Un grupo de estudiantes del último curso de la Escuela de Actores de Canarias en Gran Canaria preparan estos días en la Sala Insular de Teatro (SIT) el montaje Fausto, que, a las órdenes de Enzo Scala, representarán esta misma semana en el recinto de Primero de Mayo. Será de jueves a domingo a las 20.30 horas y con entrada gratuita.

Con esta iniciativa los alumnos y alumnas de la Escuela afrontan así la recta final de su formación poniendo en práctica cuanto han aprendido en los cuatro años anteriores. Para ello, y además del trabajo actoral, asumen diversas tareas (ayudantía de dirección, dramaturgia, escenografía, indumentaria, sonido, iluminación, promoción, gestión, publicidad…) con el asesoramiento del profesorado que integra los distintos departamentos del centro: Interpretación, Movimiento, Voz, Música y Canto, Espacio Escénico y Caracterización y Teoría Teatral.

En esta ocasión, el montaje elegido ha sido el Fausto, de Christopher Marlowe, enriquecido con aportaciones de Goethe, Mann, Pessoa y “todos aquellos que como nosotros han sido seducidos por Fausto, el prototipo del hombre moderno, con su afán de conocimiento más allá de las reglas dictadas por las convenciones y la moral”, explican desde la Escuela.

Por otra parte, la Sala Insular de Teatro despide la temporada los próximos 16 y 17 de junio con la representación de La habitación 42, cuyo texto obtuvo en 2014 una mención especial en el Festival Toledo Escena Abierta. Protagonizada por Víctor Boira y dirigida por Luifer Rodríguez (Sabotaje Producciones), la obra cuenta la historia de Enric Vallhonesta, un hombre que un día despierta, encerrado y junto a sus compañeros, en algún lugar de España.

“Aunque la Guerra Civil española terminó hace años, él continúa esperando, en la confianza de que vendrán a rescatarlos algún día. Solo quiere reencontrarse con su familia, con sus ilusiones, con su vida…”, explican desde Sabotaje Producciones, para quienes la función “podría ser representada en cualquier parte del mundo donde haya existido una guerra”. Con el subtítulo de Memoria olvidada, se trata de un monólogo intimista que habla de la memoria histórica, “una obra humana y hecha con el corazón” que, sobre todo, habla de personas, añaden.

La habitación 42 “no pretende hablar de política ni de culpables, ni de bandos ni ideologías, ni de ganadores ni perdedores, sino de personas”, porque en un conflicto “el verdadero y único perdedor es el propio ser humano”, opinan desde la compañía que, eso sí, recomienda el espectáculo para mayores de 12 años.