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El acto de lidiar con el dolor

Literatura Random House publica 'El año del pensamiento mágico', donde la escritora americana Joan Didion relata su vida tras la muerte de su marido

El acto de lidiar con el dolor

El acto de lidiar con el dolor

Una buena noticia para el lector español es la aparición en los escaparates de las librerías de la obra de la escritora americana Joan Didion, de quien Literatura Random House (antes Mondadori) ha publicado hasta el momento Los que sueñan el sueño dorado, Noches azules y, más recientemente, El año del pensamiento mágico, libro en el que el dolor, que la mayor parte de las veces carece de justificación, posee una historia personal que ha cautivado a millones de lectores en todo el mundo. El dolor y, sobre todo, el duelo, se convierten en espacio de la memoria afligida y convertida en sostén de la autora que lo ha perdido todo al peder a su marido y a su hija en un corto espacio de tiempo.

Como punto de partida, y apenas haría falta decirlo, Didion es una escritora prodigiosa. Pocos autores pueden hacer gala de una prosa tan precisa y elegante para narrar lo inenarrable: "Hace nueve meses y cinco días, sobre las nueve en punto de la noche del 30 de diciembre de 2003, mi marido, John Gregory Dunne, pareció experimentar (o experimentó), sentado a la mesa donde los dos nos disponíamos a cenar en la sala de estar de nuestro apartamento de Nueva York, un infarto masivo y repentino que le causó la muerte. Nuestra única hija, Quintana, llevaba cinco noches inconsciente en una unidad de cuidados intensivos de la División Singer del Centro Médico Beth Israel. [...] Lo que había parecido un simple caso de gripe estacional lo bastante grave como para hacerla ir a urgencias el día de Navidad por la mañana se había agravado espectacularmente hasta convertirse en neumonía y choque séptico. Este es mi intento de asimilar el período que vino a continuación".

Con implacable lucidez, Didion describe con minuciosidad las horas que siguieron a la muerte de su marido. Cada detalle, cada pormenor, cada gesto cobra sentido en las horas posteriores al suceso y sirve para arañar un poco más en el trasfondo de una tragedia que remite a la historia de la experiencia, es decir, a la historia de lo que es al mismo tiempo propia y ajena, individual y colectiva, pues "la vida cambia deprisa. La vida cambia en un instante. Te sientas a cenar, y la vida que conocías se acaba". Éstas son las primeras palabras que Didion anota en un archivo de Microsoft Word de su ordenador después de que todo pasara. Durante mucho tiempo no anotó nada más, hasta que el pasado común de la pareja (juntos habían escrito los guiones de Pánico en Needle Park y Ha nacido una estrella, la versión realizada en 1976 por Frank Pierson, protagonizada por Barbra Streisand) apareció ante sus ojos y ya sólo encontró consuelo en la escritura.

No podía ser de otra manera para alguien que confiesa: "Mi forma de escribir es mi forma de ser, o la forma en que he acabado siendo, y sin embargo en el presente caso me gustaría tener, en vez de palabras y sus ritmos, una sala de montaje equipada con una Avid, un sistema de edición digital que me permitiera pulsar una tecla y desmontar la secuencia temporal, mostrarles a ustedes todos los fotogramas de la memoria que me vienen ahora a la cabeza, dejar que sean ustedes quienes elijan las tomas, las expresiones ligeramente distintas, las lecturas variantes de las mismas líneas. En este caso las palabras no me bastan para encontrar los significados. En este caso necesito que lo que yo pienso y creo sea penetrable, al menos para mí misma".

No hace falta avanzar mucho en la lectura de El año del pensamiento mágico para darse cuenta de que todo el libro es una reflexión sobre el duelo: "Hasta ahora solo había pasado por el dolor, pero no por el duelo. El dolor era algo pasivo. El dolor era algo que te pasaba. Pero el duelo, el acto de lidiar con el dolor, requería atención. Hasta entonces había tenido mil razones apremiantes para no prestar una atención que en otro caso sí habría prestado, para desterrar todos los pensamientos que me venían a la cabeza y dedicarle más adrenalina a la crisis que tenía abierta". Pero no es el suyo un testimonio desesperado, sino un relato sobre la fuerza de los afectos que derriba tabúes y pulveriza prejuicios en torno a la exhibición del duelo.

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