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Humor | Entrevista

"Yo me echo unas risas sin faltar el respeto a nadie"

"Todos somos capaces de activar esa idea chorra que tenemos en la cabeza", expone Darío López, impulsor de la marca Palante Producciones

Darío López.

Darío López. CARSTEN W. LAURITSEN

No sé si ha sufrido el síndrome de la cabaña, de la cueva o de la caverna...

Eso, mejor, lo dejamos para los guanches que vivían en cuevas...

¿Los guanches o los trogloditas?

Trogloditas han aparecido más de uno durante el confinamiento. Los guanches, salvo cuando sacaban las cabras o salían a un recado, eran más de estar en el chozo.

¿Se llegó a aburrir en el chozo?

En casa hay niños y los que conocen esta experiencia saben que los chiquillos no dejan que te aburras; siempre reclaman otra actividad y, sobre todo, creatividad. Fue un periodo en el que no dejé de lado mi capacidad para inventar historias, algunas de las cuales compartí en las redes sociales.

Hay gente que apunta que si Darío te mira fijo, cógele miedo.

Pues me gustaría saber quién es 'pa' aprovecharlo... Igual si le meto miedo a alguien saco algo positivo, pero no creo. Algún respetito sí puede que levante; soy un chico con fundamento.

¿Cómo fluye el genio que usted transmite en sus montajes, diseños para el carnaval, monólogos...?

Todos tenemos un ratito de inspiración para inventar algo. Habrá alguno que se escape porque Dios no le llamó por este camino, pero la posibilidad de que se te ocurra un disparate siempre está activa. Una de las cosas que nos ha ido bien en Palante Producciones es que sin ser especialistas en nada nos hemos atrevido a dar un paso más a partir de esa idea chorra que todos tenemos en la cabeza. Yo no creo que el secreto esté en un pensamiento brillante, sino en saber desarrollarlo. Eso no significa que no sea costoso llevarlo a la practica. A cualquiera se le puede ocurrir disfrazarse de peluquería, pero lo laborioso llega cuando hay que ejecutar el traje.

Hablando de disfraces, ¿se imagina un Carnaval confinado?

Uff... Cada uno vive el carnaval a su manera y el mío necesita ese contacto con el público. ¿Si me lo imagino desde una perspectiva similar a las medidas que se están poniendo en práctica en los espectáculos? Yo lo vivo a pie de calle y para despejar cualquier duda, mis trajes suelen cumplir el protocolo de distancia social... Tiramos de cinta métrica y nos encontramos al menos un metro y medio de separación (sonríe).

¿Unas fiestas de invierno con o sin calima?

Este año se nos fue un poco la mano con la calima... A mí no me cuadró salir ese fin de semana, pero la gente se lanzó a la calle porque hubo actos. Igual nos toca un carnaval más tranquilito. ¿no?

¿Ha dejado de hacer una parodia por vergüenza?

Por vergüenza no, por respeto sí. El humor de Palante es sano y nunca busca ofender a nadie. Yo me echo unas risas sin faltar el respeto a nadie... Hacer reír a los demás a costa de que alguien lo pase mal no me parece la fórmula más adecuada. Desde el principio me he movido en un plano en el que hay pocas cosas, o ninguna, de las que me pueda arrepentir. ¡No somos muy sinvergüenzas!

El último en apuntarse a la teoría del aplatanamiento ha sido Fernando Vázquez, entrenador del Deportivo, ¿pero no cansa un poco escuchar siempre el mismo discurso?

Los clichés no suelen ser buenos. Al revés, acaban creando una especie de estigma hasta convertir una mentira en una falsa verdad. Ese recurso, a veces, funciona en el mundo de la interpretación pero hay que saber utilizarlo para no ofender a nadie... Un mensaje tan manido aporta poco a estas alturas de la película.

¿Alguna vez se sintió arrollado por el personaje que ha creado en las redes sociales?

Soy consciente del grado de cercanía que se genera a partir del visionado de uno de mis sketches y, por lo tanto, trato de responder con la misma química. Un vacilón nos gusta a todos y en este caso el personaje tampoco se encuentra a una gran distancia de la persona... Eso, sin duda, facilita las cosas.

¿Sufre más a pie de obra -es arquitecto técnico- o a pie de escenario?

Son dos facetas muy diferentes, pero compatibles. Yo disfruto haciendo ambas cosas. Una es el sustento de mi vida y la otra me aporta diversión y, en ocasiones, apuntala la economía doméstica. Ganar dinero haciendo lo que te gusta es un privilegio en los tiempos que corren.

¿Ha puesto fecha de "finalización de obra" o de caducidad a su faceta como cómico, humorista, monologuista...?

La parte más artística de mi vida la hago por gusto, es decir, que no es mi principal fuente de ingresos. Mis necesidades están cubiertas y no tengo la presión de los que deben ganarse los garbanzos en un escenario. ¿Cuánto me queda? Eso es difícil de predecir. Supongo que algún día de aburriré.

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