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Danza sin edad y sin fronteras

Carlota Mantecón presenta el resultado de su residencia artística en el Espacio La Granja

Danza sin edad y sin fronteras

Danza sin edad y sin fronteras

Mari Lina Sánchez demuestra estos días que la danza no tiene edad. Con más de 65 años ha vuelto a subirse al escenario para poner en escena la última creación de la coreógrafa y bailarina tinerfeña Carlota Mantecón, quien ha preparado Dance, no goal. Sánchez es tan solo una de las seis participantes de este proyecto, pero no es la primera vez que colabora con la artista isleña, por lo que el trabajo ha fluído sobre las tablas, con una comprensión que traspasa, además, fronteras.

La artista tinerfeña Carlota Mantecón, en colaboración con Luz Prado Codina y Tamara Ascanio, presentó el resultado de su última residencia en el marco del Festival de las Artes del Movimiento (FAM), que llegó el pasado viernes al Espacio La Granja de Santa Cruz de Tenerife a modo de arranque de esta cita con la danza que se prolongará hasta el próximo mes de diciembre. Se trata de una producción muy especial, que no dejó a nadie indiferente y que además se estrenó de manera simultánea en el Plesni Teater Ljubljana de Eslovenia, que también participa en este proyecto.

Esta es tan solo una de las residencias artísticas que tendrán lugar a lo largo de los próximos meses en el Auditorio de Tenerife. Tras Carlota Mantecón le llegará el turno a artistas como Paloma Hurtado, Paula Quintana, Élida Dorta, Rebeca Píriz, Nika XxX, Daniel Abreu y otros artistas invitados por Numa Circuit 2020. Y es que la institución cultural ha decidido otorgarle una especial importancia a estas residencias, tan necesarias para investigar antes de producir un espectáculo.

En el caso de Dance, no goal, la productora creativa de este espectáculo, Katja Somrak, y la coreógrafa y bailarina Carlota Mantecón se conocieron en el año 2018 mientras la canaria realizaba Principiantes, una práctica escénica realizada con mujeres mayores de 65 años. La eslovena invitó a Mantecón a realizar esta producción escénica que finalmente se ha llevado a cabo a través de la colaboración de España y Eslovenia.

En Dance, no goal participan seis bailarines, tres eslovenos y tres tinerfeños, que dialogan sobre el escenario en esta pieza de manera individualizada. Aunque esta no era la idea original de las creadoras.

Y es que este proyecto se ha visto tremendamente afectado por la crisis sanitaria ocasionada por la pandemida de coronavirus. "Dada la realidad que nos ha tocado vivir, hemos tenido que utilizar nuevas herramientas", reconocía la semana pasada Carlota Mantecón durante uno de los últimos ensayos en el Espacio La Granja. "Este proceso ha estado totalmente atravesado por el Covid-19 y eso ha derivado en que el lenguaje con el que trabajamos será más individual", explica la artista, quien añade que "nuestra idea era trabajar durante un periodo más largo, de unos dos meses, con los seis bailarines al mismo tiempo, para que pudieran estar juntos y compartieran espacio escénico, pero dadas las circunstancias hemos readaptado el concepto de la pieza y hemos diseñado un dispositivo para que todos ellos estén juntos pero de una manera diferente".

De este modo, el estreno de esta pieza se realizó de manera simultánea en Santa Cruz de Tenerife y en la capital eslovena gracias al empleo de dispositivos de vídeo, que se han convertido en una parte más del lenguaje de la pieza, en la que este se combina con el cuerpo presente. Mantecón recuerda que "no hemos podido trabajar en un escenario o en un estudio todos juntos pero nos hemos arriesgado con el streaming".

La idea inicial de este proyecto era investigar durante un tiempo en Eslovenia con los seis bailarines y a continuación viajar a la isla de Tenerife para continuar en el Auditorio y finalizar la residencia en el Espacio La Granja, donde se estrenó la pieza. "Finalmente no pudimos viajar por lo que trabajamos durante cinco semanas en el Auditorio y estos últimos días nos hemos trasladado a La Granja", recuerda Mantecón.

Las dificultades no solo llegaron de la mano de la prohibición de viajar sino que además los seis bailarines de esta pieza pertenecen a un grupo de alto riesgo frente al coronavirus puesto queson personas mayores. Pero, a pesar de las dificultades, estos bailarines han demostrado que las ganas de recuperar la cultura están por encima de los contratiempos. "Ha sido un trabajo muy gratificante", concluye Carlota Mantecón.

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