Aunque el desánimo ante una catástrofe es una respuesta natural, son muchos los palmeros que apuestan por llenar de ilusión los lugares que el volcán cubrió con ceniza un 19 de septiembre de 2021. Es el caso de la pasense Jocelyn Cabrera, una joven de 27 años que fue madre hace apenas siete meses: el Tajogaite se llevó su hogar, el de sus padres y las fincas familiares que tenían en la zona de El Paraíso, en El Paso, tan solo dos días después de comenzar la erupción. Su barrio fue el primero en ser afectado.

La lava también arrasó la empaquetadora de plátanos donde trabajaba Cabrera. Ahora, en ERTE, vive en un alquiler que paga con sus escasos ingresos por culpa de los atrasos que sufre la ayuda al alquiler que habilitó el Gobierno regional. Como si no fuera poco, los alquileres están por encima de los 800 euros en toda la Isla debido a la emergencia habitacional. Aún así, la joven lucha cada día por crear en su Isla el proyecto de vida que el volcán trató de arrebatarle. 

Con los 60.000 euros de ayuda que el Consorcio de Seguros le otorgó por la pérdida de su vivienda, además de otras ayudas del Cabildo, la joven construye ahora en El Paso su nuevo hogar. Lo hace despacio, porque solo los terrenos se llevan el total de la ayuda percibida: «No he levantado las paredes y ya he gastado 90.000 euros», relata. Su caso no es el peor, ya que «muchos terrenos se están vendiendo a 100.000 euros» y, ante esos precios, cuenta que muchos damnificados «se resignan a quedarse a vivir en los contenedores».

La casa que Jocelyn Cabrera está construyendo en El Paso. ED

Cabrera es parte de la Asociación Social Volcán Cumbre Vieja, que aglutina a más de 200 afectados. En su opinión, las ayudas pendientes de entregar, además de los elevados precios de los terrenos y de los alquileres, son los problemas principales de los afectados. Unos escollos que, dos años después de la erupción, frenan las posibilidades de repoblar los municipios afectados y de recuperar los planes de vida que se pusieron forzosamente en pausa.