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Crisis migratoria

La comida en el inicio del Ramadán vuelve a generar protestas en Las Raíces

Migrantes musulmanes lamentan que las reuniones de semanas previas no hayan servido para nada a la hora de recibir los alimentos adecuados y en el horario solicitado

Ramadán en Las Raíces

Ramadán en Las Raíces

Migrantes musulmanes que iniciaron el pasado jueves la celebración de su mes sagrado, el Ramadán, muestran sus protestas por el servicio de comidas ofrecido en el campamento de Las Raíces durante la primera jornada. Lamentan que las reuniones celebradas con anterioridad para aclarar sus demandas alimenticias y los horarios de reparto más adecuados en estas jornadas, no han servido para nada. De esa manera, según las personas consultadas, ni los productos son los apropiados tras muchas horas de ayuno ni el horario de reparto es el adecuado para que todos puedan comer juntos a la misma hora.

Hamed Al-Lal.

El presidente de la Federación Islámica de Canarias, Hamed Al-Lal, aclara que el Ramadán sirve para la “limpieza del espíritu” de los musulmanes y que, según el Corán, en estas semanas se debe hacer una “búsqueda del bien, tanto para esta vida como para la gloria en la vida eterna”. Al-Lal indica que las costumbres difieren en cada país y que, junto al ayuno en las horas diurnas, también resulta importante compartir experiencias, hablar sobre la situación de cada uno y la comida conjunta durante la cena. En opinión de Al-Lal, la pandemia ha obligado a que las charlas que se daban cada noche en las mezquitas se divulguen ahora a través de grupos de whatsapp o mediante vídeos en Zoom con las enseñanzas religiosas oportunas. Sobre la situación que viven los musulmanes practicantes en centros como Las Raíces, Hamed manifiesta que “es para ellos un momento muy difícil, ya que no pueden practicar el Ramadán como lo hace cualquiera cuando está en su casa con su familia”. Reconoce que ha estado varias veces en dicho campamento y que encuentra a esos migrantes “bastante mal, llevan mucho tiempo, no saben el futuro que les espera, lejos de sus familias; es muy difícil”. Algunos le han dicho que si hubieran sabido que iban a pasar estas fechas de esta manera, no hubieran salido de sus lugares de origen.

Zacarías.

Un magrebí que se identifica como Zacarías afirma que la primera jornada del Ramadán en Las Raíces fue “muy, muy mal”. Recuerda que hace una semana participó en una reunión con uno de los encargados de Accem, la ong que gestiona el recurso, donde se le hicieron comentarios sobre la comida adecuada para estos días y el horario de reparto. Y los mismos planteamientos se hicieron en otros dos encuentros, pero los mismos no han servido para nada. Critica que, tras estar las horas diurnas sin ingerir comida, al llegar la tarde-noche les dieron papas y salchichón; “¿Qué es esto?”, critica. Y en el desayuno de la madrugada les dieron “dos zumos, dos panes, dos monodosis de mermelada y un par de mantequilla”, según dicho marroquí, quien aclara que “con eso hay que estar todo el día”. Esa comida se la dan en una bolsa y les dicen que, lo que les sobra de la madrugada, lo pueden llevar a sus carpas, pero en las mismas ahora, durante el día, hace mucho calor para que se conserven bien y no hay neveras. Frente a esa situación, Zacarías señala que, en condiciones normales, ellos toman productos como leche, huevos, zumos, harira (sopa marroquí), zumos, naranjas o carne con verduras, por ejemplo. La carne puede ser de pollo, de vaca o de pavo, entre otras, según este hombre. Indica que, por esa razón, algunos de sus compañeros de campamento se enfadaron y no comieron. A raíz de las nuevas quejas, Zacarías y otros compañeros esperan mantener otra reunión con representantes de Accem para intentar corregir la situación. Explicó que tenía la voz ronca, después de lo que gritó el pasado jueves, ante la indignación por el servicio de comida. Explica que “la comida se la deberían de comer los de Accem”. Está convencido de que si a cada compañero le dieran cinco euros podía comprar una comida más nutritiva que la que reciben en el campamento los musulmanes en estos días. Ante sus reiteradas protestas, lamenta que desde la ong que gestiona el recurso solo le han dicho: “Lo siento”.

Abdou.

Otro marroquí, al que todos conocen como Abdou, refleja otro aspecto de las quejas. Aclara que la intención de los musulmanes es cenar “todos juntos y a la misma hora”, desde las 20:30 horas. Para lograr ese objetivo, explica que el servicio de reparto de la comida en bolsas debería comenzar a las 18:00 horas. Sin embargo, si el inicio de la distribución de los alimentos empieza a las 20:15 o 20:20, ese objetivo de convivencia propia del Ramadán no se puede conseguir. Abdou afirma que a los musulmanes no les gustó la comida ofrecida en la primera jornada de su mes sagrado, pues su deseo es que sea más nutritiva, con proteínas y más saludable.

María Villarmín.

A mediodía de ayer, una voluntaria de la Comisión de Comida de la Asamblea de Apoyo, María Villarmín, acudió al asentamiento alternativo para recoger las demandas de alimentos propias de esta festividad sagrada. Elaboró una lista. Esta mujer, vecina de Tegueste, explica que 32 personas forman el grupo que prepara comidas, relevándose, para los que protestan contra el campamento de Las Raíces. Esos voluntarios, a su vez, cuentan con el apoyo de familiares, vecinos o amigos, que les aportan los productos necesarios. Según Villarmín, “los que están dentro manifiestan que la comida que les están dando ahora es muy mala”, por lo que, en su opinión, el delegado del Gobierno, Anselmo Pestana, dijo el pasado martes “una auténtica mentira” sobre la atención ofrecida por Accem en Las Raíces. Pero advierte de que “no tenemos comida suficiente para alimentar a más de 1.500 personas; solo para atender a los que están fuera”.

Una joven solidaria.

Una joven trabajadora social también llevó comida al exterior del campamento. No forma parte de la Asamblea, sino que actúa por su propia iniciativa y aporta ropa o alimentos una o dos veces por semana. Ayer entregó diversos bolsos con leche, zumos, bollería, café, azúcar, té, leche condensada o dátiles, por ejemplo, que repartió entre un grupo de subsaharianos, que le dieron las gracias. Ella intenta realizar esa labor solidaria con sutileza para evitar conflictos. Pero ni siquiera así es suficiente. Segundos después se acercan dos marroquíes a pedirle comida y a darle su teléfono. También quieren comida, pero ya no hay más.

“Desvergüenza y cinismo de Pestana”

La integrante de la Asamblea de Apoyo a Migrantes María Villarmín definió de “desvergüenza y cinismo” el planteamiento del delegado del Gobierno, Anselmo Pestana, de acusar a quienes viven en el asentamiento improvisado frente al centro de Las Raíces y a quienes los ayudan de generar problemas de convivencia con los usuarios del campamento. Cree que “Pestana desvía su responsabilidad hacia las personas de buena voluntad que intentamos ayudar, sin recursos, solo con la ayuda de los tinerfeños”. “Que pida una auditoría de lo que hace Accem”, reclama Villarmín, “en vez de culpabilizarnos a nosotros, cuando es competencia del Ministerio de Migraciones atender a estas personas”. Otra integrante de la Asamblea aclara que, cuando a los de fuera les sobra comida, la comparten con los de dentro; “no hay ese conflicto”. Apunta que “las peleas las provoca la ong, no los chicos que están protestando aquí fuera”. Otro activista, Roberto Mesa, pregunta: “si Accem lo hace tan bien, ¿por qué no dejan entrar a los periodistas al campamento?”.




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