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No es una novela para ni sobre Boy Scouts

Nickolas Butler retrata en 'El corazón de los hombres' el devenir del último medio siglo de los Estados Unidos

A Nickolas Butler (Allentown, Pensilvania, 1979) la crítica y el éxito de ventas le encumbraron hace dos años como la "revelación de las letras estadounidenses" con su ópera prima, la laureada Canciones de amor a quemarropa, editada por Libros del Asteroide, la misma editorial que acaba de traer a España su segunda novela: El corazón de los hombres. Ahora la crítica vuelve a deshacerse en elogios hacia su prosa -pausada, rica en adjetivos, de descripción minuciosa, diálogos hiperrealistas - y habla de una historia mucho más oscura la que Butler retrata, aunque él prefiere decir que tan sólo ha escrito lo que toca en este momento y que dos años después de la era Obama (cuando escribió Canciones) no se siente tan entusiasmado en un país que ha elegido a Trump de sucesor.

Por eso quizás El corazón de los hombres elige a los Boy Scouts como hilo conductor de una novela sobre la amistad y su resistencia. ¿Qué país es Estados Unidos que ha llegado al punto de cuestionar hoy en día a una institución que en sus años de gloria pasaba por ser capaz de formar a los mejores ciudadanos? Hasta los Scouts han sido permeables a la corrupción, al deshonor y en los campamentos han cambiado los viejos mapas y brújulas por modernos IPhones con los que los chicos pasan entretenidos las horas metidos en sus tiendas en vez de compartir las noches alrededor del fuego observando las estrellas. "Educamos hombres de honor, que no se divorcien, que paguen sus impuestos, que no abandonen a sus amigos en el campo de batalla", dice el viejo monitor Wilbur a Jonathan y Nelson, los dos protagonistas de una novela que penetra en sus vidas en tres momentos claves: la infancia, en los años 60, cuando forjan su amistad; la edad adulta, en los 90, con sus trayectorias ya definidas; y la vejez, en la década actual. Y en las tres siempre aparecen los Scouts -Butler lo fue desde los 17 años y los dejó cuando logró la máxima distinción, la insignia del águila- como pilar en torno al que gravitan ambos protagonistas y los personajes que van apareciendo, todos fácilmente identificables con cualquier ciudadano del Medio Oeste americano. Al igual que la primera, esta segunda novela está ambientada en Wisconsin, donde se crió el escritor, quien vuelve a echar mano de un sinfín de detalles autobiográficos para montar la trama, como por ejemplo su citado paso por los Scouts, una organización que defiende a capa y espada pese a haber perdido fuelle y músculo en la sociedad americana de hoy en día, y cuestionársele sus principios conservadores y religiosos, además de sus métodos (hasta hace poco no aceptaba a mujeres y desde hace dos años, cuentan, accede a contar entre sus filas con niños y monitores homosexuales). "Prefiero pensar que sacan los mejor de los niños", ha dicho Butler.

Ojo, los Scouts están siempre ahí, pero no es una novela para los que lo hayan sido ni los que quieran serlo. No es una novela sobre los Boy Scouts, sino sobre los individuos que educan y sobre la amistad que contribuyen a forjar, ésta mucho más fuerte que la propia organización y capaz de sobrevivir a la distancia, a las traiciones, a la falta de valores, a los reveses de la vida? Y, en última instancia, es una novela sobre Estados Unidos y su último medio siglo de vida lleno de contradicciones, de errores, de rectificaciones, pero siempre mirando hacia delante. Porque al final de los errores se aprende. Hasta los Boys Scouts y quizás también los estadounidenses.

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