Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Letras

Literatura contra los molinos

Un conjunto de escritores, editores y libreros toman el pulso al panorama del sector del libro en Canarias

De izquierda a derecha, Zaradat Domínguez, Julio Fajardo, Pablo Checa, Carlos Álvarez, María Jesús Alvarado y Adolfo García, en la Biblioteca Insular.

De izquierda a derecha, Zaradat Domínguez, Julio Fajardo, Pablo Checa, Carlos Álvarez, María Jesús Alvarado y Adolfo García, en la Biblioteca Insular. TONY HERNÁNDEZ

Muchos vaticinaron que los libros, como la vida, jugarían un pulso inexorable contra la muerte. Lo cierto es que los libros luchan hoy contra molinos de viento, que en los últimos años se ha tornado "en fiera y desigual batalla", como clamó Alonso Quijano al enfilar contra los gigantes. "La tecnología ha cambiado el soporte de la famosa página en blanco, pero no ha eliminado el terror que suscita ni el esfuerzo que hace falta para acometerla", declaró el escritor Eduardo Mendoza, premio Cervantes 2017, en su discurso de agradecimiento.

Ante la celebración del Día del Libro, un grupo de amantes y artesanos de la literatura vinculados a las islas se reunió estos días en la Biblioteca Insular para compartir sus reflexiones en torno al escenario actual de la literatura en Canarias y a nivel global. El escritor y guionista Carlos Álvarez, fundador de la editorial Hora Antes; el escritor y editor Julio Fajardo; la filóloga y librera Zaradat Domínguez, uno de los faros de la librería Azulia, en Venegas; la escritora y cineasta María Jesús Alvarado, al frente de la editorial Puentepalo; el escritor y editor Adolfo García, detrás de El Ángel Caído; y el periodista y editor Pablo Checa, con la editorial CanariaseBook, se prestaron a radiografiar el panorama literario en el Archipiélago ante la revolución digital, la efervescencia creadora, la geografía isleña, los conglomerados editoriales, la apatía institucional y la crisis de un universo de valores asociado a la lectura. Estos epígrafes se aglutinan a continuación bajo distintas paráfrasis de títulos de Eduardo Mendoza, en homenaje al escritor serio más divertido recientemente premiado, para esbozar un mapa del sector desde las islas, con sus desafíos, sus complejidades y su belleza. Porque, al fin y al cabo, la literatura es lo más parecido a la vida.

Z La verdad sobre el caso isleño

Las barreras a la proyección de los escritores canarios al resto de España representa un viejo mito, a juicio del escritor Julio Fajardo, que publicó su novela Asamblea ordinaria a nivel nacional con Libros del Asteroide: "Yo creo que ese factor de aislamiento pesaba más antes pero, hoy en día, el canal por el que llegan los manuscritos a las editoriales es el mismo para prácticamente todos", señala. "Hoy las editoriales valoran más otros aspectos, como la repercusión de los escritores en el mundo virtual. Esa es una nueva vara de medir a la hora de incluir a un autor en un catálogo y, en cierta manera, ese ámbito democratiza el acceso".

Para Carlos Álvarez, el reto del autor canario estriba en abrirse un hueco ante la congestión del sector. "Por un lado, hay una saturación de ediciones en el mercado, lo que redunda en que, por otro lado, falte un canon establecido en el que se dé una serie de valores literarios más o menos consensuados. No es lo mismo Shakespeare que Marcial Lafuente Estefanía", sostiene. "Además, hoy es muy sencillo publicar, tanto en digital como en papel, porque se ha simplificado mucho el proceso. El problema está en cómo distribuir esas ediciones y en cómo llegar al lector".

A este respecto, Pablo Checa destaca que "en Canarias existe una muy buena cantera de escritores desde siempre". "Nuestra labor desde las editoriales es facilitar las herramientas para publicar, porque hoy puede publicar cualquiera, pero no puede editar cualquiera", apunta. "Si hay calidad literaria, las editoriales brindamos los mecanismos para abrirles paso y que el libro sea lo mejor posible".

Z El asombroso viaje de la edición

Groucho Marx clamó que "inteligencia militar son términos contradictorios". Para Álvarez, la noción de "industria cultural" entraña la misma paradoja. El escaparate editorial en las islas espeja el dominio de los grandes grupos editoriales a nivel nacional, pero también es reflejo de la eclosión de pequeñas editoriales independientes que, lejos de atender a criterios comerciales, editan con mimo sus libros y distinguen entre la buena y mala literatura. "Hay que diferenciar literatura de negocio editorial, que han ido de la mano, pero rara vez coinciden", indica Álvarez. "La ideología de la industria cultural busca hacer rentable el negocio del libro y este discurso ha calado en la esfera política canaria. Y como es imposible que una editorial canaria sea rentable, no se prestan apoyos. Pero la creación y la acción cultural no se puede medir en términos de rentabilidad, sus beneficios son otros".

El editor Adolfo García coincide en que "en el sector tienes que luchar contra gigantes". "Realmente hay una tiranía de las grandes editoriales que se traslada a las distribuidoras y acaba subyugando a las librerías", manifiesta García, que regentó durante años la cafebrería Esdrújulo. "La presión sobre las librerías es enorme y, si una librería quiere tener personalidad y apostar por una serie de libros escogidos de determinadas materias o autores, cuesta horrores que la distribuidora colabore".

En la actualidad, Canarias cuenta con una treintena de editoriales independientes en activo, según la base de datos del Ministerio de Cultura. Aunque Álvarez recuerda que "hacer una edición en papel de más de 1.000 ejemplares en las islas es suicida -no tienes distribuidora que lo apoye y no es rentable económicamente-", García señala que "en crisis la gente saca lo mejor de sí y ha habido una reacción de las pequeñas editoriales a las grandes editoriales, que apuestan por ediciones cuidadas, en buen papel o con ilustraciones. Luego, cuesta llegar al mercado, pero es una guerra de guerrillas muy interesante".

En este contexto, se dispara la autoedición. "La autoedición me parece una vía tan lícita como cualquier otra de publicar", apunta María Jesús Álvarado, "el problema es que, ante un abanico tan amplio de escritores, es más complicado establecer un marco de calidad y llegar al lector". Entonces, Álvarez recuerda que "Pérez Galdós se editó a sí mismo. Y lo hizo por una cuestión muy simple: para hacer más dinero. El libro siempre ha sido negocio". Le suscribe Alvarado: "Es que el editor no sólo busca calidad, también tiene que vender". "En este sentido, sería interesante unir iniciativas y crear sinergias, como la Asociación Cineastas de Canarias Microclima, en el cine, para poner en común y ver que no estamos solos, en lugar de hacerlo todo individualmente. Hay competencia, pero también muchas ganas de hacer cosas". Esta vertiente retoma el debate de cómo abrirse paso en el maremágnum editorial, que hoy se multiplica en Internet.

Z El laberinto de las redes

Uno de los principales temores que despierta la edición digital es que las plataformas virtuales supriman los filtros de calidad que aplican los editores, pero algunos defienden las ventajas de eliminar intermediarios y que se democratice el acceso al mercado cultural.

"Este ha sido el primer año en España en que el libro electrónico ha tenido un retroceso", apunta Fajardo. "Esto tiene que ver con el miedo de los editores a la piratería, pero también con la proliferación de editoriales pequeñas de prestigio que han mejorado el aspecto del libro y lo han convertido en un objeto que cada vez apetece más tener en las manos. Y eso es lo que está salvando el papel. Una editorial independiente hoy es como tener un grupo de rock en los 90, porque tiene un público; que es minoritario, pero existe".

Le secunda Zaradat Domínguez, para quien "tenemos que preguntarnos en qué aspectos democratiza Internet y cuál es el valor que se le está añadiendo al libro, que no es exactamente la literatura en sí". Sin embargo, Álvarez apostilla que "el universo material en el que se mueve hoy el 90% de los ciudadanos son las redes. Sobre todo, los jóvenes". "Que en el siglo XXI aún pretendamos captar nuevos lectores a través del libro de papel es un absurdo llevado a la enésima potencia. Para que el lector vaya a la librería primero tiene que conocer la literatura y esa forma de conocimiento pasa por los soportes tecnológicos". A este respecto, Domínguez lamenta la falta de espacios culturales en la Isla. "¿Dónde está la cantera que antes se reunía en bares o cafés y hablaba de literatura?", plantea. Todos responden al unísono: en la red.

Z La ciudad de las librerías

El kilómetro de las librerías del barrio Triana-Arenales, donde desfilan Canaima, Sinopsis, Archipiélago, Triana Más que Libros y Azulia, aloja cada vez más actos y presentaciones. "La librería tiene que convertirse en un espacio cultural", manifiesta Domínguez. "Deberíamos apostar por ese tipo de espacios, porque allí es donde hierve la cultura, no en otro tipo de establecimientos. En Azulia percibimos que hay mucha gente que ama la literatura y que se ha extrañado de poder compartirla en la librería, porque lo consideran un aspecto relegado a la intimidad". García coincide en que "la librería no puede ser una tienda, sino un espacio dinámico, como sucede en Madrid con librerías como Tipos Infames o Cervantes y Compañía".

En la capital grancanaria, las librerías resisten como templo de referencia literario. "La librería es un enclave indispensable para esa promoción del valor del libro en papel y tenemos que hacer -o deberíamos hacer- un trabajo de selección y establecer un tipo de jerarquía. No se puede abarcar todo", apunta Domínguez. "Nosotros distinguimos dos tipos de públicos: los que aman la literatura y son fieles a determinadas editoriales; y un sector más gregario, que pregunta directamente por lo que más se vende. Este primer público es minoritario, pero demuestra que aquí existe gente muy lectora, que comparte la lectura y la entiende como un modo de vivir la realidad, que tiene que ver con el valor asociado al libro de papel".

En este sentido, Fajardo celebra "el papel del librero como prescriptor y aglutinador". "Creo que el sector se está salvando porque cada uno de los actores en el proceso está asumiendo una responsabilidad interesante, que es la de generar comunidad. Ese valor añadido permite una mayor diversidad ante el aburrimiento y anquilosamiento de los grandes grupos editoriales, que siempre apuestan por cosas muy concretas", añade.

Z Sin noticias de la administración

¿Y cuál es el papel que deben jugar las instituciones en este escenario? "Yo no soy partidario de que la administración apoye a la empresa privada, pero lo que tienen que hacer las consejerías de Cultura es poner las bases para que la gente se forme, tanto escritores, como editores o lectores", señala García. "También sería interesante que la administración invirtiera en servicios que pudieran aprovechar las editoriales o autores, como poner una imprenta; o prestar un apoyo a editoriales canarias para que acudan a ferias de libros en el extranjero, donde se hable de Canarias".

En cambio, Álvarez denuncia que "si la administración apoya a las empresas de coches y de hoteles, ¿por qué no se van a apoyar los libros y las películas? Si hubiese un apoyo a la distribución global para todas las editoriales canarias, eso abriría una serie de mercado, por ejemplo". "Pero volvemos al tema reaccionario de las industrias culturales, que viene siendo el entertainment y tiene unas protecciones increíbles en Estados Unidos. Pero la cultura y la industria son elementos muy diferentes. Al unir ambos términos afirmamos que, si yo hago coches, tienen que ser rentables. Pero cuando hablamos de subvencionar el cine, la literatura o la pintura, la cosa cambia, porque la cultura tiene unos valores y genera unos beneficios que no son necesariamente económicos, aunque son enormes".

También Fajardo admite que "en España se agradecería más presupuesto destinado a este sector. Por ejemplo, habría muchos más títulos extranjeros traducidos de calidad, que es positivo para nuestra cultura, pero también se daría en sentido contrario". "Exacto", coincide Álvarez. "En Canarias recibimos 12 millones de turistas. Si editamos obras canarias en inglés, chino o alemán, en papel o en digital, les acercamos nuestra cultura, porque estoy seguro de que las van a leer. Hay muchas fórmulas, pero hay que querer buscarlas y estudiarlas".

A juicio de Alvarado, "tiene que haber un baremo". "Creo que hay que tender a un equilibrio entre la iniciativa privada y la ayuda administrativa, no sólo por lo que supone esto último a nivel de apoyo, sino porque significaría que de verdad hay una conciencia en la administración de que la cultura es importantísima y que también genera mucha riqueza. Se debería convocar a las partes intervinientes, abrir un diálogo y apoyar".

Z El secreto del lector extraviado

El puente por el que transita la literatura culmina en el lector y, sin su complicidad, no hay diálogo. "Al fin y al cabo, uno escribe para mostrar", apunta Álvarez, "pero hay que quitar al hábito lector el sentido utilitario: leer sirve para entretenerse, para formarse, ¡hasta para ligar!".

También Alvarado subraya que "es fundamental cuidar este sector": "Se habla mucho de escritores, editoriales y producción canaria, pero tenemos que pensar en qué riqueza hay de lectores canarios".

En este sentido, la orilla de los jóvenes representa el mayor desafío de la literatura. "Esa franja de edad en la que los niños dejan de leer libros, porque el mundo de la imagen empieza a tomar más fuerza y abandonan el hábito lector, es a la que hay que dirigirse", apunta la escritora. "Es fundamental que se creen políticas y estrategias culturales para que los jóvenes mantengan o adquieran el hábito de la lectura y que descubran el libro como una forma de viajar".

Checa sostiene que "a los niños hay que educarlos en que siempre será mejor leer que no leer, pero hay que hacer que el libro les parezca atractivo. No leer y hacer un examen, sino introducir juegos o propuestas escénicas. Además, con la cantera de escritores que hay en Canarias, que el autor se acerque a las aulas es clave, porque los chicos les ponen rostro y se establece un vínculo. Y esa es una forma de crear cantera".

Le secunda Domínguez: "Que los escritores canarios acudan a los colegios es interesante porque se crea una empatía. No se puede poner a los niños a leer a Calderón de la Barca o El Quijote. Tienes que conectar vivencialmente con ellos, no como si fuera un temario que se tienen que aprender, porque la literatura es una experiencia viva. También sería hora de que la literatura canaria que se está haciendo vaya a los colegios y se estudie".

Z El enredo de la literatura y la vida

Y en este escenario, ¿por qué arremeter lanza en ristre contra los molinos en defensa de la literatura? "Creo que siempre hay una pasión detrás de la literatura, que nace porque hay una voluntad de compartir", apunta Alvarado. Por su parte, García toma prestado un verso de Luis García Montero: "La poesía es inútil / sólo sirve para cortarle la cabeza a un rey o para seducir a una muchacha". "Los que estamos en este mundo somos conscientes de cuál es el panorama y sabemos que es algo romántico, pero hablamos de que hay una crisis en el mundo del libro cuando, realmente, esa crisis ha existido siempre, sólo va cambiando un poco de cara", señala el editor.

"Y siempre va a ser un sector minoritario", añade Fajardo, "con muy poco margen de beneficio y mucha gente haciendo cosas por amor al arte, pero tiene sentido que sea así, por ese lado romántico". Y Domínguez concluye que "los que amamos la literatura la vivimos como una necesidad. Al fin y al cabo, la literatura es un placer, que no tiene mayor utilidad que la necesidad de leer y de pensar a través de las palabras". Y volviendo a Alonso Quijano, al que citó Mendoza al recoger su Cervantes, "la gloria de haber emprendido esta hazaña no la podrá oscurecer malicia alguna".

Compartir el artículo

stats