Una fiesta sin final feliz para los canariones

Un total de 8.193 aficionados vivian ‘in situ’ el derbi entre Granca y Tenerife en el Arena

Santiago Icígar

Santiago Icígar

Ya lo había advertido el propio Sitapha Savané, el presidente del Dreamland Gran Canaria sobre la terraza del Hotel Santa Catalina. La fiesta organizada por el conjunto amarillo apuntaba a grandiosa con más de 8.000 fieles poblando las gradas del majestuoso Gran Canaria Arena. Lástima el final infeliz para los amarillos a los que les faltó la guinda de un resultado positivo en un partido que tuvo de todo: momentos buenos, malos y un final no apto para cardíacos.

Desde las 16.00 horas comenzaba a acercarse por las calles de Siete Palmas en dirección al pabellón un goteo incesante de aficionados de todas las edades, muchos de ellos ataviados con los colores amarillos, para vivir la fiesta del baloncesto canario, entre un Granca y un Lenovo Tenerife que se retaban en duelo con el objetivo a largo plazo de sellar sus billetes para la Copa del Rey.

Kilian Viera amenizaba con su música a los más madrugadores que comenzaban a poblar la basket zone, elegida como punto de encuentro de muchos de ellos para aprovechar y probar su puntería en los concursos de tiro, probar fortuna en las ruletas o simplemente coger fuerzas en los tenderetes instalados para la ocasión y que se iban llenando con el transcurso de los minutos, todo ello en un ambiente festivo que se iba caldeando a medida que se acercaban el inicio del choque.

Sitapha Savané ejercía de anfitrión de los 8.193 fieles que se acercaron ayer al Arena. El presidente se retrató con todos los aficionados que le reclamaban, en unos prolegómenos que servían para acrecentar las ganas de continuar con el espectáculo en el interior del recinto.

Ya dentro del pabellón, la Grada Loca tiraba de tambores y cánticos, con la ayuda de Pedro Domínguez en su labor de animador, lo que ayudaba a los aficionados a seguir con la fiesta y sumarse a la creciente marea amarilla.

No faltaron los silbidos en la presentación del Lenovo Tenerife, como es menester, ni la ovación cerrada a los soldados de Jaka Lakovic, como preámbulo de un minuto de silencio que puso a todo el Arena en pie para homenajear a la figura ilustre del fallecido Jerónimo Saavedra.

La conexión de la grada con el equipo fue total, en los buenos, pero sobre todo en los malos momentos, apretando al árbitro cada vez que la ocasión se terciaba, pero siempre dentro de un tono deportivo y respetuoso.

Con los dos equipos enfilando el túnel de vestuarios, los voluntarios del Granca se apresuraban para montar en el centro de la cancha de juego una pequeña tarima con la batería del grupo Efecto Pasillo que tocaron los acordes de algunos de sus temas más conocidos, con los coros de una afición que quería mantener la fiesta a toda costa.

El final de película de misterio, con prórroga incluida era tomado como un plus, al que solo le faltó el resultado favorable para un Granca que espoleado por su afición, moría en la orilla, tras forzar una prórroga y no ser capaz de leer el partido en un último tramo en el que Txus Vidorreta volvía a ejercer de Grinch para amargarle la fiesta a todos los canariones. Así es la vida.