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La impronta de Genovés en la Isla

El artista valenciano fallecido el pasado 15 de mayo impartió el V Taller de Arte Actual en Gran Canaria en 1986

El célebre pintor Juan Genovés (Valencia, 1930 - Madrid, 2020) declaró una vez que el motor de su vida había sido el miedo o, más bien, "una actitud frente al miedo"; en concreto, "a un régimen absurdo y ridículo donde los pintores, enfrente, nos jugábamos todo". "Esa resistencia política tenía un componente estético de libertad. (?) Una persona que pinta como pintaba él en los años 60 no está viviendo una dictadura y esperando que llegue la libertad: está ejerciendo la libertad", apuntaba Antonio Muñoz Molina en el documental Imprescindibles, que rescató La2 estos días con motivo del fallecimiento de este referente internacional del arte comprometido con la lucha por la dignidad humana en la noche negra del franquismo.

Pintor de las multitudes frente al "individuo solo", y defensor de la fraternidad y la amnistía que cristalizó en El abrazo (1976), su obra más emblemática, Genovés abandonó este mundo el pasado 15 de mayo, a sus casi 90 años, en el marco de una pandemia que nos ha arrebatado el contacto con el otro y el espíritu reconciliador que entraña y extraña su obra.

A su muerte sobrevive un legado mayúsculo de obras exhibidas en todo el mundo, desde Japón a México DF, pasando por el Museum of Modern Art (MOMA) de Nueva York; el Staatlische Museum, de Berlín, o la South African National Gallery, de Ciudad del Cabo. Y dentro de esta relación, su impronta respira también en las grietas de un gran mural en Gran Canaria, radicado en el Valle de Jinámar, erosionado por el paso del tiempo y la desidia institucional.

Gran Canaria

"Y cada obra tiene su relato", tal como manifestó el propio pintor valenciano, y la intrahistoria de este mural se remonta al mes de marzo de 1986, en un contexto histórico marcado por los conflictos sociopolíticos, pero también por las ansias de libertad creativa que alumbraron los años de la transición española.

Cuando Genovés aterrizó en Gran Canaria lo hizo ya como artista consagrado en el mapa artístico internacional, fichado por la prestigiosa galería londinense Marlborough en 1964 -fue el primer artista español dentro de esta nómina- fruto de un éxito rutilante en la Bienal de Venecia, y que contaba con cuadros repartidos por todo el mundo.

Su cometido en la isla era impartir el quinto de los Talleres de Arte Actual impulsados por el Cabildo de Gran Canaria en la Casa de San Antonio Abad, en el casco de Vegueta, donde también desfilaron grandes artistas como Rafael Canogar, Luis Gordillo, Lucio Muñoz o Arcadio Blasco. El programa se auspició con el afán de favorecer el contacto directo entre los artistas canarios emergentes con creadores españoles contemporáneos de renombre. En concreto, el V Taller de Arte Actual dirigido por Genovés contó con la participación de 16 alumnos: Paqui Martín, Sira Ascanio, Daniela Navarro, Rosa Arbona, Juan Francisco Ortega, Andrea Homann, Guillermo Lorenzo, Manuela Oliveira, Javier Redondo, José Antonio Pérez, Toño Cuesta, Pilar Rodiles, Marta Mariño, María del Carmen Perera, Jerónimo Maldonado y el crítico de arte Javier Cabrera, este último en calidad de monitor.

La culminación práctica de este taller consistió en la realización de un mural colectivo en homenaje a la memoria de Olof Palme, primer ministro sueco asesinado apenas unos días antes y amigo personal de Genovés, con quien residió unas semanas en su casa en Estocolmo.

Este homenaje artístico a su lucha pacifista se pergeñó durante varios días en la tapia de un solar de 50 metros cuadrados por construir en la Avenida de Mesa y López, bajo las directrices del artista y la expectación de ciudadanos y turistas suecos afincados en la Isla. Pero a la mañana siguiente a su consumación, el mural había desaparecido. "Recuerdo pasar por ahí con Marta Mariño y descubrir con estupor que los operarios de limpieza municipales lo habían borrado", rememora la artista Pilar Rodiles, una de sus participantes.

Entonces, se desató la polémica: tanto Genovés como los alumnos del taller denunciaron al Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria por esta "negligencia imperdonable", en palabras del pintor, quien se manifestó "indignado" ante esta "barbaridad" y "golpe moral para los artistas canarios". Pero este atentado cultural coincidía con el contexto de la campaña nacional contra la OTAN y la respuesta de las autoridades municipales, pertenecientes al PSOE, con Juan Rodríguez Doreste como alcalde, atribuyó el suceso a la "mala suerte", puesto que los operarios de la brigada de limpieza cumplían una orden municipal de eliminar todas las pintadas vinculadas al referéndum "y no supieron distinguir la obra de arte".

La destrucción de este testimonio artístico único en la capital grancanaria obtuvo una importante resonancia nacional pero, sobre todo, avivó la atmósfera de crispación entre los distintos vértices políticos de la administración local. "El mural de Genovés y los artistas canarios es ahora el muro de las lamentaciones", recogió entonces un artículo de LA PROVINCIA. "Se lanzan cohetes de pirotecnia verbal con el ataque-defensa de lo que no debió ocurrir".

Pese a las disculpas esgrimidas por Rodríguez Doreste y el entonces concejal de Limpieza, José Francisco Henríquez -tardías e insuficientes, a juicio del pintor-, Genovés se negó a repetir el mural capitalino pero, como compensación, solicitó que se habilitaran paredes para los artistas de los Talleres de Arte Actual para el embellecimiento artístico de la ciudad, una de las cuales se sitúa en la calle San Bernardo, también desdibujada hoy por el pacto del tiempo y el olvido.

Jinámar

Sin embargo, Genovés sí aceptó el encargo de realizar "un mural por la paz" con los mismos alumnos del quinto taller en la pared que sostiene la cancha deportiva del Colegio Público Rafael Alberti, en el Valle de Jinámar, a propuesta de una comisión de vecinos y familiares de alumnos del centro que quiso aprovechar la estancia de Genovés en la Isla.

Sus dimensiones -casi 90 metros de largo y cinco de alto- lo erigían entonces en el mural más grande de Canarias y congregó al barrio alrededor de este acontecimiento creativo que implicó a numerosos vecinos en su desarrollo a lo largo de dos semanas, donde los 16 artistas, guiados por Genovés al megáfono, "nos teníamos que subir a escaleras porque no llegábamos", recuerda Pilar Rodiles.

El conjunto del mural, que la vista no abarca de una sola vez, dibujaba una eclosión colorista de "grupos dinámicos y masas compactas de seres que convergen hacia un centro" y "cuya historia no es otra que la de un barrio que batalla por algo más que simplemente sobrevivir". Así fue descrito en una vistosa puesta de largo oficial bajo los potentes focos el 27 de marzo de 1986 ante una nutrida afluencia de representantes del Cabildo de Gran Canaria, el Ayuntamiento de Telde y de los círculo artísticos de Canarias, entre los que no faltaron los artistas del V Taller de Arte Actual, que, subidos a una escalera, fijaron sus 16 nombres en la pared de este triunfo del arte colectivo y social o, en lenguaje genovés, del arte como abrazo. "El arte, la poesía, bien entendidos, traen eso", declaró durante la inauguración el poeta Pedro Lezcano, entonces consejero del Cabildo.

Pese al compromiso de los vecinos y vecinas del municipio con respecto al cuidado del gran mural, su exposición a las incidencias del tiempo y el clima, unida a la falta de atención y voluntad de restauración, ha deteriorado de forma manifiesta el conjunto y difuminado las siluetas y colores de sus personajes.

"La última vez que estuve con Juan Genovés en la Feria Estampa en Madrid, me preguntó expresamente cómo estaba el mural de Jinámar", revela Rodiles. "Y me dijo: por favor, cuiden de ese mural, porque sería una pena que se perdiera". A juicio de la artista, "sería interesante proponer a las instituciones competentes que aquellos artistas que participaron en el taller pudieran restaurarlo y acondicionarlo si quisieran, porque sería un homenaje maravilloso a la memoria de Juan Genovés, ahora que ya no está, antes de que se pierda del todo".

Curiosamente, la obra cumbre del artista, El abrazo, símbolo de la Transición por su llamada a la fraternidad, permaneció más de 30 años confinada en los sótanos del Museo Reina Sofía, donde hoy ostenta por fin un lugar privilegiado. "Yo pinté esta obra pero no me pertenece a mí, sino a todos los españoles", repetía Genovés, y si se trazara un paralelismo con respecto a este mural confinado en el olvido durante más de 30 años, la isla recuperaría un abrazo que también le pertenece.

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