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La Provincia - Diario de Las Palmas

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Nigeria y Marruecos se unirán por un megagasoducto que bordeará las Islas

Rabat acelera el proyecto al verse en la ‘encerrona’ preparada por Argelia con el cierre del canal Magreb-Europa - El tubo pasará por aguas próximas a Canarias

Panorámica aérea del buque ‘Rowan Renaissance’ durante la búsqueda de hidrocarburos llevada a cabo por Repsol en aguas canarias en 2015. | | LP/DLP

Marruecos y Nigeria quieren conectarse a través de un megagasoducto de 5.660 kilómetros de longitud al que se engancharían 13 países del África Occidental y que bordearía las Islas. Un macroproyecto que toca aguas próximas a Canarias y que cuenta con el empeño personal del monarca alauí, Mohamed VI, y del presidente de Nigeria, Muhammadu Buhari. La megatubería se anunció en 2016, pero es ahora cuando Rabat y Abuya aceleran para materializar sus planes. Las prisas aumentan en el lado marroquí tras haber caído en la encerrona preparada por Argelia con el cierre del gasoducto Magreb-Europa. Argel y Rabat rompieron relaciones en verano y el país presidido por Abdelmadjid Tebboune ha decidido taponar la tubería que pasa por Marruecos. Estados como España, que también recibía el gas argelino a través del canal del Magreb, seguirán abastecidos por otras vías –España por medio del gasoducto submarino Medgaz–, pero Rabat se queda sin suministro. Así que el proyecto compartido con Nigeria es más necesario que nunca para Marruecos.

Canarias está justo en medio –literalmente– de los dos grandes proyectos energéticos de Marruecos: la búsqueda de gas y petróleo en aguas del Sahara Occidental próximas al Archipiélago y la construcción del megagasoducto que conectaría al país con Nigeria pasando frente a las costas de Benín, Togo, Ghana, Costa de Marfil, Liberia, Sierra Leona, Guinea, Guinea-Bisáu, Gambia, Senegal y Mauritania. La tubería pasaría por aguas cercanas a las Islas, de sur a norte, hasta llegar a Marruecos. Sin embargo, en lo relacionado con Canarias hay una notable diferencia entre ambos proyectos: los intereses de España en uno y otro caso.

El plan nigeriano-marroquí entronca con la idea de la UE de reducir la compra de gas a Rusia

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En la búsqueda de hidrocarburos encargada a la multinacional israelí Ratio Petroleum –una alianza entre Rabat y Tel Aviv habría sido impensable antes de los Acuerdos de Abraham firmados el año pasado bajo el auspicio de Donald Trump–, España no tiene ningún interés. Es más, hay un conflicto latente entre Madrid y Rabat por la delimitación de las aguas soberanas de ambos países y la extensión de sus respectivas plataformas continentales. Marruecos pretende incluir en su plataforma las aguas del Sahara Occidental –un territorio en disputa sobre el que ejerce una soberanía de facto pero no de iure–, lo que supondría la invasión de aguas canarias, es decir, de aguas bajo soberanía española. España ya ha solicitado la extensión de su plataforma continental ante la ONU y está en espera de respuesta. Más difícil lo tiene el reino alauí, máxime después de que la Justicia europea haya tumbado los acuerdos pesquero y comercial con Bruselas precisamente porque legislaban sobre aguas saharauis de las que Marruecos no es soberano. En cualquier caso, lo que subyace en el lío de la delimitación de las aguas –que en última instancia se resolverá en la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar– son los montes submarinos al suroeste de El Hierro y sus yacimientos de telurio y cobalto. Tanto Madrid como Rabat quieren tener el control de esa zona para explotarla cuando la tecnología permita extraer los metales preciosos a un coste asumible. En otras palabras: hay un choque de intereses, lo que no ocurre con el megagasoducto.

De hecho, Nigeria y Marruecos quieren que la futura megainfraestructura gasística del África Occidental se conecte con Europa a través de España. Para un Estado tan dependiente del exterior en materia energética –casi el 75% de la energía en España es importado, lo que sitúa al país con un grado de dependencia energética 20 puntos superior a la media del continente–, los planes de Abuya y Rabat pueden suponer una oportunidad para diversificar la procedencia del gas. Y Bruselas también podría ver una oportunidad para reducir la dependencia europea de Gazprom, esto es, de Rusia, con lo que ello significa en términos de geopolítica.

La megatubería submarina, de 5.660 kilómetros, costará 21.600 millones y pasará por 13 países

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Así pues, el megagasoducto podría beneficiar a Europa en general y a España en particular. Máxime si se tiene en cuenta que será Nigeria el país que tenga el control de la espita para la entrada y salida del gas. El país que abriría y cerraría la tubería. Las relaciones entre Madrid y Abuya son excelentes, hasta el punto de que ambos Estados firmaron en 2006 un Acuerdo de Protección y Promoción Recíproca de Inversiones –aún vigente– y que Nigeria ya es el tercer mayor suministrador de gas a España solo por detrás de Argelia y los Estados Unidos.

Aunque la prolongación del canal hasta Europa es una posibilidad a medio y puede que incluso a largo plazo, sí se están dando ya los primeros pasos para la construcción y el tendido del megagasoducto a lo largo del África Occidental. De hecho, la infraestructura es viable sin la conexión con Europa, que vendría a ser una segunda fase, con lo que la tubería bordeará sí o sí las Islas con independencia de que España se enganche o no al gasoducto. No en vano, el principal objetivo de Marruecos y Nigeria es el suministro y la distribución entre los países noroccidentales africanos. De este modo, Nigeria consolidaría su papel de potencia económica en la zona –es el principal productor de petróleo del continente– y Rabat reforzaría sus relaciones con Abuya –no siempre fueron buenas, ya que Nigeria ha defendido el referéndum para solucionar el conflicto del Sahara Occidental– y ganaría peso geopolítico en su pugna con Argelia por la hegemonía en el Magreb.

La intención de Abuya y el reino alauí es que España se enganche al canal y sea puerta a Europa

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La macroinfraestructura tiene un coste de 25.000 millones de dólares –más de 21.600 millones de euros– y dará servicio a las más de 300 millones de personas que viven en los países –en casi todos sigue habiendo poblaciones sin electricidad– frente a los que discurrirá el megagasoducto submarino, incluido el Sahara Occidental. Es la cuestión saharaui –más allá de que el canal pase por aguas cercanas a Canarias y de las posibles trabas medioambientales– la que se antoja como principal obstáculo político al proyecto.

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