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Entrevista | Manolo Álvarez

"Vivo los cuadros porque pienso que estoy dentro de ellos al pintarlos"

"El puntillismo no es el clásico, lo utilizo tanto en el fondo de cuadro como en la historia que quiero contar", afirma el pintor

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Exposición del pintor Manuel Álvarez en el Club La Provincia

Si no el que más, es usted uno de los más veteranos artistas en activo salidos de la Escuela Luján Pérez. ¿Cómo ha vivido su centenario el pasado año?

Bastante bien. Trabajando siempre porque aparte de la pintura he pertenecido a un grupo folclórico durante 53 años. He pasado 47 bailando. De profesión en la pintura llevo 25 años haciendo exposiciones por la Península y Canarias. Quería elegir el Club LA PROVINCIA como sala para celebrarlos.

Se declara adicto a la técnica puntillista inventada por Seurat a finales del siglo XIX. ¿Sigue siendo una buena herramienta?

Para mí sí. Hago también espátula y empleo otras técnicas, aunque ahora mismo el puntillismo que he conseguido que no es el clásico porque lo utilizo tanto en el fondo del cuadro como en la historia que voy a contar y empleo un color sólo sin intercalarlo con otros, según lo que quiera mostrar. Un fondo lo puedo hacer blanco o azul, pero a puntillismo, no un barrido.

De entonces a hoy, la pintura ha pasado por las vanguardias más atormentadas. ¿Qué considera más importante para su arte de esa evolución tan llena de rupturas?

A mí las vanguardias me han gustado siempre, pero lo más importante es que un cuadro me diga algo. Puede ser de la técnica o del tiempo que sea. Me ha ocurrido con dos cuadros que me he tenido que sentar hasta media hora a contemplarlos porque consideraba que llevaban el alma del pintor. Se trataba de la obra de un holandés expuesta en el Museo Reina Sofía y de una canaria, Lola Massieu, en el Castillo de Lanzarote. Yo me pongo a pintar sobre las ocho de la mañana en el estudio de mi casa. Sobre las dos termino y no me puedo explicar cómo he pintado todo eso. La pintura me evade de gran manera, igual que me ocurrió todos los años que me dediqué a la danza.

Para esa pintura de puntos, no de pinceladas, ¿comienza por un boceto general del cuadro, o no lo necesita?

No necesito bocetos. Cuando veo algo que quiero pintar o se me ocurre una idea lo voy pensando y trabajando. Cuando me acuesto se me ocurren múltiples formas de hacer la obra o los colores que puedo elegir y lo voy perfilando. Si se me resiste lo aparto un tiempo y luego lo retomo sin problema.

El genérico de su colección, Sendas de azahar , ¿alude a una geografía concreta o es metafórico?

Es más bien metafórico. Empecé esta serie con troncos de árboles pelados que luego fueron evolucionando. Los primeros cuadros que hice después de estudiar en la Escuela Luján Pérez y con el belga Marc Wilkin se basaron en una colección dedicada a la platanera canaria. Con la colección de la presente exposición comencé en 2014. Ha durado cinco años. Es cuando me puse con la técnica puntillista.

La descripción de sus temas plásticos suena un tanto esteticista, sin mayor compromiso de lenguaje. ¿Es así?

Para mí tiene lenguaje. Expreso la felicidad, la tranquilidad. Me veo andando, paseando dentro del cuadro. Si pinto un campo, una flora o unos árboles me siento viviendo en ese entorno. Yo vivo los cuadros porque pienso que estoy dentro de ellos al pintarlos. Muchas veces al contemplar una obra te sientes relajado. Yo, con mis lienzos me siento pletóricamente realizado y satisfecho de mi trabajo. Tengo la suerte de que cada vez que he expuesto me he encontrado aceptado y de que ha gustado. Cuando mostré estas pinturas el año pasado en Huesca un matrimonio creyó que eran de un hombre joven y vitalista. No pudieron creer que yo con 82 años pudiera emplear tanto colorido e irradiar tanta felicidad.

¿Nace su pintura de la contemplación de parajes naturales, o es producto de la memoria?

De ambas cosas. A lo mejor veo una foto de un paisaje y me creo una idea, pero luego al pintar sale de otra manera, mejor de lo que pensaba. Los propios colores te van diciendo dónde va cada uno. Las obras surgen en función de la sensibilidad del artista. Los hay que ven el arte y la belleza en cualquier cosa. Yo tengo una obra de un cementerio de coches, por ejemplo, que tuvo mucho éxito.

Temas como "los árboles maltrechos por la nieve" o "los jardines japoneses", ¿son determinantes en este mundo violento y complejo que nos toca vivir?

Creo que la belleza nunca muere. Lo que tiene arte te lo va indicando. Por ejemplo, el otro día estuve viendo a un pintor americano que recogía desechos en la basura con los que montaba una maravilla de cuadros que se disputaban los coleccionistas.

Si tuviera que dar un consejo importante a los jóvenes que hoy se forman en la Luján, ¿qué les diría?

Yo estuve en la Luján Pérez sólo tres años porque vi que no avanzaba. Hoy no sé quién trabaja allí. Yo recomiendo que si un alumno ve que se estanca y que no le ayudan a aprender y a corregir sus errores que se marche como hice yo. Lo que yo he aprendido se lo debo al pintor belga Marc Wilkin que cuando vio unos cuadros míos sobre los volcanes de Lanzarote supo apreciarlos. Me ofreció darme clases aunque nunca lo había hecho antes porque observó algo especial en mí. Hicimos una colección a cuatro manos donde él pintaba por la derecha y yo por la izquierda el mismo cuadro y viceversa al día siguiente. Vendimos muchas obras, pero me quedan otras tantas que quiero exponer cuando me retire con 85 años en un homenaje que le realice al artista belga. Ahora voy a viajar a Castilla La Mancha para realizar un homenaje a la tauromaquia, al torero haciendo sus pases con el capote. El año que viene, probablemente, haré otra exhibición con dos amigos más sobre pintura, escultura y fotografía, que se llamará Los tres amigos porque todos somos Manuel y por ello vamos a excluir nuestros nombres del título.

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