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AMALGAMA

Cultura veraniega

Cultura veraniega

Cultura veraniega

Si usted se fractura un pie ¿Acudiría para curarse el traumatismo a un velocista que haya ganado algún premio olímpico, o iría a un médico traumatólogo? Si nos dejamos llevar por los actuales gobernantes españoles, tenga por seguro que le dirían que vaya a preguntar al ganador olímpico. Deducimos esto cuando el presidente actual, romo intelectual de oculta tesis doctoral supuestamente escrita por él solo en una décima parte, da el cargo del ministerio de la Ciencia a un astronauta.

¿Cómo es que se produce esta confusión del culo con las témporas? Nada más empezar el nuevo gobierno, y haciendo gala de la chulería propia de un astronauta al que se le da el mando de un vehículo político-social ajeno a sus conocimientos y valores estratosféricos, comienza el ministro de la Ciencia propalando infundios, al alimón con otra falaz pseudo-científica como la ministro Montón, en contra la tarea de sanitarios que pretenden aliviar gran parte de la mortalidad provocada por la medicina alopática, con otros sistemas alternativos a los que, por oscuros intereses políticos y económicos, estos ministros ideológicos, se han propuesto declarar la guerra, en busca de los votos de cierta masa sin criterio. Se trata de la búsqueda desesperada de equilibrios políticos ad hoc, guiados a su vez por encuestas modificadas por el efecto Tezanos, una maniobra sociológica en el CIS, que, aunque no obedezca a la realidad, sí que depara, durante un tiempo estratégico, un efecto sobre la población que, a cambio de ocho puntos de una ventaja falsa, pero oficializada, tiene su consecuencia pro regnandi. Un conocido truco entre sociólogos parciales.

Maniobra sesgada

La maniobra efectuada en el CIS está sesgada, y tiene la intención de manipular con mala fe a la población votante, lo cual demuestra más interés en Maquiavelo y Hobbes que en la disciplina estadística, actitud, eso sí, que les honra como estrategas. No menos se espera de una ideología vieja, adscrita a la ingeniería social, excretadora de legislaciones para todo, incluido el si los ciudadanos pueden o no hacer running en la vía pública, como en las mejores autocracias socialistas, en las que todo lo que hace el individuo es permitido u ordenado desde el Apparatchik. Pero, en esta ocasión, no vamos a reparar en observaciones que producirían un efecto dominó sobre el montaje propagandístico de quienes han asaltado el gobierno gracias a la pusilanimidad del anterior ocupante, y tampoco vamos a comentar el truco estadístico del efecto Tezanos, ni vamos a comentar la nula preparación gestora y epistemológica del pseudo-método de los ministros de la Ciencia y la Sanidad, utilizando, para proteger a las farmacéuticas alopáticas, la exigencia de un pensamiento único y dirigido por ellos, ignorantes con mala fe.

Como estamos en tiempo veraniego, vamos a echar un repaso sobre el paradigma público de la tosquedad en el escaparate que muestra, cómo no, la vicepresidente de estos dos ejemplares de gestores sofistas.

No pudo el nuevo presidente elegir mejor ejemplar de la inopia que la vicepresidente Calvo. La última imbecilidad pronunciada por ésta, lo fue en el acto de incrustación en el Instituto Cervantes, del marido de la escritora izquierdista Almudena Grandes, en cuya alocución expresó la ministro: "Hay que proteger a don Alonso, pero también a Sancho, a Aldonza y a Dulcinea, porque no hay mejor cultura que la igualdad". Inmediatamente, la gente más leída, recordó que Aldonza Lorenzo es la misma que Dulcinea del Toboso, sólo que éste es el alias que Cervantes dio al verdadero y mismo personaje: Aldonza (qué podíamos esperar de esta carga pública, la vicepresidente Calvo, que dijo en el Espárrago Rock de 2004: "Un concierto de rock en español hace más por el castellano que el Instituto Cervantes", o que en otro momento expresó: "hay que depurar el castellano de estas palabras que atentan contra la integridad de nuestra lengua, ya se sabe, los anglicanismos", tomándola en esta ocasión con la Iglesia Anglicana, a falta de conocer lo que es un anglicismo). Fue ya en 2005, en su anterior ocupación como carga política, la fecha en la que se rememora aún la muestra de falta de cultura básica de la vicepresidente Calvo. El senador Juan Van-Halen Acedo interrogó a la entonces ministro de Cultura, acerca de la pérdida de audiencia en el cine, y expresó Van-Halen: "periodo negro, Calvo dixit", a lo que la entonces ministro Calvo, en la cartera de Cultura, ofendida por haber entendido que había sido insultada, al ser comparada con el dibujo animado Dixie (uno de los dos ratones, pues en la serie eran: Dixie y Pixie), contestó al senador que "Usted para mí nunca será Dixie ni Pixie; será Su Señoría". Este magnífico elemento gubernamental, representativo del nivel plastificado y de mera imagen, elegida por el actual presidente, la vicepresidente Calvo, trae más anécdotas en su mochila de servicio. Frases suyas son las siguientes: "yo he sido cocinera antes que fraila", "el Rocío es la explosión de la primavera en el Mediterráneo", o "deseo que la Unesco legisle para todos los planetas", todas las cuales vienen a entenderse, en román paladino, pero tuercen muy hacia abajo el garbo y la galanura esperada de quien desempeña cargos público (como bien recordamos los ministros de la primera parte de la democracia, de todos los colores políticos, de derecha, de izquierda y de centro, monárquicos o republicanos, eran siempre leídos, nunca surgían especímenes como los del actual gobierno).

Estafa

Es por eso que esta representante canónica de la política contemporánea, dijo sin rubor: "estamos manejando dinero público y el dinero público no es de nadie", frase de gran enjundia freudiana, que hay que poner a la misma altura que la de la abogado del Estado Dolores Ripoll Martínez de Bedoya, cuando dijo, en el tribunal del caso Nóos, que el lema "Hacienda somos todos" no debe ser creído al pie de la letra, puesto que fue creado para el mundo de la publicidad, "exclusivamente como forma de concienciación al país". No molesta tanto que nos estafen y nos lo digan a la cara, como que quienes nos lo digan sean, además, una caterva de ignorantes.

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