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Energía | El tesoro bajo las aguas canarias

El ‘padre’ del leviatán del gas se une a Rabat para perforar al sur de Canarias

El pacto con Washington y Tel Aviv auspiciado por Trump propicia que Marruecos contrate a la israelí Ratio Petroleum para hacer prospecciones cerca de Canarias

El ‘padre’ del leviatán del gas se une a Rabat para perforar al sur de las Islas La Provincia

El Leviatán es un monstruo marino mencionado en la Biblia. Su nombre le viene del hebreo, lengua oficial de Israel. En 2010, justo frente a las costas de Israel en el mar Mediterráneo, el geólogo Eitan Aizenberg descubre uno de los mayores yacimientos de gas natural en aguas profundas del mundo. Una monstruosa reserva gasística bautizada como Leviatán que tiene el potencial suficiente para la independencia energética de Israel y para cambiar las relaciones diplomáticas y comerciales del país con sus vecinos Turquía y Egipto. Marruecos intenta ahora, en aguas al sur de Canarias, encontrar su particular leviatán de gas o petróleo, y para ello cuenta con un aliado estratégico: la empresa de Eitan Aizenberg y su equipo.

El interés de Rabat por explorar las profundidades del Atlántico cerca del Archipiélago no es nuevo. Tampoco es nueva la preocupación que esto despierta en las Islas. El senador autonómico Fernando Clavijo y el presidente del Gobierno de Canarias, Ángel Víctor Torres, han reaccionado de inmediato tras conocerse que Marruecos ha encargado a la empresa israelí Ratio Petroleum, fundada por Aizenberg, la búsqueda de yacimientos en un área marina de 109.000 kilómetros cuadrados que comprende aguas del Sahara Occidental y al sur del Archipiélago. Clavijo ha solicitado la comparecencia del ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, a quien Torres ya ha pedido información sobre los planes de Rabat en aguas canarias y, por ende, españolas. El ministro le ha garantizado a Torres que España actuará sin dilación si el proyecto marroquí afecta a las Islas en lo más mínimo. Sin embargo, los intereses que hay en juego en las profundidades al sur del Archipiélago no son solo los de Rabat, ni siquiera los de Rabat y Tel Aviv, sino también los de Estados Unidos.

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Hace menos de un año desde que Marruecos, Israel y Estados Unidos, aún con Donald Trump en la Casa Blanca, suscribieron un acuerdo a tres bandas –uno de los Acuerdos de Abraham– en virtud del cual Washington reconoce la soberanía de Rabat sobre el Sahara Occidental y Rabat establece plenas relaciones diplomáticas con Israel. Marruecos se convirtió así en el cuarto país árabe en normalizar relaciones con el Estado judío tras los Emiratos, Baréin y Sudán. Así que la histórica alianza entre Washington y Tel Aviv gana un nuevo aliado y, a cambio, Rabat da un paso histórico en su disputa con la República Árabe Saharaui Democrática (RASD) por la soberanía del Sahara Occidental. Un pacto tripartito que, de algún modo, afecta ahora a Canarias, que ve cómo la nueva amistad entre Marruecos e Israel se materializa en el encargo a Ratio para buscar hidrocarburos.

Ratio Petroleum no es una empresa más, sino que cuenta con un historial de éxitos que justifica la apuesta de Rabat. Es una apuesta sobre seguro. La Oficina Nacional de Hidrocarburos y Minas de Marruecos (Onhym) le ha concedido a la firma israelí, en concreto a su filial Ratio Gibraltar, la licencia en exclusiva para la búsqueda de gas y petróleo, tal como avanzó el sitio web israelí especializado en información energética Energia News tras la firma del acuerdo, que tuvo lugar el 24 de septiembre. Ratio explorará en busca de hidrocarburos tanto en aguas poco profundas como hasta unos 3.000 metros –tres kilómetros– de profundidad. Los permisos tienen ocho años de duración y Marruecos se quedará con un 7% del petróleo hallado a más de 200 metros de profundidad –siempre que la producción supere las 500.000 toneladas– y con un 3,5% del gas natural, en este caso siempre que el yacimiento produzca más de 500.000 metros cúbicos.

El grupo israelí Ratio fue fundado por los empresarios Yeshayahu Landau y David Rotlevy. Eitan Aizenberg, ya octogenario pero aún en activo dentro del equipo de Ratio Petroleum –donde ocupa el cargo de vicepresidente de las áreas de Exploración y Producción–, ha estado junto con las familias Landau y Rotlevy desde los inicios de la compañía. Su papel es clave en el desarrollo de Ratio. Aizenberg, geólogo de formación, es el padre de Leviatán, el macroyacimiento de gas natural descubierto en 2010 que garantiza el suministro de Israel para los próximos 40 años. En 2010, Ratio aún era una pequeña empresa, pero gracias al hallazgo de Aizenberg se atrajo la colaboración de la firma estadounidense Noble Energy, que en octubre del año pasado se integró en el gigante Chevron Corporation. A finales de 2019, menos de diez años después del descubrimiento, comenzó la explotación de Leviatán y el suministro de gas natural, primero en Israel y después a Egipto y Jordania.

Polémica repetida

Los campos de gas de Leviatán no han estado exentos de polémica. Una polémica que tiene mucho que ver con la que ya se ha levantado en Canarias cuando el proyecto de Marruecos ni siquiera ha comenzado. Tras el hallazgo en el Mediterráneo oriental, el Líbano aseguró que el yacimiento comprendía aguas bajo su jurisdicción, algo que puede repetirse con España si finalmente fructifica la búsqueda de Ratio en las aguas al sur de las Islas. Esta es la razón de que el senador Clavijo, representante de la Comunidad Autónoma en la Cámara Alta, calificara de «grave atentado» contra las relaciones diplomáticas entre Madrid y Rabat el acuerdo entre Marruecos y la empresa israelí.

De hecho, la licencia de exploración y producción concedida a Ratio supone reabrir el conflicto con España iniciado en enero de 2020, cuando la Cámara de Representantes del reino alauí aprobó dos leyes para delimitar su Zona Económica Exclusiva (ZEE) y el espacio marítimo que comparte con Mauritania y con Canarias, es decir, con España. Rabat ampliaba así, de forma unilateral, las 12 millas de aguas territoriales a lo largo del Sahara Occidental, un territorio en disputa, y establecía una ZEE hasta las 200 millas. Dicho de otro modo, extendía el control del Sahara Occidental de la tierra al mar. Pero, además, el país vecino quiere ampliar su plataforma continental –la del Sahara–, lo que extendería el mar soberano hasta las 350 millas náuticas siempre que se demuestre que efectivamente el territorio submarino es continuidad de la zona terrestre sobre la que se ejerce la soberanía, en este caso una soberanía de facto pero no de iure. El caso es que esa nueva plataforma se solaparía con la española, solicitada ante la ONU y en espera de respuesta. Un problema no menor porque cada Estado es soberano para administrar, explorar, conservar y explotar los recursos dentro de su plataforma, y en este caso chocarían la marroquí y la española. O más bien la española y la que Marruecos pretende como suya. En el fondo de las prisas por la delimitación de las aguas están los yacimientos minerales al suroeste de El Hierro, como los del monte Tropic, con potenciales y enormes reservas de cobalto y telurio. Está garantizado que en el subsuelo de la plataforma canario-saharaui-marroquí hay yacimientos de hidrocarburos. Se sabe desde 2015 tras la campaña de Repsol.

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A comienzos de 2015, la multinacional energética y petroquímica anuncia el punto final a su aventura en aguas del Archipiélago en busca de hidrocarburos. Pero no porque no hubiera encontrado yacimientos, sino porque entonces consideró que en la zona concreta donde había perforado no había un volumen suficiente para que la extracción resultara rentable. De hecho, Repsol halló metano y hexano –gas– en el área explorada, que no coincide exactamente pero sí está relativamente cerca de la zona donde ahora el tándem Marruecos-Israel –un tándem impensable en otros tiempos y auspiciado, cabe insistir, por Donald Trump– buscará nuevos yacimientos. Por eso es clave para los distintos Estados implicados en esta carrera geopolítica por la preeminencia energética hacerse con el control sobre tanta extensión del Atlántico en torno a las Islas como les sea posible.

La controversia estaba en punto muerto después de que Marruecos se ofreciera a una mesa de diálogo con España, si bien la ampliación de fronteras de Rabat es nula de pleno derecho –en este caso el derecho del mar– precisamente porque no hay acuerdo con España. Y la extensión de la plataforma continental debe ser aprobada por la Comisión de Límites de la ONU. El caso es que la polémica se reactiva ahora porque la autorización a Ratio Petroleum comprende un área próxima al Archipiélago. El problema para España es que si considera casus belli la invasión marina marroquí, se arriesga a que Rabat abra la espita de la emigración irregular masiva; se incremente el número de pateras y cayucos hacia Canarias; y se repitan situaciones como la de Ceuta. Rabat ya ha dado muestras de que las advertencias de la Comisión Europea –«nadie puede chantajear a la UE con la inmigración», dijo el vicepresidente Margaritis Schinas en mayo– no le preocupan demasiado.

Un varapalo ignorado

Tampoco parece haber afectado al pacto con Israel el hecho de que el Tribunal General de la Unión Europea haya anulado el acuerdo pesquero y comercial entre Bruselas y Rabat precisamente porque legislaba sobre aguas del Sahara Occidental, es decir, aguas sobre las que Marruecos no tiene la soberanía. Es más, apenas transcurrió un mes entre el varapalo judicial a Bruselas y al reino alauí –un varapalo que, además, tiene su origen en dos recursos del Frente Polisario– y la firma del contrato con Ratio Petroleum para explorar en las mismas aguas. Por eso el Polisario no ha tardado en reaccionar y ya ha anunciado que llevará ante la Justicia el proyecto israelomarroquí. «En el caso de la explotación del bloque atlántico de Dajla [la antigua Villa Cisneros española] por parte de la empresa israelí Ratio, el Frente Polisario utilizará todos los medios legales a su alcance para llevar ante los tribunales internacionales una moción solicitando la suspensión inmediata de esta actividad», avisó el representante del Frente Polisario ante Europa, Oubbi Buchraya, en el diario digital ruso Sputnik.

Además, la renovada apuesta de Marruecos por la búsqueda de hidrocarburos en aguas próximas a Canarias coincide con el cierre del gasoducto argelino que trae gas a Europa pasando por territorio del reino alauí. Una infraestructura que ha sido de vital importancia para el suministro energético de España y cuyo cierre ha obligado a la diplomacia nacional y al Gobierno de Pedro Sánchez a mover ficha con rapidez para garantizar que el gas procedente de Argelia, que representa alrededor del 30% del consumo en el país, seguirá llegando pese al taponamiento del gasoducto. Un taponamiento decidido por Argelia precisamente a raíz de la ruptura de las relaciones diplomáticas con Marruecos, el pasado verano, tras una larga serie de desencuentros. Rabat le reprocha a Argel, con la que se disputa la condición de potencia hegemónica del Magreb, su apoyo al Polisario. Argel rechaza la «política de hechos consumados» de Rabat en lo relacionado con el conflicto del Sahara.

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