vuelven a la calle.

Existen, por tanto, distintas modalidades y todas son válidas con tal de que tengan un techo. Para todos los que han acogido la experiencia está siendo muy positiva. Para albergarlos solo tienen que ponerse en contacto con la Plataforma Solidaria Somos Red. Luego se mantienen reuniones con estas familias o personas que quieren ofrecer su hogar y buscan a chicos que puedan ser compatibles.

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